Según los resultados parciales publicados hasta este martes por la comisión electoral, dirigida por personas afines a los golpistas, el oficialista Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (USDP) obtuvo 88 escaños en la Cámara baja en los comicios de diciembre, celebrados en 102 de los 330 municipios del país asiático.
Normalmente, esta cámara cuenta con 330 escaños, pero debido a que no se celebrarán elecciones en 56 municipios —cuyos territorios no son controlados por la junta en medio del conflicto armado—, solo 265 legisladores serán elegidos, buena parte de ellos en la segunda y tercera ronda de comicios previstas para el 11 y el 25 de enero.
Los militares también se han asegurado hasta ahora 10 asientos en la Cámara alta, que estará integrada por 157 miembros, pero cuentan con otros 56 garantizados debido a un privilegio constitucional que otorga el 25 % de cada cámara al Ejército.
Así, la junta también tiene asegurados otros 110 escaños en la Cámara baja.
En total, los golpistas acumulan hasta ahora 264 miembros en el nuevo Parlamento, que estará integrado por 588 legisladores. Con este panorama, al USDP le faltan 31 diputados o senadores para alcanzar el mínimo de 295 (la mitad más uno del cuerpo bicameral) necesario para elegir al nuevo presidente de Birmania.
Otros partidos pequeños, integrados o liderados por personas cercanas al Ejército, han ganado cerca de una decena de escaños, según los resultados parciales que la junta ha ido publicando de forma gradual en la última semana.
Al menos tres legisladores electos están sancionados por Estados Unidos y la Unión Europea debido a su papel en la junta militar, acusada de numerosos ataques contra la población civil desde la asonada, que puso fin a un gobierno democrático liderado por la premio nobel de la paz Aung San Suu Kyi, quien permanece presa desde entonces.
Las votaciones, señaladas como fraudulentas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), son las primeras desde el golpe que sumió al país en una profunda crisis humanitaria, y con ellas la junta, liderada por el general Min Aung Hlaing, busca legitimarse, al menos por ahora, con el apoyo de Rusia y China.