RESUMEN
En la ciudad latinoamericana del siglo XXI, el hospital no duerme. Recibe, absorbe y revienta. Porque no solo cura: contiene. Contiene el miedo, la rabia, el hambre, el abandono. Y el gerente que lo dirige, ¿Qué formación tiene para esa complejidad?
Como advirtió Eduardo Galeano, “la ciudad tiene oídos sordos y labios pintados, pero no escucha ni besa”. No basta que las urbes se vistan de modernidad si siguen siendo espacios de desigualdad, exclusión y violencia simbólica. Esa ciudad estetizada pero enferma es la que entrega sus víctimas a los hospitales públicos.
Edgar Morin, convocado por la UNESCO para delinear los saberes fundamentales del siglo XXI, no ofrece una receta técnica, sino un desafío epistemológico: reconocer la incertidumbre, la ambigüedad, la interdependencia de los procesos que configuran la vida humana. En salud, esto se traduce en comprender que gerenciar no es solo administrar normas y recursos, sino leer el territorio, la historia y los cuerpos vivos.
Los siete saberes de Morin, desde la crítica a las cegueras del conocimiento hasta la ética del género humano, son una brújula para repensar la gestión en salud. No basta con medir indicadores si no se cuestiona la racionalidad que los produce. No basta con segmentar procesos si se ignora el carácter multidimensional del sufrimiento humano. Gerenciar salud es, ante todo, sostener la vida en un contexto de alta fragilidad social.
En este marco, resulta indispensable reconocer los procesos destructivos que deterioran la salud en nuestras ciudades. Cuatro fenómenos destacan:
1. Violencia estructural: homicidios, represión, exclusión territorial.
2. Subjetividad del miedo: encierro, fragmentación comunitaria, ansiedad crónica.
3. Colapso ecológico urbano: contaminación, desechos, inseguridad alimentaria.
4. Inseguridad social: informalidad laboral, migración forzada, desplazamientos por gentrificación.
Desde esta perspectiva, el perfil epidemiológico de las ciudades latinoamericanas y caribeñas se ha visto trastocado. Aumentan las consultas por traumas relacionados con violencia interpersonal, trastornos de salud mental asociados al miedo y la ansiedad crónica, enfermedades infecciosas ligadas a la insalubridad y la contaminación, y complicaciones derivadas de la precariedad alimentaria. Estas demandas presionan a una red de hospitales públicos muchas veces sin insumos, sin personal suficiente y con una lógica de atención fragmentada. El gerente, entonces, no gestiona solo camas: gestiona consecuencias de procesos sociales devastadores que se instalan más allá de los muros del hospital.
Frente a esta realidad, formar gerentes en salud no puede limitarse a competencias administrativas. Se necesita pensamiento complejo, ética situada y sensibilidad social. Morin nos recuerda que sin comprensión, sin reconocimiento del otro, sin pensamiento contextual, ninguna reforma será duradera. Gerenciar salud en América Latina hoy implica comprometerse con la vida, no solo con el sistema.
La ciudad está enferma, pero no de virus. Está herida por la violencia, la exclusión, el olvido. Gerenciar salud en este contexto exige más que competencias técnicas: exige visión, sensibilidad y complejidad.
El autor es miembro del Núcleo República Dominicana – GT Salud Internacional CLACSO, profesor universitario y exdirector de hospitales.
Por Roberto Lafontaine
