RESUMEN
El futuro de la geopolítica estará determinado por fuerzas tecnológicas que transforman de manera acelerada las estructuras tradicionales del poder internacional. La competencia entre Estados ya no depende únicamente de la fuerza militar, la economía o el territorio, sino también del dominio de la información, los datos, los algoritmos y las tecnologías disruptivas. La inteligencia artificial, el ciberespacio y la automatización están configurando un escenario donde el poder se desplaza hacia quienes controlan el conocimiento y las capacidades digitales.
El ciberespacio se ha convertido en el nuevo campo de batalla geopolítico. Estados, corporaciones y actores no estatales libran disputas silenciosas mediante ataques informáticos, robo de datos, sabotaje a infraestructuras críticas y operaciones de desinformación. La capacidad para proteger sistemas energéticos, financieros, militares y de comunicación es hoy un componente esencial de la seguridad nacional. Un país vulnerable digitalmente es un país vulnerable en todos los sentidos.
La inteligencia artificial es otro eje central de la competencia global. Las grandes potencias desarrollan sistemas de IA militar, algoritmos de vigilancia, armas autónomas y herramientas de análisis masivo que pueden alterar la balanza estratégica. El país que logre avances más amplios en IA dominará industrias, mercados y capacidades de defensa, estableciendo nuevas jerarquías de poder. La tecnología se convierte así en un multiplicador de fuerza geopolítica.
La guerra híbrida es una manifestación clara de esta nueva era. Combina ciberataques, manipulación mediática, presión económica, operaciones encubiertas y uso limitado de la fuerza convencional para desestabilizar adversarios sin desencadenar conflictos tradicionales. Rusia, China, Irán y diversos actores no estatales utilizan estas tácticas para expandir su influencia en un mundo donde la distinción entre guerra y paz se vuelve cada vez más difusa.
El control de los datos será una de las principales fuentes de poder. La información no solo permite predecir comportamientos, sino también influir en procesos electorales, mercados financieros y dinámicas sociales. La geopolítica de los datos involucra disputas sobre privacidad, regulación tecnológica, monopolios digitales y soberanía informacional. Quien controle el flujo global de datos tendrá una ventaja estratégica decisiva.
Las cadenas de suministro tecnológicas se han convertido en un frente de competencia global. La dependencia de semiconductores, telecomunicaciones, minerales estratégicos y plataformas digitales ha generado vulnerabilidades que las potencias buscan corregir mediante relocalización, alianzas tecnológicas y controles de exportación. La rivalidad entre Estados Unidos y China es un ejemplo claro de cómo la tecnología define la política global.
El cambio climático será otro factor determinante en la geopolítica del futuro. El aumento del nivel del mar, los desastres naturales y la crisis alimentaria generarán tensiones sobre recursos, movilidad humana y seguridad internacional. Países con alta vulnerabilidad climática enfrentarán riesgos existenciales que modificarán patrones de desarrollo, políticas públicas y alianzas internacionales.
Para América Latina y el Caribe, estas transformaciones representan desafíos pero también oportunidades. La región debe invertir en ciberseguridad, infraestructura digital, educación tecnológica e innovación para no quedar rezagada en la nueva economía del conocimiento. La dependencia tecnológica de actores externos podría reducir su autonomía estratégica si no se implementan políticas de soberanía digital.
Para República Dominicana, la geopolítica del futuro exige una visión estratégica moderna. El fortalecimiento de la ciberseguridad, la adopción de tecnologías emergentes, la diversificación de socios tecnológicos y la capacitación de capital humano serán esenciales para proteger los intereses nacionales. Integrarse a la economía digital global con inteligencia y planificación permitirá al país posicionarse favorablemente en un escenario internacional dominado por la tecnología y la información.
Por José Manuel Jerez
