RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El pasado viernes se enfrentaron, en el penúltimo partido del Round Robin de la LIDOM, las Águilas Cibaeñas, ubicadas en el tercer lugar, y los Toros del Este, en la segunda posición de la tabla. El encuentro concluyó con una victoria de las Águilas, seis carreras por dos, resultado que produjo un empate técnico entre ambos equipos en la lucha por avanzar a la final.
Mientras tanto, los Leones del Escogido se mantienen como líderes del Round Robin, a la espera de definir cuál de estos dos equipos será su rival en la serie final del torneo.
Sin embargo, durante el desarrollo del referido partido, aproximadamente entre la séptima y octava entrada, y cuando las Águilas mantenían una ventaja considerable, los Toros del Este interpusieron una protesta formal, alegando que el equipo cibaeño había violado el reglamento de LIDOM al inscribir nueve jugadores extranjeros, cuando el límite permitido es de ocho en el roster activo.
El presidente de la liga asumió el conocimiento del reclamo y otorgó un plazo al equipo de las Águilas para presentar sus argumentos. Horas más tarde, se emitió la decisión final: anular el partido celebrado en La Romana y ordenar su repetición, fijándolo para el lunes 19 de enero.
Dicha resolución generó un amplio malestar en la fanaticada y en diversos sectores del béisbol dominicano, debido a su carácter drástico, sorpresivo y desproporcionado. En los hechos, esta decisión le arrebata una victoria legítimamente obtenida en el terreno de juego al equipo aguilucho y coloca a los Toros del Este con ventaja en la tabla de posiciones.
Como consecuencia directa, las Águilas se ven obligadas a ganar el partido reprogramado para poder igualar nuevamente a los Toros y forzar un eventual juego de desempate, lo que implicaría tener que ganar dos partidos consecutivos en un escenario altamente complejo, y que los aguiluchos no están de acuerdo un realizar.
No obstante, desde el punto de vista técnico y competitivo, el equipo cibaeño ha sostenido que el partido a celebrarse debe entenderse como definitorio para avanzar a la final, dejando entrever que no acatarán la decisión de anulación dictada por LIDOM y que únicamente disputarán dicho encuentro.
Es importante aclarar que, ciertamente, las Águilas incurrieron en una falta reglamentaria al incluir un jugador extranjero adicional. Sin embargo, también es un hecho que el equipo técnico de LIDOM aprobó previamente el roster, el cual fue enviado y validado horas antes del inicio del partido. Este consentimiento por parte de la liga genera derechos y expectativas legítimas para el equipo que presentó su alineación conforme a dicha aprobación, lo que evidencia una responsabilidad compartida.
Asimismo, los Toros del Este contaron con tiempo suficiente antes del inicio del encuentro para formular su reclamo, lo cual habría permitido corregir la situación sin mayores consecuencias. El hecho de que la protesta se presentara con el juego ya avanzado plantea serias dudas sobre su oportunidad procesal, que a mi entender ya se encontraba caducada. En este contexto, resulta evidente que existen faltas concurrentes entre las partes involucradas, hechos que debieron ser ponderados de manera significativa por la liga al momento de fallar.
Debe añadirse, además, que de los nueve jugadores extranjeros inscritos por las Águilas, solo seis tuvieron participación activa en el partido, lo que pone en entredicho que dicha irregularidad haya generado una ventaja competitiva real, elemento esencial que justifica una protesta de esta naturaleza y, más aún, la anulación del partido. Al no configurarse una ventaja efectiva derivada de la supuesta infracción, no puede establecerse con claridad cuál fue el daño, desventaja o perjuicio sufrido por los Toros del Este.
Este caso sienta un precedente delicado para el béisbol dominicano: un partido ganado con esfuerzo, disciplina y trabajo en equipo fue borrado desde una oficina administrativa, sin que el desenlace se decidiera en el terreno de juego, lo que resulta ilógico e irrazonable.
Más aún, todas las estadísticas y actuaciones individuales de los jugadores fueron eliminadas, no por una acción deportiva, sino mediante una resolución administrativa, lo que resulta profundamente cuestionable desde la óptica del espectáculo y de la justicia deportiva.
A esto se suma una situación que genera serias preocupaciones institucionales del hecho de que el presidente de LIDOM tenga un vínculo familiar directo con la gerencia de los Toros del Este, lo que debió motivar su inhibición en el conocimiento de este caso por un evidente conflicto de interés, a fin de preservar la imparcialidad y credibilidad de la liga y de las decisiones adoptadas al conocer la protesta del equipo romanense.
La imagen de la LIDOM se encuentra hoy seriamente comprometida por este veredicto. De persistir sus efectos, no se descarta que la parte afectada recurra a instancias jurisdiccionales para reclamar sus derechos. De hecho, mediante comunicado oficial, las Águilas han señalado que consideran el partido a celebrarse como un desempate, pese a que la tabla de posiciones publicada por la liga no refleja dicha igualdad, creando un escenario jurídico-deportivo sumamente complejo.
Si las Águilas ganan el partido y deciden no disputar un segundo encuentro, podría abrirse un conflicto sin precedentes, en el que la definición del finalista no se produciría en un estadio de béisbol, sino en los tribunales de la República.
Situaciones similares han ocurrido en otros escenarios deportivos. En la MLB, por ejemplo, los Astros de Houston, campeones de la Serie Mundial 2017, fueron sancionados por el robo de señas, pero nunca se les retiró el título obtenido. De igual forma, los jugadores sancionados por uso de sustancias prohibidas reciben suspensiones, pero no se borran los resultados producidos en el terreno. Esto evidencia que las sanciones deben guardar proporcionalidad con la falta cometida, criterio que, a todas luces, no fue aplicado por LIDOM en este caso.
Esperamos que este torneo concluya de manera ecuánime, profesional y transparente, preservando la esencia del béisbol, que es que los juegos se ganen y se pierdan en el terreno, por jonrones, hits, dobles, triples, ponches, toques, elevados y rodados, no desde una oficina administrativa.
