RESUMEN
A Don Federico Henríquez y Carvajal
in memoriam
Preámbulo
Las frases que a continuación leerán, amables lectores, han sido extraídas de dos de mis libros publicados: La mentira es una telaraña: reflexiones y pensamientos, aparecido en 2012; y El placer de lo breve: reflexiones y aforismos, editado en el 2020, pero que aún está pendiente su puesta en circulación formal, debido a la pandemia que azotó al mundo recientemente (2020-2022). El primero de esos dos libros está prologado por Alejandro Arvelo, filósofo y académico:
«Un doblón de su espíritu ignorábamos hasta ahora: el del librepensador preocupado por los grandes temas del hombre occidental. Esta es la primera obra de pensamiento propiamente dicho que entrega al público. No obstante, La mentira es una telaraña (Reflexiones y pensamientos) constituye un producto característico del quehacer filosófico.
La materia de que parte es nativa, hasta el punto de que, en ocasiones, se puede seguir el hilo desde la cotidianidad del autor hasta la reflexión que le sigue, e incluso hasta la conceptualización que a partir de ella elabora. El punto de arranque puede ser mudable y contingente, más el resultado adquiere el cariz del pensamiento abstracto propio de las más depuradas construcciones del racionalismo clásico. Con materiales recogidos a la sombra de lo concreto hace Miguel Collado obra nueva, general y conceptual al propio tiempo».
El placer de lo breve trae un comentario de entrada escrito por José Segura, escritor y educador dominicano radicado en los Estados Unidos de América:
«Creo que Miguel Collado anda por la ruta del libro de autoayuda. Sus reflexiones se adecúan a la incertidumbre epocal que nos arropa. Traen un instante de inquietud que obligan o inducen al autoanálisis y despiertan el pensamiento productivo. Sus reflexiones ayudan a re/enfrentar el ser acabado de despertar con el nuevo día que le aguarda».
Oportuna hago esta ocasión para hacer la siguiente confesión ante mis gentiles lectores: a veces hay días en que surgen, de manera torrencial, los aforismos o pensamientos, las reflexiones minúsculas, sobre cosas que me acontecen a mí o que veo les acontecen a otros a mi alrededor. Digamos que con los años este modo de expresión, muy arraigado en la cultura oriental, ha venido a convertirse en un modo de vida para mí desde la perspectiva del oficio de escritor. Pienso, ahora, que mi inicial pasión por la poesía fue desplazada por mi vocación aforística.
Considero pertinente aclarar que cualquiera de las frases aforísticas aquí reunidas podría coincidir con la de otro autor, pues no es posible evitar que dos personas piensen lo mismo sobre el mismo asunto en el mismo momento y hasta en el mismo lugar.
LAS FRASES
Acción bondadosa. Toda acción bondadosa solidarizándose con el otro simboliza una acción de amor a la humanidad.
Aparentar saber. En el mundo de los ignorantes, de los ingenuos y de los incautos, quien sabe no es quien realmente sabe, sino quien sabe aparentar que sabe.
Aprender a aprender. Más importante que el conocimiento también es el aprender a aprender y puede ser un sendero que nos conduzca a la sabiduría. Sin contradecir al genio de Albert Einstein.
El amor. Con frecuencia buscamos fuera de nosotros lo que llevamos dentro o está próximo a nosotros. Nos suele pasar cuando solo nos limitamos a ver con los ojos del cuerpo. Por eso a veces se coloca frente a nosotros o convive con nosotros y no lo percibimos: el amor.
El arte humaniza; nos puede ayudar a crecer espiritualmente.
El bien. Emprender el camino que conduce hacia el bien es sencillo —cuestión de actitud y decisión—, pero lo difícil es llegar donde está él, lo cual exige constancia y toma de conciencia.
El carácter. Son las que forjan nuestro carácter y anuncian lo que en verdad somos o habremos de ser: las cosas que, aun en contra de nuestra voluntad, las asumimos de buena gana por deber u obligación.
El calumniador. En la mente del calumniador habitan monstruos y fantasmas, demonios peligrosos que no pueden controlar
El juego. Ganancias que del juego vienen, casi siempre al juego vuelven.
El orgullo sano y la gratitud. Siéntete orgulloso de lo que eres capaz de hacer por ti mismo o por alguien que atraviesa por momentos de dificultad; siéntete agradecido de lo que otro es capaz de hacer, desinteresadamente, por ti.
El tiempo. Debemos contar con él, no angustiarnos por él. Así lo hacemos nuestro aliado. Me refiero al tiempo.
La bondad y la justicia. La bondad lleva en sus entrañas el espíritu de justicia y ésta es una manifestación de aquella: coexisten. Hay una íntima e indisoluble relación entre ambas.
La confianza. No confío en quien me dice que no confía en nadie, porque en ese «nadie» estoy incluido yo y ¡qué absurdo confiar en quien no confía en mí! Es cuestión de lógica.
La crítica. Quien consume su tiempo criticando a los triunfadores, jamás será uno de ellos.
La cultura. La cultura es el espejo en el que podemos ver la idiosincrasia de un pueblo. Por ella podemos conocer la manera de pensar y la actitud de una sociedad frente a la vida, su pasión por el progreso o su apego a la rutina.
La envidia. Ante la envidia, la paciencia y la cautela son los mejores escudos.
La informalidad. Es una cualidad negativa propia de las personas muy proclives al incumplimiento y al fracaso. ¿Parientes de la informalidad? La descortesía, la irresponsabilidad, la desconsideración, la pereza, el irrespeto, la charlatanería, la indelicadeza y la inmadurez.
La ingratitud. Una forma posible de descubrir al ingrato: deja de servirle una sola vez y verás cómo olvida todo lo que le has servido, aunque lo hayas hecho durante toda tu vida.
La ira. Lo que se dice en estado de ira, generalmente se siente o se piensa de verdad, pues el yo censurador, liberado por la ira, está de fiesta.
La maldad. Todas las cosas malas que haces en la vida tienen, de algún modo, un efecto de bumerán.
La malicia. Quien con malicia actúa tiende a estar más atento que el noble de lo que los demás hacen y de todos desconfía; mientras que el noble, de espíritu sano, en todos confía… hasta de aquellos que llevan la malicia dentro.
La memoria vicaria. Nuestra historia personal se encuentra dispersa, fragmentada, en las memorias de todos los que, de un modo u otro, han estado presentes en nuestra vida: son archivos vivientes que almacenan episodios íntimos o familiares de nuestro discurrir existencial. Le llaman memoria vicaria.
La mezquindad. Donde la mezquindad está presente no hay espacio para la justicia. No concibo a un justo siendo mezquino.
La obsesión —dañina, perturbadora y mala consejera— arrastra a quien la padece por peligrosos laberintos de pasión.
La paciencia hace corto el sendero, la impaciencia lo hace largo y angustioso.
La permisividad. Es tan estrecha la relación entre la permisividad (excesiva tolerancia) y la complicidad que resulta difícil diferenciar una de otra.
La política es ese angustiante mundo habitado por prometedores de lo imposible y donde todo fluye en función de los intereses circunstanciales vinculados al ansia de poder.
La política y los hombres. No es la política la que daña a los hombres, sino éstos son quienes, con sus ambiciones desmedidas y egos desbordados, la prostituyen para servirse de ella de manera perversa, en perjuicio de aquellos que —sintiendo la necesidad y la esperanza de un cambio en su calidad de vida— depositan su confianza en ellos.
La sensatez. Ser humano es pensar que los demás necesitan de nosotros; ser sensato es pensar que necesitamos de los demás.
Las mentiras y las calumnias corren veloces; las verdades, con pies de plomo.
Lo ideal. Lo ideal es que, al final, uno pueda vivir de lo que uno más sabe hacer y le gusta: si siente pasión por los libros, vivir de los libros; si siente pasión por la paz, vivir evitando la guerra.
Los consejos. La ventaja de aprender de los consejos es que no tenemos que aprender de los errores.
Los corruptos. En un Estado en el que impere la corrupción —el tráfico de influencias y el dolo, por ejemplo— los hombres honestos corren el riesgo de ser calumniados y desacreditados por ser piedras en el camino de los corruptos.
Los mediocres. Sólo los mediocres, pobres de espíritu, les temen a los seres con luz. Es por lo que se mueven en la sombra: son taimados.
Los problemas. Entre las tantas soluciones posibles que podría tener cualquier problema, nunca olvido dos: la ideal y la que permiten las circunstancias.
Los que cuentan. Quien siempre nos cuenta lo que los demás dicen de nosotros, fácilmente contará a los demás lo que digamos de los demás.
Objetividad vs. optimismo. Muchos fracasan en la vida porque todo lo ven subjetivamente, del modo en que desearían que las cosas fueran, impulsados errática y soñadoramente por la ingenuidad y el optimismo exagerado.
Vivir en pueblo pequeño. Todo aquel que viva en pueblo pequeño es figura pública —sin que nunca haya aspirado a serlo— y, por tanto, será perseguido por las miradas inquisidoras de la gente.
