RESUMEN
Quien escribe este artículo, se considera miembro de una nueva corriente de escritores e investigadores históricos, que no admitimos hechos y figuras de forma impositiva. Esa forma de escribir y enseñar es parte de una sociedad que, recibía adormecida, embelesada, lo que un grupo por conveniencia o encargo, pedían se enseñase y estudiara. Dogmas.
Estamos ante nuevos tiempos, donde ser alfabetizados, no se reduce a la mera capacidad de saber escribir y leer. Ahora se piensa, se analiza y se construyen nuevas visiones de la vida, los héroes, los mártires, villanos y, sobre todo, de quienes, por conveniencia, problemas psicológicos o cualquier otra condición pasaron de uno a otro bando, sin ningún criterio.
Francisco Alberto Caamaño Deñó, provenía de una familia ligada hasta los tuétanos a la dictadura de Trujillo. Su padre el general Julio Caamaño, fue uno de los perros de caza de quien se hizo llamar ¨padre de la Patria nueva¨. Francis, como le apodaban, nació y creció saboreando el éxito y prestigio que daba ser descendiente de un general en la era de Trujillo.
La correlación de edad de Francisco Alberto Caamaño y Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis), los llevó a recibir zancados rangos militares. Uno a los cuatro años ya era coronel (con traje y quepí), ¨por sus extraordinarias actitudes demostradas a tan temprana edad¨ y, cumplidos los 14 ya era general. Francis Caamaño, miembro de esa corte llegó a coronel a los 17. Ambos casos, un insulto a los viejos oficiales de carrera.
En los acontecimientos previos a la muerte de Trujillo, Francis Caamaño, no figura por ningún lado: no fue miembros de los jóvenes del movimiento 14 de junio; no fue perseguido por sus acciones conspirativas como sucedió con las Mirabal, Yuyo D´Alessandro y muchos otros; no estuvo entre los defendidos por la Iglesia Católica en la famosa carta pastoral del febrero del 1961 y nunca figuró entre los torturados en las famosas prisiones de la cuarenta, el nueve o la Victoria. Todo se debió a una cuestión muy simple: fue miembro activo de la dictadura de Trujillo.
En esos momentos su conciencia de guerrillero adormecía con las andanzas que junto a Ramfis, protagonizaba tanto en el país como en el extranjero, atiborrados de alcohol, dinero, drogas y, sobre todo, mujeres, muchas mujeres.
En los acontecimientos posteriores al 30 de mayo del 1961 cuando se sembró el terror, para intentar evitar lo inevitable, Caamaño no hizo asomo, como tampoco lo hizo en los tantos grupos que se formaron y exigieron en las calles la salida de los Trujillos, como el Movimiento Popular Dominicano (MPD), la Unión Cívica Nacional (UCD) y el Movimiento 14 de junio (1J4).
Como en una ocasión afirmó Ramfis Trujillo: ¨El tiempo que a ciertas personas todo le hace olvidar¨, ha producido en un olvido selectivo de las actuaciones del ¨héroe nacional¨, llevándolos a exigir un reconocimiento social, de un personaje que fue movido por otros hilos.
Sólo cuando convino colocarse del lado del pueblo, Francis Caamaño, cambió de grupo, convertido en todo un ¨constitucionalista¨, defensor de los pobres y desvalidos, tan democrático como el más sangriento de los dictadores.
Más que una acción en defensa de la Constitución de marzo del 1963, la actitud de Caamaño fue una respuesta al desembarco de los 42 mil marines, vistos desde su óptica trujillista como invasores, indignación que se amplió cuando los antiguos generales del Estado mayor de las Fuerzas Armadas, corrieron a darles la bienvenida, quienes desde su visión fueron unos traidores.
El coronel Hernando Ramírez, líder del movimiento ¨constitucionalista¨, según nuestros flamantes historiadores, dirigió una carta a Ramfis Trujillo a mediados del 1966, donde entre otras cosas le decía: ¨Si cuando desembarcaron los yankis en abril de 1965 en Rep. Dom. el generalísimo hubiera estado vivo, lo habríamos visto con un fusil en la mano combatiéndolos¨.
La actuación de los ¨constitucionalistas¨ nunca fue la reposición del gobierno de Juan Bosch, sino una oposición a una afrenta, la invasión a la patria por los marines norteamericanos, como bien les instituyó su comandante supremo Rafael Leónidas Trujillo.
Los familiares de Caamaño se afanan en que a Francis le reconozcan su condición de ¨presidente¨, sabiendo los beneficios que eso representa para ellos, ocultando las negociaciones que firmó y que lo llevaron al exilio con todos los gastos pagos desde el 1965, hasta el 1973 con el nombramiento de ¨agregado militar¨ en el extranjero.
Subestimando a Balaguer y al nuevo grupo de militares que eran capaces de arrancar cabezas por él, intentó forzar unas negociaciones, usando como telón una invasión guerrillera, mero espejismo de la catrista cubana, que ya para el 1973, nadie le creía sus conquistas sociales. Así, llegó al país sin ser invitado, convirtiéndose en invasor, portando armas ilegales y, amenazando el orden establecido por la Constitución del 1966, disparando contra quienes se opusieron a su violencia libertadora. Nada democrático el ¨constitucionalista¨.
Podemos aportar los documentos para despellejar esta figura, vendida como todo un símbolo de la revolución en República Dominicana, cuando toda su vida fue un servil de las acciones inhumanas del régimen en que nació, creció y defendió. Aupado por una historia mutilada, sin rigor científico, carente de toda lógica, para exaltar un mercenario con toga y birrete.
¨La mejor jugada la hizo mi fiel amigo Francis Caamaño, colocado del bando en que las circunstancias del momento le convenían¨. Afirmó Ramfis Trujillo cuando supo que su fiel amigo de infancia era todo un ¨constitucionalista¨.
Como decía Anselmo Paulino Álvarez: ¨el dominicano ni agradece favores, ni guarda rencores¨. Ambas condiciones de deben a su falta de memoria, la cual es aprovechada por muchos, para presentar como grandes hombres, a quienes no hicieron más que actuar de acuerdo con lo conveniente del momento, no motivados por el auténtico amor a su patria, que mueve a los verdaderos héroes.
Si de algo sirvió el gobierno ¨constitucional¨ de Caamaño, fue para abrir las cárceles a los antiguos miembros del SIM, enjuiciados y encarcelados por sus crímenes políticos contra los dominicanos. Los asesinos de las Mirabal, los sádicos torturadores de las cárceles del Nueve, la Cuarenta y la Victoria, lograron evadir la justicia y marchar al extranjero, gracias a esa obra de gobierno que propició el saqueo, violaciones, trafico de armar, apropiación de terrenos y una retahíla de burlas al intelecto.
Detengámonos un momento a pensar la suerte que habría tenido nuestro país en manos de tal personaje, si aquella aventura de finales del 1973 habría tenido éxito. Una guerrilla inquisidora administrando los destinos de este país y teniendo como principales socios económicos el régimen cubano, aislados del resto del mundo y vendiéndonos el sueño de tener una lucha permanente contra los Yankees. Seamos claros, la figura de Francisco Alberto Caamaño no resiste un análisis.
Por: Florentino Paredes Reyes
