En República Dominicana, las reglas son claras: para pertenecer al Colegio Médico hay que ser médico; para formar parte del Codia, hay que ser ingeniero; para estar en el Colegio de Abogados, hay que ser abogado; y lo mismo ocurre con los periodistas y demás gremios. No hay excepciones. Hasta para ser miembro de asociaciones exigen requisitos, que si no las cumple, pues no entras. Como Acroarte, que pide pruebas para que puedas estar en su gremio. La razón es evidente: solo quienes conocen una profesión desde dentro están en capacidad de representarla.
Pero esa lógica desaparece cuando miramos al Congreso. Para ser diputado o senador no se necesita formación en derecho, ni en ciencias políticas, ni en administración pública. Basta con ser mayor de edad, ciudadano y tener los derechos civiles intactos. Nada más. Así, cualquiera, sin importar preparación, puede decidir sobre las leyes que regirán la vida nacional.
El contraste es escandaloso: exigimos títulos universitarios para pertenecer a un gremio, pero no para legislar sobre todos los ámbitos de la sociedad. ¿Tiene sentido? ¿Es coherente que pidamos preparación para representar a un sector, pero no para representar a toda la nación?
No se trata de excluir a líderes comunitarios ni a ciudadanos con vocación de servicio. Se trata de ponerle un freno a la improvisación legislativa, al populismo legal y a la aprobación de normas mal redactadas, incoherentes o hechas a la medida de intereses particulares.
El país no puede seguir funcionando con un Congreso donde la preparación es opcional y el desconocimiento se maquilla con discursos. La ciudadanía exige transparencia, calidad institucional y eficiencia. Y la verdad es que ningún profesional estaría de acuerdo con que su gremio fuera dirigido por alguien sin formación. Entonces, ¿por qué seguimos aceptando que se gobierne y se legisle sin los conocimientos mínimos?
Ha llegado el momento de plantear el debate: si pedimos títulos y experiencia para pertenecer a un colegio profesional, también deberíamos exigirlos para quienes tienen en sus manos el futuro de toda la nación.
POR AMERFI CÁCERES
