RESUMEN
“Una cooperativa es verdaderamente fuerte cuando sus socios no solo cumplen normas, sino que viven valores; porque la ética forma personas, y las personas transforman instituciones.” –Víctor Ventura
El cooperativismo no es solo un modelo económico; es una forma de vida basada en valores. Desde su origen, las cooperativas han procurado que el crecimiento financiero vaya de la mano con el desarrollo humano, la solidaridad y la responsabilidad social. Para una cooperativa de inspiración cristiana, este compromiso adquiere una dimensión aún más profunda: administrar recursos, decisiones y relaciones de manera que honren a Dios y beneficien al prójimo.
En este contexto, la formación ética de los socios se convierte en un pilar fundamental. No basta con ofrecer productos financieros; es necesario educar, acompañar y formar a los socios para que adopten prácticas responsables en el uso del dinero, el crédito, el ahorro y la participación comunitaria. Como enseña la Escritura: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 9:10, RVR1960). Sin sabiduría y valores, el crecimiento económico puede convertirse en una carga en lugar de una bendición.
Este artículo propone un enfoque integral para la formación ética de los socios, combinando principios del cooperativismo con fundamentos bíblicos, a fin de construir comunidades financieras sanas, sostenibles y agradables a Dios.
1. La educación como principio cooperativo
Uno de los principios universales del cooperativismo es la educación, formación e información. Este principio reconoce que una cooperativa fuerte no se edifica solo con capital, sino con personas conscientes, capacitadas y éticamente formadas.
Educar al socio no significa únicamente enseñarle a llenar formularios o entender tasas de interés. Implica:
- Comprender sus derechos y deberes dentro de la cooperativa.
- Asumir una responsabilidad moral en el uso de los recursos comunes.
- Entender que cada decisión financiera tiene un impacto personal, familiar y comunitario.
Desde una perspectiva cristiana, educar también es un acto de amor. Proverbios 22:6 nos exhorta: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Este principio aplica igualmente a los adultos: la instrucción constante forma hábitos, carácter y conciencia.
2. Valores cristianos que sustentan la ética cooperativa
La formación ética debe apoyarse en valores claros y coherentes. Entre los más relevantes para la vida cooperativa se destacan:
a) Mayordomía
La Biblia enseña que no somos dueños absolutos de los bienes, sino administradores. “De Jehová es la tierra y su plenitud” (Salmos 24:1). En la cooperativa, este principio se traduce en un uso responsable del crédito, el ahorro y los fondos comunes.
Un socio formado en la mayordomía entiende que:
Tomar un préstamo implica un compromiso moral de pago.
El dinero debe servir para edificar, no para destruir.
El despilfarro y el sobreendeudamiento afectan a toda la comunidad.
b) Honestidad
La confianza es la base del sistema cooperativo. Sin honestidad, no hay cooperación posible. La Escritura es clara: “El peso falso es abominación a Jehová” (Proverbios 11:1). Esto aplica tanto a la administración como a los socios.
Formar éticamente es enseñar que:
Ocultar información financiera es incorrecto.
Incumplir compromisos debilita la cooperativa.
La verdad y la transparencia glorifican a Dios.
c) Solidaridad
El cooperativismo promueve la ayuda mutua. La Biblia refuerza este valor: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2). La formación ética enseña que la cooperativa no es solo un lugar para recibir, sino también para aportar y sostener.
3. Prácticas financieras responsables: un enfoque educativo
La ética se demuestra en la práctica. Por ello, la formación debe traducirse en hábitos financieros concretos.
a) Uso responsable del crédito
Muchos conflictos financieros surgen por desconocimiento o mal uso del crédito. La cooperativa debe educar al socio para que:
Solicite préstamos con un propósito claro y productivo.
Evalúe su capacidad real de pago.
Comprenda las consecuencias del atraso o incumplimiento.
La Biblia advierte: “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7). Este versículo no condena el crédito, pero llama a la prudencia.
b) Cultura del ahorro
El ahorro es una expresión de sabiduría y previsión. “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio” (Proverbios 21:20). Educar al socio en el ahorro fortalece su estabilidad y la de la cooperativa.
Programas prácticos pueden incluir:
Metas de ahorro familiar.
Fondos para emergencias.
Educación sobre planificación financiera.
c) Presupuesto y orden financiero
Un socio éticamente formado aprende a vivir con orden. El apóstol Pablo exhorta: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Talleres de presupuesto familiar ayudan a prevenir el endeudamiento crónico y el estrés financiero.
4. La formación ética como responsabilidad institucional
La ética no se impone; se cultiva. La cooperativa debe asumir un rol activo mediante:
Programas permanentes de educación financiera y ética.
Charlas y talleres basados en valores cristianos.
Material educativo claro y accesible.
Ejemplo coherente de directivos y empleados.
Jesús enseñó más con su ejemplo que con discursos. De igual manera, los líderes cooperativos deben modelar integridad, prudencia y servicio. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10).
5. Impacto en la familia y la comunidad
Cuando un socio es formado éticamente, el beneficio trasciende lo individual. Una buena administración financiera:
Reduce conflictos familiares.
Mejora la calidad de vida.
Fortalece la economía local.
Además, una cooperativa con socios responsables puede cumplir mejor su misión social, apoyar proyectos comunitarios y ser un testimonio vivo del amor de Dios en acción.
Jesús enseñó que la verdadera riqueza se mide por el fruto que damos: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Una comunidad cooperativa formada en valores produce frutos de justicia, paz y bienestar.
La formación ética de los socios no es un gasto ni una actividad secundaria; es una inversión espiritual, social y financiera. Enseñar valores y prácticas responsables fortalece la cooperativa, honra a Dios y protege a las familias.
En un mundo marcado por el consumismo y la falta de principios, las cooperativas cristianas están llamadas a ser luz y sal, demostrando que es posible administrar recursos con integridad, solidaridad y sabiduría.
Como afirma la Escritura: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando la formación ética pone a Dios en el centro, el crecimiento que llega es sostenible, justo y verdaderamente bendecido.
Por: Víctor Ventura, Presidente C.A. COOPEMIC
