RESUMEN
Cada enero, Madrid se convierte en un punto de encuentro global gracias a Fitur. Empresarios, inversionistas, emprendedores y representantes institucionales llegan desde América Latina con agendas cargadas de reuniones, alianzas y oportunidades. Muchos lo hacen con ilusión; otros, con una idea equivocada: creer que venir a España por negocios es lo mismo que venir como turista.
Esta confusión, aparentemente menor, puede convertirse en un problema serio. Porque cuando el propósito real del viaje no coincide con la forma en que se entra al país, el riesgo legal aparece desde el primer control fronterizo. Fitur no es turismo, y entender esa diferencia es clave para proteger cualquier proyecto profesional.
Cuando el motivo del viaje importa
Antes de hablar de visados o permisos, conviene detenerse en una idea básica: la migración empieza en la intención. Las autoridades no solo revisan documentos; también analizan la coherencia entre lo que se declara y lo que realmente se viene a hacer.
Asistir a Fitur suele implicar reuniones profesionales, contactos comerciales, negociaciones empresariales y exploración de oportunidades de inversión o implantación en España. Todo ello forma parte de una actividad económica, aunque no se firme ningún contrato durante el viaje.
Presentar este tipo de desplazamiento como simple turismo no es una estrategia inteligente; es una incoherencia que puede levantar alertas innecesarias en frontera.
Turismo y negocios: una diferencia con consecuencias reales
Entrar a España como turista supone declarar que el viaje es temporal, sin actividad profesional ni intención de generar vínculos económicos. Cuando la realidad es otra, esa contradicción puede derivar en situaciones complejas: denegaciones de entrada, anotaciones en el expediente migratorio, dificultades para futuros visados o problemas en aeropuertos europeos posteriores.
La normativa migratoria no penaliza el emprendimiento ni la inversión. Lo que sí sanciona es la falta de coherencia entre lo que se declara y lo que se hace.
España sí quiere negocios, pero bien planteados
España es un país abierto a la inversión extranjera, al emprendimiento y a la internacionalización. Existen vías legales específicas para ello: visados de negocios, autorizaciones para emprendedores, permisos por cuenta propia o proyectos de carácter innovador.
El problema no es venir por motivos profesionales. El problema es hacerlo sin el encaje migratorio adecuado, confiando en que “ya se verá” o en que la feria, por sí sola, justifique cualquier forma de entrada.
En muchos casos, la decisión más relevante no es asistir a Fitur, sino cómo se planifica la llegada al país.
El impacto que no se ve en el aeropuerto
Uno de los aspectos menos comentados es el impacto a medio y largo plazo. Una entrada mal gestionada puede afectar futuras solicitudes de residencia, procesos de inversión, trámites fiscales o incluso la credibilidad ante la administración española.
Decisiones tomadas desde la prisa o la desinformación suelen generar una carga legal y emocional que acompaña al migrante durante años. Fitur puede ser una oportunidad, pero también una puerta mal abierta si no se actúa con criterio.
Estrategia frente a improvisación
Venir a Fitur debería formar parte de una estrategia clara, no de una improvisación. Planificar implica definir con precisión el objetivo del viaje, entender el marco legal aplicable, preparar documentación coherente y conocer qué se puede y qué no se puede hacer durante la estancia.
Cuando el proyecto es serio, la planificación migratoria también debe serlo.
Acompañar procesos, no corregir errores
Tras años de ejercicio profesional, he visto llegar a España a emprendedores con ideas sólidas, pero con bases migratorias frágiles. El problema no suele ser la ambición, sino la falta de previsión.
Fitur representa oportunidades reales para quienes entienden que la migración empresarial exige coherencia, visión y respeto por las normas desde el primer paso. Porque venir a España por negocios no es venir como turista, y comprender esa diferencia puede marcar el rumbo de todo un proyecto.
Por Neyvi Tolentino
Abogada migratoria en España y CEO de Tolentino Abogados
