Si hoy hemos llegado hasta aquí, es por la misericordia y la gracia de Dios.
Este miércoles es fin de año. Y esta fecha nos convoca a muchas cosas: a hacer un balance honesto de quiénes hemos sido, quiénes somos y hacia dónde deseamos caminar.
El fin de año es un buen momento para tomar la decisión firme de YA NO MÁS a todo aquello que nos hiere como seres humanos.
Es tiempo de reconocer nuestras victorias, nuestras lágrimas y los caminos difíciles que hemos transitado, entendiendo que no hay transformación posible si primero no decidimos cambiar nosotros.
Este miércoles de cierre de año es propicio para perdonarnos y para pedir perdón; por las veces que hemos sido heridos y por aquellas en las que, consciente o inconscientemente, también hemos herido.
Es un tiempo oportuno para amar, para respetar nuestras diferencias, para vivir con mayor conciencia, presencia y benevolencia. Es momento de hacer más y hablar menos; de actuar desde el amor y no desde el juicio.
Este miércoles doy gracias por mis padres, José y Dolores; por mi hijo Aarón; por mis hermanos José Ernesto y José Dolores; y por mi sobrino Matías, mi Tático. Doy gracias por mi abuelita Alvina, por mis tías, tíos, primos, por toda mi familia y mis amigos.
Agradezco por mi trabajo, por mis compañeros y por todos mis maestros y maestras de vida, esos que han llegado para enseñarme incluso en los momentos más difíciles.
Elevo una oración a Dios, al Universo, a la Divinidad, por nuestra sociedad; para que el mundo conozca y practique el amor, la fe, la empatía y la compasión.
Que el nuevo año nos encuentre más humanos, más conscientes y más dispuestos a construir paz desde lo cotidiano.
Que no olvidemos que cada día es una nueva oportunidad para empezar de nuevo y hacerlo mejor como individuos y desde nuestros espacios.
Por Evelin Peguero
@evelinpolin
