Pudiéramos considerar que estamos empantanados con algunos conflictos sobre los que no hemos encontrado opciones para sus soluciones.
Al parecer nos falta claridad para poder actuar con certeza para superarlos. El viejo conflicto de Israel y Palestina. Lo mismo que la guerra ruso-ucraniana. Y el problema sobre el colapso en Haití.
Son tres escenarios distintos, y las causas igualmente resultan disímiles, pero es obvio que no hemos encontrado las vías para tomar las mejores decisiones.
Podemos alegar la realidad de los intereses particulares de las naciones, pero creemos que se están generando más pérdidas que beneficios para los actores envueltos y por tanto no tiene sentido.
Ahí debería entrar la sabiduría.
