RESUMEN

No todas las ruedas de prensa se sienten iguales. Algunas informan. Otras, simplemente pasan. Pero hay espacios —muy pocos— que dejan la sensación de que algo importante está en movimiento. Así percibí el lanzamiento de Expo Sostenible 2026.
Porque más allá de una agenda, de un montaje o de una convocatoria institucional, lo que se presentó hoy fue una señal: en la República Dominicana la sostenibilidad está dejando de ser un concepto aspiracional para convertirse en una conversación estructural.
Y eso, en estos tiempos, no es menor.
Venimos de una edición anterior que logró articular algo que no siempre ocurre: reunir voluntades diversas en torno a un mismo propósito. Empresas, instituciones, expertos, organismos internacionales y ciudadanos dialogando sobre un tema que, durante años, fue tratado como accesorio.
Expo Sostenible 2025 no solo convocó, también posicionó. Demostró que hay interés, que hay capacidad y que existe una masa crítica dispuesta a empujar cambios reales.
Esa base es, precisamente, lo que le da sentido y peso a la edición de 2026.
La sostenibilidad no puede seguir siendo interpretada como un discurso elegante ni como una etiqueta de moda. Es, en esencia, una decisión de país. Una decisión que atraviesa la forma en que producimos, consumimos, educamos y convivimos con nuestro entorno.
Y en ese proceso, plataformas como Expo Sostenible cumplen un rol clave: conectan ideas con acción, discurso con práctica, intención con resultados.
Lo interesante de esta nueva edición es su proyección. No se trata únicamente de repetir el éxito anterior, sino de escalarlo. De profundizar la conversación. De hacerla más exigente, más técnica, más humana.
La participación de figuras de alto nivel, como la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, introduce una dimensión que trasciende lo ambiental. Nos recuerda que la sostenibilidad también es dignidad, identidad, territorio y justicia social.
Que proteger el medioambiente no es solo preservar recursos, sino garantizar condiciones de vida justas para las presentes y futuras generaciones.
Ahí es donde esta feria cobra verdadera relevancia.
Porque el valor de Expo Sostenible no está únicamente en lo que se dice durante dos días, sino en lo que logra activar después.
En las alianzas que se generan, en las ideas que se convierten en proyectos, en las prácticas que comienzan a replicarse. En esa capacidad de sembrar conciencia y, más importante aún, de provocar acción.
Desde una convicción personal, entiendo que el rol de los medios en este tipo de iniciativas es determinante. No solo como difusores, sino como articuladores de conversación pública. La sostenibilidad necesita visibilidad, pero también necesita narrativa, seguimiento y compromiso comunicacional.
No basta con cubrir el evento. Hay que acompañar el proceso.
Hoy más que nunca, la República Dominicana requiere espacios donde el desarrollo no se piense al margen del medioambiente, sino en armonía con él. Donde el crecimiento no implique sacrificio ecológico, sino inteligencia colectiva.
Donde el progreso no se mida únicamente en cifras, sino en bienestar sostenible.
Expo Sostenible 2026 representa, en ese sentido, una oportunidad país.
Una oportunidad para escuchar a quienes están innovando, para conocer soluciones que ya están en marcha, para cuestionarnos como sociedad y, sobre todo, para asumir que cada decisión —por pequeña que parezca— tiene impacto en el entorno que habitamos.
Por eso, más que una invitación, esto es un llamado.
A la ciudadanía, a participar, a involucrarse, a informarse.
A las empresas, a continuar apostando por modelos responsables.
Y a los medios digitales, a asumir este tema con la seriedad, la profundidad y la constancia que amerita.
Porque proteger el medioambiente no es una causa aislada. Es la causa que sostiene todas las demás.
Y si algo deja claro Expo Sostenible, es que todavía estamos a tiempo de hacerlo bien.
Por Fahd Jacobo
Periodista y miembro de la Directiva de la Sociedad Dominicana de Medios Digitales
