RESUMEN
En diversas ocasiones he manifestado mis dudas sobre la fe religiosa y la existencia de Dios. Sin embargo, una experiencia vivida el pasado mes de agosto ha provocado que se tambalearan mis principios sobre el tema. Todavía existen fenómenos para los cuales la Ciencia no tiene una explicación convincente.
Desde mi niñez, siempre me he decantado por la Ciencia a la hora de explicar los diferentes hechos y fenómenos que ocurren en nuestro mundo. Todo tiene una explicación racional, solo hay que encontrarla, dicen los científicos. La contradicción se produce cuando no somos capaces, con todos los avances científicos actuales, de encontrar una explicación lógica a fenómenos complejos. ¿Es posible que algunas personas elijan el momento y el lugar de su muerte?. No me refiero a un suicidio, sino a una muerte natural.
Como muchos hijos de emigrantes (viajeros) cuando mi madre decidió emigrar a España, Yo y mis dos hermanos nos fuimos a vivir con mi abuela «Doña Juana». Nuestra relación de abuela-nieto desembocó en una relación especial, hasta el punto de llegar a considerarme como a un hijo más. Yo, siempre estaba en los momentos buenos y malos, a pesar de la distancia. Cuando mis hermanos y Yo nos reunimos con nuestra madre en el extranjero, nuestra relación, lejos de desaparecer, se fortaleció.
Desde 1989, intentaba viajar al país cada dos años. Eso me permitía viajar a otros lugares del mundo durante las vacaciones.Viajar siempre ha sido una de mis pasiones. Conocer personas y lugares distintos. Para mi, se trata de una riqueza que no tiene precio. Siempre que iba a visitarla, a pesar de la lajanía y de los inconvenientes económicos, ella me ponía al corriente de los acontecimientos familiares, sobre vecinos y amigos.
Tras varios años sin poder volver al país a visitarla, tome la decisión de hacer un esfuerzo para ir a verla. Hacía más de cuatro años que no la veía. Cuando llamaba a la República Dominicana, le decía que este 2015 quería ir a verla, que aguantara. Mi insistencia se debía a su avanzada edad, 95 años. Desde hace más de dos años, nuestras conversaciones, eran como un ritual, en el que siempre recordabamos la cuenta atrás. Mi querida abuela había tenido varios sustos relacionados con los problemas que causa el paso del tiempo en nuestra salud.
El 60 aniversario de mi madre, me pareció un buen motivo para ir a visitarla conjuntamente. Quería hacerle un regalo especial, ya que se trataba de una persona excelente, que fue capaz de criar y dar estudios a 11 hijos, nada más y nada menos. En todas las parejas existe una persona más fuerte que la otra, y en mi familia, con todo respeto a mi abuelo, ella era la fuerte. A pesar de los inconvenientes en la organización del regalo, todo seguía en marcha. Las reservas en esos lugares se realizan con tiempo, y añadir personas a última hora no siempre resulta fácil.
Algunos de los asistentes al viaje sugirieron que no querían ir a Samaná, Boca Chica, Juan Dolio o Puerto Plata. Este problema reducía nuestras opciones de elección y el tiempo jugaba en nuestra contra. Al final decidí que la mejor opción era Bayahibe, para pasar un fin de semana. La idea era entrar el sábado y salir el lunes del recinto.
El primer día transcurrió con normalidad. El segundo (domingo) noté una extraña felicidad en mi abuela. Ella siempre había sido una persona alegre, pero aquel día su felicidad era algo fuera de lo común. Nos hicimos muchas fotos y la llevamos a comer a un restaurante junto al mar. El día no podía ser más perfecto. De madrugada, me despertaron y me informaron de que mi abuela se encontraba mal y teníamos que llevarla a un hospital o a una clínica, de urgencia. El médico del hotel nos recomendó varios centros. Con las prisas del momento, decidimos llevarla a una clínica que la trataran lo más rápido posible. No era la primera que nos recomendaron. La elección de la clínica fue una desición al azar. Con anterioridad, Yo, ya había estado en la ciudad de La Romana, a unos 122 km de La Capital, Santo Domingo.
Mi conocimiento sobre la tercera ciudad más grande del país era escaso; y menos de madrugada. Tras el susto inicial, las doctoras nos recomendaron tenerla en observación entre 24 y 48 horas. El personal sanitario nos recomendó que volviésemos al hotel a descansar y regresaramos al otro día. Eran más de las 4 de la madrugada y el hotel se encontraba a unos 30 km. Esa distancia en dominicana, es lejos de la ciudad. Pasadas las 10 de la mañana del lunes 24 de agosto nos informaron de que mi abuela había empeorado. Hacia las 11 de la mañana nos dieron la fatal noticia de su fallecimiento. Vuelvo a decir que no creo en estas cosas, pero al parecer, mi abuela había elegido donde y cuando morir. Poco después me informaron de que era la ciudad en la que había nacido, aunque en la actualidad residía en Santo Domingo y se pasó gran parte de su vida en Sabana Grande de Boyá, concretamente en Juán Sánchez, en el interior del país, a unos 100 km de La Capital. Yo, desconocía el lugar de su nacimiento por completo. Solo sabía que había nacido en el este, pero no sabía exactamente donde.
Cuando volvemos a la clínica para realizar los preparativos para llevarla a La Capital, resulta que gran parte de su familia estaba allí, ya que vivían a pocos metros del lugar. Este hecho era totalmente desconocido al elegir la clínica. Para más inri, su madre también había nacido allí. Siempre me quedará la dura de si se trató de un capricho del destino o de una elección personal. Mi difunta abuela, que en paz descance, no solo eligió el lugar de su muerte, sino también el momento. De no haber estado nosotros y mi tio Felo, no se como habrían afrontado la familia los gastos económicos que conlleva un acontecimiento de este tipo. Morirse sale caro, y más en un país en donde el clasicismo juega un papel muy importante. Desde el punto de vista científico, es muy posible que algunas personas puedan retrazar el momento de su muerte si se afrerran a un motivo por el que vivir. En este caso, ver a casi toda la familia reunida era el motivo principal. Cuando el último deseo se cumple, algunas personas dejan de luchar y fallecen, como explican algunos expertos.
En mi opinión, después de tanto trabajo y sacrificio, mi abuela se merecía pasar un fin de semana en un resort, y ver lo más bello del país con sus propios ojos. Contra todo pronóstico, mi hermano, no muy dado a viajar con frecuencia al país, se apuntó al viaje. Toda una sorpresa para mi, ya que había estado el año anterior. Al poco tiempo, mi hermana, hizo lo mismo, con la excusa de que su segundo hijo no conocía a nuestra abuela. En principio, uno de mis tios y su pareja que residian en Nueva York, llegarían en septiembre de retirada. A principios de agosto me informaron de que habían cometido un error de cálculo y llegarían a mediados de agosto, como nosotros. Resulta curioso que llegasemos todos, sin planearlo, en tres dias consecutivos.
A principios de agosto, uno de los dos tios que tengo en Miami (Florida) viajó al país para pasar las vacacciones con nosotros y su madre. Como quien no quiere la cosa, solo faltaban dos hijos de mi abuela que residían en el extranjero. El más pequeño y la mayor. El benjamín, que venía en un principio, no había podido ir por motivos de trabajo. Era una pena, ya que se trata de una persona muy divertida que anima todas las reuniones familiares. Con todos los respetos, el típico payaso que existe en todas las familias. Su mote lo dice todo: «Don Loco». La hermana mayor, con problemas de salud, no hacía mucho tiempo que había estado en el país.
El viernes por la noche, antes de salir para el resort, mi abuela repasaba y ordenaba a todos sus hijos (11), nietos, bisnietos y tataranietos. Con una memoria excelente y una fortaleza inapropiada para su edad, me contaba que tenia cuarenta y tantos nietos, más de 100 bisnietos y unos cuantos tataranietos. Como si de un árbol genealógico se trataba, conocía el nombre de toda su familia, incuido mi hijo al que no llegó a conocer. Sorprende que sea una familia tan larga, ya que cuatro de los once hijos no han tenido descendencia.
Recuerdo que durante el trayecto de Santo Domingo al hotel, mi abuela preguntaba con insistencia si ya habíamos llegado a La Romana. Al parecer, ella quería dejar este mundo en el lugar que la vio nacer. Tengo la extraña sensación de que mi abuela nos esperó para despedirse. Creo que es la primera y última vez que veré a los 11 hermanos juntos, ya que algunos residen en paises diferentes. Con su muerte desaparece el nexo en nuestra familia y su ausencia provocará cambios importantes en las relaciones familiares.
Es ley de vida, pero casi nadie está preparado para perder a un ser querido, seamos creyentes o no. Con su partida se inicia una nueva etapa en nuestra familia, cuyos resultados son imprevisibles. No estamos preparados para la muerte, aunque en ocasiones disimulemos bien.
En homenaje a Juana Morales, una madre excelente y un ejemplo para toda su familia.
Que descanse en paz.
Por Alcides Pimentel Paulino (Morales)




