Exmarino que atropelló 22 personas dice no recibió  ayuda para problemas mentales

Por Miguel Cruz Tejada lunes 22 de mayo, 2017

EL NUEVO DIARIO, NUEVA YORK.-El exmarino de la armada de los Estados Unidos Richard Rojas,  que el jueves atropelló a 22 transeúntes en Times Square, dejando una turista muerta y otros siete graves, dijo el sábado en una entrevista con el NY Post, que sabía que estaba perdiendo “la chaveta” (cabeza), y buscó ayuda en un centro de salud para veteranos en El Bronx, pero le dijeron que lo llamarían el lunes de la semana y todavía está esperando esa llamada.

Dijo que comenzó a oír voces. “Ese lunes nunca llegó”, dijo al reportero del tabloide que lo entrevistó en la cárcel de Rikers Island, asegurando también que no estaba seguro de si era él quien manejaba a 99mph, aunque dijo que reconoció su carro.

“¿Ese era yo, soy yo?”, preguntaba una y otra vez durante la entrevista. “No lo puedo creer, tengo 26 años”, añadió.

“Yo estaba tratando de obtener ayuda, quería arreglar mi vida, conseguir un trabajo y una novia”, señaló Rojas al tabloide local.

Insistió que recientemente habló con un consejero de salud mental en un centro para veteranos.

“Dijo que me llamaría el lunes, pero el lunes no ha llegado todavía”, recalcó Rojas.

Relató que el jueves amaneció para él como un día “normal”. Se levantó, se comió un sándwich que su madre le preparó y le dijo a ella que iba a dar una vuelta.

Se montó en su Honda Accord, se dirigió por el Sur a lo largo de la Séptima Avenida, y  antes de mediodía, hizo un giro repentino  en U y en vía contraria  en la calle 42 Oeste, acelerando hacia el Norte en la dirección equivocada, conduciendo a lo largo de tres largas cuadras de aceras peatonales obstruidas, chocando contra todo lo que se interponía en su camino.

El vehículo golpeó un poste y cayó volteado de lado. Rojas, quien supuestamente fumando marihuana sintética K-2 mezclada con pastillas  PCP, de las recetadas a depresivos, salió del vehículo como enloquecido.

Con los brazos extendidos, como muestra las imágenes, entre el coche destrozado y la multitud aterrorizada, se plantó en medio de la avenida vociferando y amenazando, antes de ser interceptado y detenido por un guardia de seguridad del restaurante Hollywood Planet  y otro civil, que lo sujetaron hasta que llegó la policía.

En su primera mañana en la cárcel, dijo que no podía recordar nada sobre el horror que cometió.

Está en una celda  de vigilancia de suicidio, y se enfrenta a un cargo de asesinato en segundo grado por la muerte de la turista de Michigan Alyssa Elsman de 18 años de edad, de Michigan, y otras  20 acusaciones por intentos de asesinatos por los heridos.

“Sólo quiero disculparme con todas las familias de las víctimas. Quiero pedir disculpas a mi mamá”, dijo Rojas, asegurando que ahora está “sorprendido, confundido y con hambre”.

Supuestamente el veterano de guerra había gritado a la policía que “se suponía que me despaparían, quería matarlos a todos”. Confesó a la policía que había fumado marihuana con PCP.

“Creo que mezclé la hierba con algo”, dijo Rojas, quien afirma no recordar ninguna de las declaraciones que hizo después de ser arrestado.

“La última cosa que recuerdo es que estaba  conduciendo mi carro”, recordó y me desperté en el precinto, estaba aterrado”, dijo.

Rojas parecía sorprendido por las heridas leves  en su cuerpo. Tenía círculos oscuros bajo los ojos marrones, y tres pequeños cortes en la cara, y repetía: “no puedo creerlo”.

Se levantó sus pantalones y mangas para revelar las pequeñas heridas que presuntamente no recuerda haber recibido.

“Están por todos lados”, dijo como asombrado.

Narró que antes de salir manejando que tomó un bocado para comer con su madre en su casa del vecindario Highbridge en El Bronx el jueves por la mañana, cuando decidió ir a dar una vuelta.

“Fue una mañana normal. Tenía un sándwich. … quería aclarar mi cabeza “, dijo Rojas. “Le dije a mi mamá, le dije que estaba dando vueltas”. Dijo que quiere ver los vídeos de la destrucción.

“Yo sé que fue mi carro. Pero quiero verificar con cuidado que esa persona  soy yo”, dijo.

Cuando se le preguntó lo que recordaba del caos, se limitó a decir que no tiene recuerdos en su mente. Se negó a hablar más sin consultar a un abogado. Pero sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz se quebró cuando se le preguntó acerca de la mujer que mató. Se sentó en silencio.

Con el tiempo, sollozó, se encorvó hacia abajo en el stand del visitante, temblando.

“No puedo creerlo. Tengo 26 años.”

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