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8 de febrero 2026
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Eugenio María de Hostos El Maestro

La historia de nuestro país está llena de excelsos pensadores, que con su vida y obra han erigido un camino que ha servido de estandarte a una pléyade de hombres y mujeres. Las ideas de estos pensadores han contribuido a la conformación de un armazón filosófico digno de veneración. Uno de esos hombres lo es […]

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RESUMEN

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La historia de nuestro país está llena de excelsos pensadores, que con su vida y obra han erigido un camino que ha servido de estandarte a una pléyade de hombres y mujeres. Las ideas de estos pensadores han contribuido a la conformación de un armazón filosófico digno de veneración.

Uno de esos hombres lo es Eugenio María de Hostos, quien este jueves 11 de agosto cumplirá un aniversario más de su muerte, acaecida en 1903. Es indiscutible que el llamado Ciudadano de América fue uno de los más grandes hombres que influyeron en la conformación del pensamiento latinoamericano.

Hostos fue un sociólogo caribeño seguidor de la escuela positivista fundada por los británicos David Hume, John Stuart Mill y Francis Bacon, y los franceses Henri de Saint-Simon y Augusto Comte. Como doctrina científica, el positivismo plantea la verificación de las hipótesis a través de la realidad.

Nacido en Puerto Rico, y tocado por la parca en Santo Domingo, Eugenio María de Hostos dejó como mayor legado histórico su discipulado, el cual fue aprehendido por las más notables figuras de las letras, ciencias y artes de esa época en nuestro país.

De un denodado arrojo, Hostos demostró en cada pasaje de su vida su entrega total a sus ideas. Este científico boricua dedicó su existencia a luchar por las mejores causas de la mayoría de pueblos de América, y al momento de ser desterrado del país por la criminal dictadura de Ulises Heureaux (Lilís), fue llamado y contratado por el gobierno chileno para ser parte del equipo técnico que organizó la educación en ese país sudamericano, vía que le permitió a la patria de Pablo Neruda ser hoy día un país del primer mundo.

La noche del 11 de agosto de 1903 los discípulos de Hostos lloraron a raudales su muerte. El historiador dominicano Miguel Collado recoge en uno de sus escritos algunos testimonios del alumnado hostosiano a raíz de su deceso. Collado relata el hondo sentimiento de dolor que causó la partida del maestro entre los grandes hombres y mujeres de nuestro país de esa época.

Es Federico Henríquez y Carvajal, quien atónito ante el féretro del apóstol antillano, exclama la frase devenida en antológica, la cual reza: “Esta América infeliz, que solo sabe de sus grandes vivos, cuando pasan a ser sus grandes muertos”.

Pedro Henríquez Ureña, que para la sazón era un inquieto joven seguidor de las ideas de Hostos, al referirse a la muerte del paradigma su generación, expresa: “…murió de asfixia moral”. Su hermano, Max Henríquez Ureña dijo sobre la partida del gran pensador antillano que: “…lo mató la tristeza, lo mató el dolor del ideal irrealizado”.

La destacada poetiza y escritora Luisa Ozema Pellerano no ocultó su hondo pesar por la muerte del hombre de ciencia y educador nacido en Mayaguez, y dice: “El no ha muerto; él no puede morir, porque vive en el espíritu de las generaciones educadas en su apostolado de verdad y amor”.

La muerte de Eugenio María de Hostos no terminó con su obra, pues sus más conspicuos alumnos y alumnas la tomaron como ejemplo a seguir. Francisco Henríquez y Carvajal, Salomé Ureña, Arturo Grullón, Américo Lugo y otras figuras conspicuas de las letras, el quehacer científico y las artes dominicanas esparcieron por todo el país las ideas del gran maestro.

Juan Bosch, quien escribió dos libros sobre Hostos, dice en uno de ellos que él nació dos veces, una en La Vega, y la otra cuando conoció la vida y obra del adalid de la Confederación Antillana.

Los restos de Eugenio María de Hostos descansan en el Panteón Nacional, al lado de los héroes nacionales, pues indiscutiblemente el mártir de Las Antillas es un paladín del progreso de nuestro pueblo.

Por Elvis Valoy