El incremento de algunas enfermedades como la obesidad, diabetes y su relación con el consumo excesivo de alimentos ha generado numerosas estrategias para orientar la selección de alimentos del consumidor y ayudarle a mejorar su dieta. La salud pública y el Estado se enfrentan a un nuevo reto: la implementación del etiquetado frontal de advertencia nutricional.
Esta iniciativa tiene un impacto significativo en la salud de los consumidores y redefine el rol de la industria alimentaria. Un alimento no solo es alimento. La selección y consumo de los alimentos siempre ha estado sujeta a una compleja red de factores socioculturales e individuales.
Pero hoy en día, la selección de alimentos es más compleja que nunca porque el consumidor se ha vuelto más dinámico y porque se ha reconocido de un modo creciente el importante papel de la dieta en la salud humana.

Se trata de una propuesta que ha llegado a la mesa de diálogo del sistema sanitario, buscando advertir e informar a los consumidores sobre aquellos alimentos procesados y ultraprocesados con alto contenido de sodio, azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y edulcorantes. El objetivo es facilitar una toma de decisión saludable.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), la indebida interpretación de las etiquetas actuales en los paquetes de alimentos dificulta la lucha contra las enfermedades no transmisibles, como la diabetes, el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Es un derecho del consumidor que todos los productos cuenten con un etiquetado frontal, de fácil interpretación, que muestre su contenido nutricional y que les deje claro qué productos son más saludables al momento de elegir.
Chile fue uno de los primeros países en América Latina en implementar el etiquetado de advertencia octogonal, esto debido al incremento del SB-OB en aquel país durante los últimos 40 años. Por ello en 2012 fue aprobada la Ley 20,606 “Sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad” que entró en vigencia en como la «Ley de Etiquetados de Alimentos”, que además de informar a la población de los productos con alto contenido de energía y nutrientes críticos (azúcares simples, grasas trans, grasas saturadas y sodio), regula la publicidad dirigida a menores de 14 años y regula la venta de alimentos que superan los límites establecidos de nutrientes en el interior de las escuelas de nivel preescolar, básico y medio.

En este sentido, el estudio descriptivo transversal de Olivares-Cortes, que tuvo como objetivo evaluar las actitudes y percepciones de niños chilenos de 8 a 12 años después de la primera etapa de implementación de la nueva ley de etiquetado, encontró que el 87,3 % de los niños pertenecientes a familias de nivel socioeconómico medio-alto y el 78,5 % de los niños pertenecientes a familias al nivel socioeconómico bajo señalo que les gustaba ser informados de lo que contenían los alimentos. Sin embargo, la mitad de esta población infantil (53 % de nivel socioeconómico medio-alto y 48 % de niños de nivel socioeconómico bajo), señaló que dejarían de comprar los alimentos que les gustaban si tenían uno o más sellos octogonales.
En el caso de estudiantes de educación superior, el estudio de Contreras-Galleguillos, que evaluó el comportamiento de compra de alimentos con sellos de advertencia, al año de la implementación de la ley, concluyó que los estudiantes con conocimiento nutricional y conciencia de la salud, presentan una actitud positiva hacia la compra de alimentos con baja cantidad de sellos de advertencia. Además, la opinión de terceros influye en la intención y actitud de compra de los encuestados.
En México a través del Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria se plantean diversas acciones encaminadas a frenar el problema de la obesidad y otras enfermedades crónico degenerativas asociadas con la nutrición. Tales acciones son: disminuir el consumo de nutrimentos de riesgo como grasas totales, saturadas y trans, azúcar y sodio; mejorar la capacidad de la población para tomar decisiones informadas sobre una dieta correcta a través de un etiquetado útil y comprensible, fomentar el alfabetismo en nutrición y salud, así como la orientación sobre el control del tamaño de las porciones a consumir. El reto es grande si se toma en cuenta que, aunque el grado de escolaridad en México es de 8.1 años, lo que parecería suficiente para favorecer la educación nutricional, en especial el etiquetado de alimentos, resulta que de acuerdo a las pruebas ENLACE 2009 para evaluar los conocimientos y habilidades de los estudiantes en asignaturas de matemáticas y español, el 54.5% de los alumnos que tienen esa escolaridad tienen un conocimiento insuficiente y el 35.5% un conocimiento matemático elemental.
ETIQUETADO FRONTAL: Cada día crece el interés público por identificar aquellos alimentos que son saludables; para responder a esta necesidad, la tendencia de la industria de alimentos es presentar información nutricional al frente de los empaques (independientemente de la que establecen las regulaciones de cada país sobre ingredientes, tabla nutrimental o información de alérgenos). Esta información adicional es variada y comprende símbolos, calificaciones numéricas o esquemas gráficos para comunicar la calidad nutricional de los productos. Este grupo de números y símbolos presentados al frente del envase es lo que se denomina etiquetado frontal.
Un primer elemento para reflexionar sobre el etiquetado frontal es la delimitación de sus alcances. Independientemente de que sea conciso, claro e informativo, debería cumplir las siguientes funciones:
• Reducir el tiempo para encontrar la información
nutrimental relevante.
• Presentar y evaluar la calidad nutricional de un alimento específico.
• Ayudar al consumidor en la selección de productos
empacados.
• Identificar con facilidad los productos que sustentan una declaración nutricional.
• Facilitar la selección de alimentos para venta en las
escuelas en aquellos países donde existen reglamentos para la venta de alimentos en las escuelas.
• Promover una adecuada alimentación y la reducción del riesgo de enfermedades crónicas asociadas con la alimentación.
• Orientar la decisión de compra del consumidor para que compre un producto determinado sobre otros similares.
Es decir, el etiquetado frontal debe ser una estrategia que mejore la capacidad del consumidor para decidir no sólo el tipo de productos que debe comprar sino las cantidades recomendables para consumir de los mismos. Evidentemente, por sí sólo no puede cumplir con estas funciones y debe estar insertado en un sistema de conocimientos en materia de nutrición que le permitan al individuo interpretar correctamente la información y maximizar sus beneficios.
SISTEMAS DE ETIQUETADO FRONTAL: Los sistemas de etiquetado frontal han sido desarrollados por la industria de alimentos, tiendas de supermercados, organizaciones de comercio o de salud. Se pueden categorizar en aquellos que utilizan un solo símbolo o número para englobar la calidad nutricional del producto y los sistemas que aportan información de tipo cuantitativo para los nutrimentos seleccionados y pueden o no usar símbolos. Aunque la idea de usar un solo símbolo que comunique la calidad nutricional de un producto sea de inicio atractiva, cada símbolo está basado en criterios nutricionales distintos; esto hace que la diversidad de símbolos desarrollados sea amplia, lo que conduce a generar confusión entre los consumidores. Por otra parte, este tipo de sistemas generalmente, sobre simplifican la información, y para el consumidor existe el riesgo de hacer inferencias sin fundamento respecto a un producto o categorías de productos específicos; además d que al juzgar y calificar en términos obvios su función educativa es cuestionable.
Por Rafael Emilio Bello Díaz
