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2 de enero 2026
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OpiniónFrancisco Rafael GuzmánFrancisco Rafael Guzmán

Este Día del Maestro es propicio para elogiar la UASD y sus grandes maestros

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Si señores y señoras, damas y caballeros, el Día del Maestro es un gran día para hablar de los grandes maestros, llamándolos por sus nombres a muchos de ellos, pero no pueden ser mencionados todos, porque no son pocos, sería muy prolijo el artículo y se gastarían muchas páginas o cuartillas, ya que la realidad es que son muchos, aunque no todos tengan tantas notoriedades pero son muchísimos los dignos maestros y no como a veces se quiere decir contrario y denostar al profesorado tanto de las escuela públicas como de la Universidad del Estado, aunque no se puede negar que hay casos de graves inconductas. Incluso hablar de la UASD es hablar de la historia de nuestro país, porque casi desde que llegaron aquellos migrantes europeos en la ciudad de Santo Domingo se fundó la Real y Pontificia Universidad San Tomas de Aquino, con la Bula Papal In Apotulatus Culmine, y la UASD es la continuidad de esa primera universidad de América, aunque se mantuvo cerrada por varias décadas a partir de la ocupación del territorio de la Parte Este de la isla de Santo Domingo por parte de las tropas de Jean Pierre Boyer con la finalidad de obtener recursos para pagar a Francia una indemnización que los haitianos pagaron como precio por liberarse de la esclavitud, pero un precio que no debieron pagar.

Hablar de la UASD es hablar de la Guerra de 1965 y es hablar de los profesores y estudiantes (como el caso de Amín Abel Hasbún), es hablar de Jesús De la Rosa y de otros tantos profesores que participaron en la guerra en defensa del retorno a la constitucionalidad y del gobierno del profesor Juan Bosch. Este se encontraba exiliado en Puerto Rico, contando allí con el respaldo del gobernador Luis Muñoz Marín (hijo del gran educador Don Luis Muñoz Rivera) y también con la solidaridad del rector de la Universidad de Puerto Rico Jaime Benítez. Hablar de los grandes maestros de la UASD es hablar de muchos que han pasado a la posteridad y de muchos que aún viven. La UASD es tan digna academia como son tan dignos y dignas los grandes maestros y maestras y el personal administrativo que le da apoyo a las labores docentes con el trabajo tesonero que realizan esos empleados y empleadas.

Al hablar de los grandes maestros de la UASD no podemos dejar de elogiar al Dr. Andrés Avelino García Ramón (EPD), al Dr. Alberto Malagón Díaz (EPD), hombre considerado próximo al genio en la República Dominicana, al Dr. Juan Isidro Jimenes Grullón (EPD), al Dr. Rafael González Tirado (EPD), al Dr. Manuel Matos Moquete, a la Dra. Amparo Chantada (EPD), a la Maestra Aida Cartagena Portolatín (EPD), a la Maestra María Teresa Quidiello (EPD), al Dr. Francisco Rafael Guarocuya Batista Del Villar (EPD), muy respetado por sus grandes conocimientos, al Dr. Alcides García Lluberes (EPD), al Dr. Jorge Asjana David (académico entregado a La Universidad), al Ingeniero Alfredo Manzano (EPD), al Dr. José Joaquín Bidó Medina (EPD), al maestro Jesús De la Rosa Canó, al Dr. Luis Rafael Gómez Pérez, al Dr. José Joaquín Puello Herrera, al Dr. Enerio Rodríguez Arias, Al Dr. Tirso Mejia-Ricart G. (EPD), al Maestro Jesús Tellerías Castillo, al Dr. Porfirio García Fernández, al Dr. Edylberto Cabral Ramírez, a la Dra. Emma Polanco Melo, al maestro Darío Solano (EPD), al Dr. Roberto Cassá Bernaldo de Quiroz, a la Maestra Isis Generosa Duarte Tavárez (EPD), al Maestro Rubén Arturo Silié Valdez, al Dr. Fernando Silié Gatón (EPD), al Maestro Pedro Miguel Caratini (EPD), al Dr. Antonio Avelino, a la Dra. Rosel Fernández Lerebour, al Maestro Angel Moreta Aguasvivas, al Maestro Eugenio De Jesús Marcano, al Dr. Francisco Bienvenido Báez Evertsz (EPD), a la Maestra Luisa Navarro, a la Maestra Hilda Paula, a la Maestra Carmen Durán, a la Maestra Josefina Zaiter, al Dr. Antonio Avelino García, al Ingeniero José Martínez Laffontaine, al Maestro Máximo Avilés Blonda, a la Maestra Vanna Ianni, al Maestro Luis Shecker Ortiz, a la Maestra Ramonina Nélida del Perpetuo Socorro Brea Del Castillo, al Dr. Luis Rafael Del Castillo Morales (EPD), al maestro Dato Pagan Perdomo (EPD), al maestro Eugenio De Jesús Marcano (EPD), al Maestro Alexi Martínez Olivo, al Maestro José Joaquín Domingo Puello, al Maestro Antonio Sánchez Hernández, al Dr. Servio Tulio Castaños Espaillat (porque fue desaparecido porque no ocultaba su animadversión a Trujillo, fue muy efímero como profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, pero muy bueno por ser intelectual muy agudo), al Maestro Jorge Cela Carvajal, al Maestro Frank Carvajal (EPD), al Maestro Jorge Max Fernández Cueto, a la Maestra June Rosemberg (EPD), entre muchos otros que viven y otros que ya fallecieron pero que los recordamos porque son parte de ese magno legado que representa a la UASD y que hace digna a nuestra Primada de América de ocupar el sitial que ocupar y que el Estado dominicano inicuamente le niega.

La responsabilidad incumplida del Estado con la UASD no es un asunto de entregarle un presupuesto para gastos corrientes de nóminas y otras erogaciones en insumos para la docencia y otros pequeños servicios (el cual debe ser mayor del se le ha entregado en diferentes momentos), ni construir edificios para la UASD en cada pueblo pequeño, sin ninguna planificación que tome en cuentas las necesidades sentidas y las prioridades, si no en reconocer que la Primada es la universidad del Estado y en la cual este debe asesorarse en materia de necesidades de conocimientos científicos y de acciones para la solución de problemas nacionales importantes en Salud, en Educación, en Población y Vivienda y el Ordenamiento del Territorio, en el Orden de la Economía del País y los Ecosistemas, en Distribución del Ingreso y en el Orden Judicial y Penitenciario. Hay que decirlo a los que administran el gobierno, a lo que representan los poderes del Estado, mucho cuidado con los activos de la UASD, ya que esta le duele a muchas gentes, si no queremos el caos total en la sociedad dominicana en vez de aspirar a una sociedad con menos desigualdades.

Por Francisco Rafael Guzmán Fernández

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