RESUMEN
El recién pasado 27 de febrero el presidente Luis Abinader pronuncio un discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional reunida en el Congreso Nacional como un balance exhaustivo de logros económicos, fiscales e institucionales. Lo que nos invita a examinarlo con serenidad republicana y rigor objetivo en el entendido de que la responsabilidad publica no conlleva lecturas complacientes.
En dicha alocución presidencial el crecimiento económico y el aumento de las recaudaciones ocuparon el centro del mensaje. Por tanto, el análisis presupuestario exige distinguir la procedencia real de los ingresos al gobierno. Oportuno es señalar que, la Dirección General de Impuestos Internos DGII, recauda tributos derivados de la actividad interna; tales como ITBIS, ISR entre otros gravámenes derivados de la actividad local, en cambio, la Dirección General de Aduanas DGA, adquiere sus ingresos gravados esencialmente a los aranceles vinculados a las importaciones.
Las recaudaciones aduaneras aumentan solo cuando cresen las importaciones gravadas, el dato fortalece al fisco, pero no necesariamente es productiva. Estructuralmente podría ser neutro, ya que no hay eficacia económica cuando lo que crece es el consumo de los productos importado y esto va claramente en detrimento del productor local.
En cuanto a las zonas francas, estas son reguladas por la Ley 8-90, y, operan bajo un régimen de exenciones concebido para fomentar exportaciones. Generan empleo y divisas, pero sus ventas al exterior no producen recaudación arancelaria directa. Conviene afirmarlo con claridad conceptual, los ingresos de divisas no equivalen automáticamente a ingreso tributario directo. El impacto es indirecto y debe medirse con precisión técnica.
Razones por lo cual, el presupuesto nacional continúa apoyándose parcialmente en préstamos y sigue creciendo la deuda externa con la banca y organismo financieros internacionales. El aumento de ingresos no ha eliminado el déficit estructural. La cuestión, por tanto, no es si se recauda más, sino si se consolida una base fiscal sostenible, o si continuamos prolongado un “equilibrio” sustentado en deuda y consumo de bienes importados.
En materia de obras públicas, la rendición de cuentas no puede reducirse a enumeraciones de “obras realizadas”. La legitimidad del gasto descansa en su impacto verificable, palpable al ojo de la población. Pero como en este caso las cifras anunciadas no guardan proporción con la transformación visible en los territorios, la prudencia exige revisar la calidad de la información y la proporcionalidad del relato. Enumeró una grandiosa ejecución de proyectos en casi todas la provincias del país, pero solo nos tomaremos como referencia el caso de mi natal provincia Bahoruco donde mencionó la ejecución y terminación de veintitrés obras, pero a simple vista la realidad sugiere que el impacto efectivo dista mucho de la magnitud declarada, a no ser cosas menores o procesos en proyectos, mas no nada concluido, a excepción de lo único visible que es el pequeño campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD, cuya dimensión y condiciones estructurales no parece corresponder con las expectativas generadas. Y que conste que ese fenómeno no se limita a una provincia, existe percepciones extendidas en diversas demarcaciones con la obra tangible de que la cifra anunciada no guarda proporción. Eso conlleva investigación, toda vez que, la rendición de cuentas exige correspondencia entre datos anunciado y realidad verificable.
La lucha contra la corrupción fue presentada como eje ético. Sin embargo, la ética pública no se agota en procesos retrospectivos; exige prevención permanente y controles eficaces, especialmente en instituciones sensibles como el Seguro Nacional de Salud (Senasa). La transparencia debe ser práctica constante, no declaración circunstancial. Y así evitar, si aun hay tiempo para ello, que se destapen casos de mayor magnitud del caso Senasa.
La estabilidad es un valor. Pero estabilidad sin transformación productiva puede convertirse en simple equilibrio transitorio. La estabilidad económica no se mide por cuanto importamos, sino por cuanto producimos y sostenemos sin endeudar el porvenir.
Por: José Peña Santana.
