RESUMEN
La filosofía entiende al sujeto como un ser que posee conciencia y voluntad, que reconoce lo que ve o percibe, para actuar en conformidad con sus propósitos particulares. Frente al sujeto se encuentra el objeto. El objeto es una cuestión que existe en el exterior del sujeto, que se presente fuera de él. La conciencia del sujeto y sus acciones van dirigida hacia el objeto.
Sobre este asunto existen dos posiciones antagónicas, la primera afirma (la filosofía idealista), que “no existe objeto sin sujeto”, es decir, el mundo exterior no tiene existencia fuera de la conciencia e independientemente de ella. La segunda, afirma que “el objeto existe independientemente del sujeto.” Es una afirmación del materialismo dialectico, que puntualiza que “sin el ser material, no existe ni puede existir ninguna conciencia.” En ese orden, el materialismo dialectico admite al mismo tiempo, que el hombre (el sujeto), no se queda quieto ante el mundo objetivo, que reacciona en forma consciente sobre él y que modifica al mundo material que le rodea y, que al mismo tiempo se auto modifica asimismo.
Según este punto de vista, existe una acción recíproca entre el objeto y el sujeto, pero, que debemos estar claros, en que esta acción se fundamenta en el objeto. Desde el materialismo dialectico, el sujeto se define como un ente social que posee conciencia y voluntad, que es lo contrario de un objeto que esta fuera de su ser, y se presta a conocerlo, para actuar sobre él. El primero en referirse a este asunto fue Rene Descartes, un filósofo, matemático y físico oriundo de Francia. A Descartes se le considera el padre d la geometría analítica y de la filosofía moderna. Este hombre fue uno de los que protagonizó el inicio de la revolución científica.
Con Descartes entramos a la reflexión de la conciencia sobre sus pensamientos, para convertirse en método filosófico. Desde ahí surge el planteamiento de que, “no existe la verdad ni la libertad.” Que la existencia de la verdad y de la libertad surge desde la visión que posee cada individuo. Se conoce, que para una persona (sujeto social consciente), si no hay verdad ni libertad, entonces, nada tiene sentido.
Es un planteamiento realmente revolucionario que define la presencia del pensamiento moderno. Con Descartes se arriba a una nueva realidad, que supera la evolución que produjo San Agustín en donde se concibe a un individuo consciente en el centro de la fe cristiana.
La nueva realidad en que se desenvuelve el individuo del siglo XXI propone una redefinición del sujeto de la educación. Así, el sujeto cartesiano del conocimiento, base de la acción educativa de la escuela actual, deja paso a un individuo que sufre de una constante inestabilidad en su identidad. El sujeto de la realidad actual no le aporta a ninguna de las instituciones sociales modernas, como ocurría antes.
Es una realidad latente, en donde el estudiante como sujeto educativo se expresa en idiomas no verbales, basados en su sensibilidad y en su corporeidad, y habita los mundos de los códigos tribales, de la pandilla y de las sectas, desde donde plantea su rechazo a la sociedad.
La configuración social, originada en los cambios en la circulación de los saberes, está recreando un tipo de competencias culturales y cognitivas que no parecen apuntar en el sentido de las competencias para la generación de rentabilidad y competitividad, cuestión que debe ser predominante en el campo educativo desde el aula y los laboratorios, ahondando la brecha entre los intereses institucionales y la de los sujetos aprendices.
La superación de esta situación pasa, entre otras cuestiones, por la incorporación de una transversalidad que rompa con el prejuicio que separa a las ciencias de las humanidades y por rescatar aquel tipo de saberes que, no siendo directamente funcionariales, son, sin embargo, socialmente útiles Se trata de los saberes que tienen que ver con situaciones lógica-simbólicas, históricas y estéticas.
Para quien suscribe estos párrafos, la escuela existe para la creación de una ciudadanía consciente, crítica y en capacidad de innovar. Es una visión institucional contraria a la escuela de la manipulación que tiende a socavar la creación de una visión propia en los educandos. He ahí, las dos caras de la moneda.
Por Francisco Cruz Pascual
