RESUMEN
En estos días, la ciudad de Miami se convirtió en el epicentro de una reunión histórica de jefes de Estado del Hemisferio Occidental para lo que podría ser la construcción de uno de los esfuerzos de coalición más coherentes en décadas. Bajo el nombre de “Escudo de las Américas”, los Estados Unidos convocó en esta ocasión a 12 países (República Dominicana entre ellos) para lo que pudiera ser, la agrupación de Estados contra el narcotráfico y el crimen organizado más cohesionada y consistente desde el inicio de la llamada guerra contra las drogas, declarada por el presidente Nixon en 1972.
De la cumbre celebrada en Miami se pueden hacer diversas lecturas: si bien es cierto que el combate coordinado y consistente contra la criminalidad organizada y sus ramificaciones en la región es latente, la otra gran amenaza a los intereses de los Estados Unidos y que también va en contra de los mejores intereses de los países que nos encontramos al “sur de la frontera”, es la agresiva expansión de la China comunista en la región. Esto último no es casualidad, ya que la chequera pekinesa es amplia y las necesidades en nuestra región son muchas.
Sumado al hecho de que sigue el sentimiento antinorteamericano o de desconfianza en buena parte de la región (en algunos casos con cierta razón). Pero por más justificaciones que pueda haber para desconfiar del imperio más cercano, la influencia del “socialismo con características chinas» (citando a Deng Xiaoping) es aún más lesivo al desarrollo e idiosincrasia de nuestra región.
La forma con que el comunismo chino impone su modelo de desarrollo no tiene miramientos con el estado de derecho, respeto y dignidad de cada ser humano, la transparencia y las libertades fundamentales. El ejemplo similar más claro de esto fue el de la disuelta Unión Soviética en el siglo XX.
Pero, a pesar de que frenar el expansionismo de la China comunista sea la raison d’être de esta nueva coalición, no es menos cierto que el desarrollo del crimen organizado como Estado paralelo es quizás la principal retranca para el avance de nuestras naciones. La falta de oportunidades en una economía formal, la profundización del ciclo de la violencia, la corrupción rampante, las concentraciones económicas, la excesiva burocracia, la debilidad (o complicidad) estatal en la perpetuación de este modelo precario de subsistencia y convivencia, hace que los incentivos a la comodidad, a la informalidad, al desacato de la ley y la participación fuera de la comunidad política sean aún más ventajosos que los de la cohesión social dentro un Estado de derecho mínimamente funcional. Pero, al menos tanto el presidente Trump como el Secretario de Estado Rubio hicieron una especie de mea culpacuando a regañadientes admitieron que por décadas muchas administraciones abandonaron o no le dieron prioridad a los vecinos dentro del Hemisferio Occidental. Parece ser que ya eso no será así, y las acciones realizadas contra la dictadura venezolana y cubana, así como la reanudación de la lucha contra el narcotráfico en México así lo confirman.
Para la República Dominicana, la oportunidad es única. Por un lado y como hemos afirmado en otra entrega, los intereses de seguridad de la mayor potencia del mundo convergen con los intereses para la supervivencia y estabilidad del Estado y la nación dominicana en torno al colapso del Estado haitiano con sus fatídicas consecuencias, como también la necesidad de la expansión de la criminalidad organizada en la economía, la política y también en la cultura.
Si el gobierno de los Estados Unidos despliega esfuerzos coherentes, como ha venido haciendo y parece que hará, los actores políticos y empresariales dominicanos, tanto los que hay como los que vendrán, se verán compelidos a cambiar muchas prácticas e ideas vigentes, porque eventualmente se verá quién es quién y el doble rasero, el querer estar bien con todo el mundo o el no calentarse con nadie, dejará de ser una opción y la alternativa a esto será tomar decisiones consensuadas pero coherentes. La pelota estará en nuestra cancha y solo nosotros podremos cambiar, poco a poco, el modus operandi de las relaciones Estado-ciudadano, así como también un modelo económico que actualmente solo prioriza el crecimiento, pero no el desarrollo integral.
Ojala y nuestros líderes en todos los ámbitos de la vida nacional puedan hacer una lectura acertada del momento histórico que estamos viviendo. El tiempo y su accionar dirán.
