RESUMEN
La sociedad dominicana actual tiene un millón de jóvenes, que tan sólo tienen oxígeno y sangre en su cuerpo. Nada más que eso. Adolecen de un conjunto de cualidades psíquicas y sociales que les permitan desarrollar una vida plena, en perspectiva y en realidad.
Esos jóvenes viven y conviven con todos nosotros. Son, en muchos de los casos, nuestros amigos, vecinos y hasta prestadores de servicios de mecánica, parqueadores, repartidores, seguridad de locales comerciales, mototaxi…en fin, jóvenes que viven sobreviviendo.
Carentes de toda capacidad de análisis, existen con la esperanza de ser grandes hombres y mujeres, con una vida próspera en términos económicos y, estable en el aspecto familiar. Deliran con ser madres entregadas y padres protectores, sin nada que les falte a ellos o a sus congéneres.
Carentes de todo nivel formativo y de raciocinio, fantasean mucho y hacen poco. Es así como son empujados a las calles producto de la misma presión social que los lleva a cometer todo tipo de infracciones: robos a mano armada, sicariato, sustracción de vehículos, clonación de tarjetas, tráfico de estupefacientes, prostitución y un largo etcétera.
Ese millón de jóvenes, protagonizan los más deprimentes espectáculos sociales, con su retahíla delictuosa que, a diario engalanan las principales portadas de la prensa nacional. Son el resultado de los amplios programas sociales, que desde el 1996 han desarrollado los sucesivos gobiernos de Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina. Son el producto de los programas educativos inclusivos y de formación técnica, de los incontables ministros de educación, asistencia social y formación técnico-profesional.
Se han convertido en bombas de tiempo que ponen en peligro la seguridad de todos y que hacen de los hogares, cárceles particulares, donde los barrotes, las cámaras, los perros y las alarmas resultan insuficientes para llevar tranquilidad física y psíquica.
Decía Dostoievski que ¨sufrir vejaciones y ver arrebatada la dignidad pueden ser la antesala para el surgimiento de ignominias y ruindades. Una sociedad que humilla multiplica las maldades entre los humillados¨ y aquí, tenemos que preguntarnos qué tan culpables son nuestros gobernantes de las maldades que exhiben estos jóvenes excluidos sociales, como consecuencia de sus desmedidas actividades corruptivas que les negaron educación y la posibilidad de ser grandes hombres y mujeres de bien.
¨La maldad es un secreto inconfesable. Una Memorias del subsuelo que a pocos amigos confesamos. Que nos atormentan en la clandestinidad¨, decía Dostoievski. Estos males sociales que hoy nos ponen en peligro, es el resultado de esa maldad inconfesa de quienes tuvieron la oportunidad de hacer y no no hicieron y, hoy se exhiben como incorruptos y mayestáticos.
Esta maldad colectiva que vive la sociedad dominicana se exhibe en todos los extractos sociales y económicos. No la podemos ocultar en el subsuelo de nuestros secretos, porque todos sabemos las intenciones de cada uno. Solo nos queda fingir, vivir de la apariencia de una decencia que brilla por su ausencia. Estamos a tiempo de enfrentar estos males, a menos que ustedes crean que quede un lugar donde esconder la maldad.
Por: Florentino Paredes Reyes
