RESUMEN
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Es muy penoso y lamentable que aquella revolución sandinista, encabezada por jóvenes de primera generación, haya terminado como una caricatura de mala calidad.
Con ella no honran ni a su inspirador el general César Augusto Sandino, ni a su asistente, el dominicano Gregorio Urbano Gilbert, héroe nacional, ni a los caídos en aquellas jornadas contra el imperialismo y la dictadura.
Daniel Ortega ha terminado siendo un dictador, que hoy apresa a sus propios compañeros de lucha guerrillera y de los primeros años de gestión.
Desaparecieron aquellas esperanzas para volver a las pesadillas. Hoy la represión, el apresamiento y el exilio son parte esencial de su intento por perpetuarse en el poder.
Y es una pena.
