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13 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

Entre revoluciones y revolucionarios

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RESUMEN

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La segunda mitad del siglo XX en América Latina se caracterizó por un conjunto de agrupaciones, que buscaban la conquista del poder político, por medio de las armas. Esa forma de desafiar el orden institucional para alcanzar el poder, se inspiró en la revolución Rusa del 1917 que eliminó la dinastía de los zares, quienes se vieron obligados a abdicar, dando paso al gobierno bolchevique, de tendencia comunista conocido como el Sovnarkom.

Dividido el mundo en dos ideologías como consecuencia de la Guerra Fría (socialistas y capitalistas), muchos líderes internos de países latinoamericanos creyeron que podían hacerse con el santo y la limosna y, se armaron hasta los dientes, junto a aquellos partidarios que le siguieron en sus aventuras.

Promovida como el símbolo de las luchas antiimperialistas de América Latina, la triunfante Revolución Cubana del 1959, sirvió de aliento entre quienes vieron posible, llegar al poder sin las tediosas campañas electorales, donde hay que discursear, convencer a sus seguidores, aceptar las críticas de los opositores y ser refrendado por la validación de los órganos rectores. Desde el cono sur de América, hasta las islas del caribe, se crearon grupos guerrilleros que promovieron mentiras y ocultaron sus verdaderas intenciones.

Ser revolucionario, se convirtió en una moda, llegando a existir en un solo país hasta 26 tropas que, peleaban entre ellas por los cobros a los campesinos, extorciones a los empresarios y las tierras en las zonas de conflicto. Cada guerrilla tenía su verdad y propia visión del Estado. Obtenían armas (cada vez más modernas) que, repartían entre su ejército particular como en los tiempos de los chamanes de las culturas precolombinas o los caciques de las islas caribeñas. Robar, matar, violar, secuestrar y cobrar rescates, era válido si obtenían notoriedad como guerrillero o como guerrilla.

Los soldados se obtenían a las buenas o a las malas. Las familias campesinas debían aportar a sus hijos en edades comprendidas paras la guerra. Las niñas eran violadas por los líderes y luego, entregadas a sus edecanes y así, pasaban de mano en mano, hasta que servía en las labores de cocina, lavar la ropa o, empuñar un arma para ser parte del ejército.

Matar poblados enteros de campesinos cuando se negaban a entregar sus cosechas, pagar peajes o donar sus hijos para la causa; detonar atentados para mostrar al gobierno de lo que se era capaz; asociarse con narcos a cambio de dinero para la compra de armas y municiones; fueron algunas de las acciones que marcaron diferencia entra la intención y la acción de los guerrilleros. En todo caso, con terribles resultados para los pueblos.

El mejor ejemplo lo constituye la Revolución Cubana, que tuvo entre sus objetivos, llamar a elecciones libres y recuperar el orden constitucional democrático. Al llegar al poder, se olvidaron del orden constitucional, siendo intolerantes con los disidentes, suprimiendo las libertades colectivas, nacionalizando, es decir apropiándose de cuantas empresas y terrenos, les permitió su codicia.

La educación cubana, fue alardeada como una de las mejores. El adoctrinamiento colectivo y por demás gratuito, fue convertido en instrumento para doblegar voluntades y hacer entender que el imperialismo yanky, era el único culpable de los males presentes y las calamidades futuras. Luchar contra ese enemigo imaginario, unificó a los pocos ingenuos que, a base de un estricto control estatal sobre los medios de comunicación, las armas y hasta la comida, mantienen los líderes insurrectos. Abrazar la revolución, era la única garantía de no ser perseguido, encarcelado o desaparecido.

Por un plato de comida extra, el pueblo cubano (muy revolucionario) abarrotó las escuelas, universidades y las ligas deportivas. Ser estudiante o deportista merecía la consideración de los Castros. Estos dos campos, educación y salud, ondearon la bandera de la victoria en playas extrajeras y eso había que exhibirlo, mostrarlo y restregárselo en la cara a aquellos enemigos, reales o imaginarios, que criticaron el milagro de enero del 1959. Pero el fenómeno no contó, con la gran cantidad de atletas disidentes que desde que sacaron un pie de la isla, se acogieron al exilio para proteger sus vidas.

La nueva jugada de la revolución no se hizo esperar, los siguientes atletas o estudiantes que salieran de Cuba y optaran por no volver al paraíso, serían separados de sus familiares, incautados sus bienes y no se les otorgaría ninguna documentación oficial, que los acreditara como cubanos. Así de simple, se creó una diáspora cubana que no era cubana. Sin contacto con sus familias, sin poder enviar ayudas, sin documentación y sin poder regresar.

Esas persecuciones no impidieron que un enjambre de cubanos abandonara el país entre los años de 1960 y 1980, lo que se denominó el exilio cubano. Famosos fueron los nombres de Reinaldo Cruz, Ángel Padrón, Mario Benítez, Marcelino González y Nelson López Estévez, los primeros cinco balseros en huir del país en una balsa casera que constaba de 8 llantas de camión y cañas de bambú. Los cubanos en Estados Unidos se describen como refugiados políticos. Este estatus les ha brindado un tratamiento diferente bajo las regulaciones de Inmigración de los EE. UU. en comparación con aquellos inmigrantes de otros países, dadas las persecuciones en su contra.

Sesenta años después ahí están los resultados de los grupos revolucionarios de Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Panamá, Cuba y Ecuador.

Para hacer más ilustrativita la conclusión de este análisis, tomemos la realidad actual de Haití. Jimmy «Barbecue» Chérizier, encabeza una revolución en favor del pueblo haitiano. Dice querer unas mejores condiciones de vida para sus hermanos y justifica sus acciones, contra el propio pueblo, arrasando todo a su paso. De eso llegar a tener tener éxito, lo cual es una posibilidad, habrá quien escriba loas de esa ignominia y, no nos sorprendamos si en la postrimería, nuestros hijos o nietos rinden culto a un héroe haitiano apodado Barbecue, porque la historia de los pueblos de América ha transcurrido de este modo, entre revoluciones y revolucionarios.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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