RESUMEN
El panorama tecnológico local ha sido catalizado gracias a la reciente designación del Ingeniero Jimmy Rosario Bernard como nuevo rector del Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) y la participación del presidente Luis Abinader en la Cumbre Mundial de Gobiernos en Dubái convergen en un momento que exige reflexión profunda sobre la distancia entre nuestra narrativa tecnológica y nuestra realidad estructural.
Mientras los titulares celebran la internacionalización y la alineación con la inteligencia artificial, los indicadores globales nos recuerdan una imagen menos halagüeña: República Dominicana cayó al puesto 97 en el Índice Global de Innovación 2024, nuestro nivel más bajo desde 2012.
Profundidad versus certificaciones
La visión del nuevo rector de alinear al ITLA con los avances de la inteligencia artificial es necesaria, pero insuficiente si no aborda el problema medular que hemos denominado el «Efecto Pokémon» en el talento tecnológico dominicano.
Desde 2023 vengo advirtiendo sobre esta tendencia donde los profesionales TI «capturan» certificaciones superficiales sin desarrollar competencias profundas. Según DevSkiller, el 70% de los desarrolladores de software sobrestiman sus habilidades en al menos una tecnología clave.
El desafío para la nueva gestión no es simplemente incorporar cursos de IA al currículo, sino transformar la filosofía educativa. Necesitamos formar «arquitectos del aprendizaje digital» capaces de diseñar trayectorias profesionales estratégicas, no coleccionistas de credenciales.
El Foro Económico Mundial proyecta que el 44% de las habilidades laborales requerirán actualización en los próximos cinco años debido a la transformación digital. ¿Está el ITLA preparado para liderar esa reconversión?
La respuesta exige que el instituto trascienda su rol tradicional y se integre en una red homologada de estudios digitales junto con INFOTEP, los Centros Tecnológicos Comunitarios y las universidades. Solo así podremos liberar la ruta del conocimiento que actualmente permanece fragmentada y desarticulada.
El síndrome del «Bulto, Allante y Movimiento»
La crítica sobre la cobertura mediática que prioriza la apariencia sobre la sustancia no es nueva en mi análisis del ecosistema digital dominicano. Lo que describo como el factor «BAM» (Bulto, Allante y Movimiento) caracteriza un entorno donde se comunica la innovación por necesidad de notoriedad, desatendiendo los detalles profundos de gestionar un negocio digital real.
El problema trasciende el periodismo tecnológico. Cuando la innovación se convierte en capital político, la dirección de la gestión favorece iniciativas que benefician a los mismos actores clave, generando un modelo que no es neutral ni equilibrado. Se celebran startups sin tracción financiera real mientras se ignoran emprendimientos exitosos menos mediáticos.
Esta distorsión afecta las percepciones de inversionistas potenciales y perpetúa lo que he llamado la «industrialización simbólica», donde imitamos las formas de una política industrial avanzada (anuncios, acuerdos, memorandos) sin poseer los fundamentos técnicos o humanos reales.
La caída de siete posiciones en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (del puesto 6 al 9 en el ILIA 2025) se produce mientras celebramos progresos absolutos sin contexto relativo. La prensa tiene la responsabilidad de exigir métricas de impacto real: patentes registradas, empleabilidad efectiva de graduados tecnológicos, exportación de servicios digitales, y no simplemente reproducir comunicados institucionales.
Geopolítica de la cooperación tecnológica
La participación presidencial en foros globales responde a una necesidad estratégica innegable. El país se encuentra en medio de una reconfiguración geopolítica tecnológica donde potencias como Estados Unidos y China compiten por la hegemonía en semiconductores, inteligencia artificial y computación cuántica. República Dominicana debe definir su posicionamiento en estas cadenas de valor globales.
No obstante, persiste un error estructural que he señalado desde 2021 cuando se creó el Gabinete de Transformación Digital (Decreto 71-21): el Presidente de la República no debería ser el «líder de la innovación». Un gobernante no puede admitir debilidad o atraso, condiciones necesarias para innovar genuinamente. Insistir en modelos centralistas como consejos presidenciales limita la agilidad y la experimentación que caracterizan a los ecosistemas tecnológicos exitosos.
La Estrategia Nacional de Fomento a la Industria de Semiconductores (ENFIS) y las metas de aumentar en 50% los graduados STEM para 2030 son ambiciosas. Pero debemos distinguir entre manufactura (maquila) y soberanía tecnológica real, que requiere propiedad intelectual y diseño local. La inversión proyectada en IA (aproximadamente 10 millones de dólares en 2024) palidece ante el consumo proyectado (300 millones de dólares para 2025), posicionándonos más como consumidores que como productores de tecnología.
Un ecosistema de ejecutoria, no de narrativa
La convergencia de estos tres elementos, el nuevo liderazgo del ITLA, la crítica mediática y la proyección internacional, nos ofrece una oportunidad para recalibrar nuestro enfoque. El camino hacia el liderazgo tecnológico regional exige:
Primero, sinceridad sobre nuestro atraso. Hemos saltado etapas de digitalización y sin ese reconocimiento honesto, la innovación no será real. Segundo, enfoque en la ejecutoria sobre la narrativa, dejando que los datos, los flujos y la automatización definan nuestra historia. Tercero, colaboración multisectorial genuina, integrando a la sociedad civil y al sector privado en la mesa de diseño de políticas, no como espectadores aplaudiendo en inauguraciones.
Propongo la creación de un Observatorio Nacional de Innovación independiente, compuesto por sector privado, academia y sociedad civil, que audite y publique métricas reales de impacto para contrarrestar la «industrialización simbólica» y guiar las inversiones educativas hacia demandas de mercado validadas.
El rector Rosario Bernard tiene ante sí la oportunidad de transformar al ITLA en el catalizador de esta nueva visión. El presidente Abinader puede aprovechar los foros internacionales para atraer inversión real, no solo memorandos de entendimiento. Y la prensa puede elegir entre perpetuar el síndrome BAM o convertirse en vigilante crítico del progreso real.
El Wi-Fi, cuyo 25 aniversario celebramos el año pasado, no surgió de un inventor único ni de una narrativa mediática, sino de la colaboración estructurada de cientos de ingenieros y más de 100 empresas competidoras bajo la guía del IEEE. Esa lección de colaboración sin protagonismos individuales es la que debemos adoptar si aspiramos a que la tecnología trascienda fronteras y culturas también desde República Dominicana.
El momento de actuar es ahora. La colaboración es una necesidad imperativa para nuestro futuro digital.
El autor es empresario tecnológico, fundador de Tabuga y autor de «Economía Digital: un motor de cambio para la República Dominicana».
Por: Arturo López Valerio.
