RESUMEN
Hace días, caminando por un centro comercial, me encontré con una tienda que tenía una forma muy particular de promocionar sus mercancías.
Regularmente, cuando uno va caminando en este tipo de centros, suele ver los productos que se ofertan en las diferentes tiendas a través de escaparates transparentes.
Extrañamente, esta vez, caminando por el mall, vi una tienda con los escaparates tintados y un letrero grande que decía «entra y verás por qué nuestros precios son transparentes»; evidentemente, la curiosidad se apoderó de mí y entré a averiguar la razón de ese mensaje.
Al entrar, encontré una cantidad inmensa de vitrinas transparentes con productos de altísima calidad, a precios muy buenos y que incluían, además, todos los impuestos y cargos adicionales detallados y transparentados. Sin dudas, lo anteriormente dicho comenzó a despejar mi curiosidad, pero no me contuve y, al tiempo que adquiría algunos productos para aprovechar los buenos precios, le pedí a la joven que me atendía que me explicara un poco más de esa interesante manera de vender y ella, con una sabiduría reflexiva impresionante, me dijo, con la voz llena de razón: «Lo que pasa es que nosotros apostamos al fondo y no a la forma».
Reflexionando sobre esto, aunque confieso que ya lo había hecho otras veces, reafirmé, haciendo el símil con la administración pública, que muchas veces servir la información ante los escaparates de la «Transparencia» con la mera intención de conseguir una puntuación en un indicador no siempre es lo más transparente; todo lo contrario, a veces el cristal transparente de los portales de libre acceso solo sirve para presentar productos llamativos, pero también para esconder lo verdaderamente nodal.
Tanto es así que, al ver las puntuaciones en los portales de transparencia y otros, de muchos de los funcionarios encartados o señalados por el escarnio público del pasado y actual gobierno, les puedo asegurar que la reflexión mía y la moraleja de la tienda pasa a ser cuasi axiomática.
Por Mihail García
