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6 de enero 2026
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OpiniónDamasco JiménezDamasco Jiménez

Entre el estómago y el espíritu: Cultura de masas y trascendencia en la República Dominicana

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«La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir». —Milan Kundera

Iniciar un texto de opinión citando a un maestro europeo para explicar la cultura de masas en nuestro país puede interpretarse como pedantería e incluso correr el riesgo de no lograr contextualizar lo que se quiere mostrar. Es lo que nos pasa con frecuencia cuando calcamos planes de otras naciones como si usáramos papel mantequilla.

Umberto Eco, en su libro Apocalípticos e integrados, plantea una serie de consideraciones sobre dos grupos: los apocalípticos y los integrados. El primero, siempre minoritario, ve la cultura de masas como una amenaza a la alta cultura. Los integrados, en cambio, aceptan la cultura de masas como parte inevitable del desarrollo social.

Hoy, la cultura de masas es mucho más penetrante que cuando Eco estudió este fenómeno. En el cine tenemos las películas de Marvel y DC; en las series, La casa de papel; en la música, BTS o Bad Bunny; en las redes, TikTok; y en el consumo, productos como Coca-Cola.

En la República Dominicana se da una sinergia interesante: tenemos tanto la Casa de Alofoke como la Semana Sinfónica. Para ricos y pobres, la cultura se vive de maneras diferentes, aunque ambas coexisten en la misma sociedad. Para el primer 1 % de la población, la cultura es un lujo que va desde el placer hasta la espiritualidad. Para el segundo grupo, la cultura de masas es un medio de superación económica. Unos apelan al sentido de trascendencia; otros viven desde el sentido del estómago.

En entrevistas donde las clases están muy marcadas, suelen repetirse dos frases: “En mi tiempo libre me dedico a las artes plásticas o a la literatura” y “Yo quiero pegar un tema para ayudar a mi familia”.

No hay ni malos ni buenos. La cultura es un término en debate en la época moderna, desde el lenguaje, la música, hasta las artes. Por eso es necesario mantener una postura crítica, reconocer las ambigüedades entre ambos mundos y aprender a consumir con mesura.

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