RESUMEN
CAMBIA EL CHIP
El caso Senasa, hoy en los tribunales y bajo el debido proceso que garantiza la presunción de inocencia, ha sacudido al país por una razón que va más allá de lo jurídico: nos ha obligado a mirar de frente lo frágil que puede ser nuestra humanidad cuando la salud pública se ve comprometida.
No hablamos solo de expedientes. Hablamos de personas. De ancianos esperando medicamentos. De familias que confían en un sistema que debe protegerlas. De vidas que dependen de un derecho que es innegociable: la salud.
Y aun sin emitir juicios, porque eso le corresponde únicamente a la justicia, surgen reflexiones inevitables: ¿En qué momento empezamos a ver al otro como un número, y no como un ser humano? ¿Qué nos pasó como sociedad para permitir que lo esencial se vuelva vulnerable?
Cuidar la salud no es solo una obligación institucional; es un acto profundo de humanidad.
Y cuando ese pilar se tambalea, nos tambaleamos todos.
Hoy no basta con preguntarnos qué clase de sociedad queremos ser. También debemos ocuparnos.
Ocuparnos volviendo a mirarnos como seres humanos y no como cifras.
Ocuparnos recuperando el valor de la empatía, del cuidado, del respeto.
Ocuparnos construyendo un país donde la dignidad y la vida de cada persona sean intocables.
Porque solo cuando volvamos a reconocernos en el otro: Con su fragilidad, con su historia, con su derecho a vivir con dignidad. Será más difícil que alguien convierta una vida en un número. Y será imposible jugar con lo que jamás debió ponerse en riesgo: la humanidad que nos sostiene a todos.
Cambiemos el chip.
Por Elizabeth Mena
