ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
15 de febrero 2026
logo
5 min de lectura Análisis

En la guerra Rusia-Ucrania, «la primera víctima es la verdad»

Los "Tres Grandes" de este tiempo, como lo fueran Roosevelt, Churchill y Stalin en la segunda guerra mundial.
Compartir:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

«En tiempo de guerra, la primera víctima es la verdad».

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La guerra ruso-ucraniana ha dado un paso más y se ha convertido en una guerra de propaganda coronada por noticias falsas y manipulaciones a granel. El Kremlin acusa a Ucrania de estar «nazificada» y de representar una terrible amenaza nuclear para Moscú. Poco falta para llamarle terrorista y títere extranjero. No es la primera vez que sucede: «En tiempo de guerra, la primera víctima es la verdad». (No es el momento de dilucidar la autoría de esta frase, atribuida por igual a Lord Ponsonby, a Hiram Johnson y a otros.)

Es una guerra de relatos y discursos fabricados, con el gran fondo de la posverdad. En su retórica, Putin pretende desdibujar -o devolver- la pesada acusación que se le hace. Es más: reinvoca el catastrófico escenario de la segunda guerra mundial. El líder ruso podría ser ahora mismo «El Nuevo Zar» o «El Nuevo Hitler» para los más ácidos. Su objetivo es señalado y vituperado por el mundo occidental: querer revivir el deshilachado imperio soviético.

La URSS fue una bestia histórica que devoró a Europa del Este, pero se pudrió en sus entrañas y se desangró. Así, la Unión Soviética se desmoronó y se despelotaron las naciones de la fauna rusa. El rompecabezas se rompió, sobrevino el parteaguas y el despelote de las naciones exsoviéticas.

Resumen diario de noticias

Recibe en tu correo las noticias más importantes del día

Sin embargo, el oso ruso no estaba muerto: solo agonizaba, escondido y acorralado tras «la cortina de hierro». Fue un parteaguas la Perestroika de Gorbachov. La agonía latía fuerte en el corazón del monstruo ruso, que daba sus últimos estertores y coletazos.

En su brillante agonía, el gigante tuvo que soltar en banda a sus satélites: Ucrania, Rumanía, Cuba inclusive. Su palidez solo era comparable al vigor de la super potencia americana. Estados Unidos arrinconó y cercó a Moscú, creando la poderosa Organización del Atlántico Norte (NATO) en 1949. Era asfixiante esta coalición europea con patrocinio USA.

El muro de Berlín desveló la podredumbre soviética y abrió un mundo de fantasías e imaginaciones, todas coronadas con el nervioso «fin de la historia» de Fukuyama.

La URSS se transformó en la Federación Rusa, alimentada por pequeños satélites. El imperio volvió a respirar, tuvo oxígeno suficiente y dio las primeras señales de aliento. La resurrección no fue solo de la URSS sino también de la Guerra Fría.

Se calentó la Guerra Fría e hirviendo está ahora. El corazón del conflicto está en Ucrania, cuyo vientre alumbró a la espléndida Rusia de los zares. En Kiev nació una poderosa nación euroasiática. La guerra actual es una hecatombe fratricida.

Ese conflicto, que de álgido pasó a cálido, tiene ahora un actor estelar: la gran China Popular. El dragón asiático está al acecho, y seguramente piensa que está ganando la guerra sin disparar un solo tiro. Hay más. Putin estaría como un niño mecido en los brazos de Xi Jinping, que lo atiza animándolo al conflicto aterrador. Es su pupilo euroasiático.

El discurso atizador del Kremlin arroja un volcán. Según Moscú, Ucrania caería en manos de la OTAN y se volvería, así, un peligroso enemigo de la gran Rusia del ‘Nuevo Zar’. Para esto, Kiev se estaría enredando en los espléndidos intereses de Occidente, es decir, de Estados Unidos y sus aliados europeos y japonés. La amenaza es tal, que Ucrania está a punto de convertirse en una soberbia base de operaciones militares anti-rusas.

La guerra mayor sería apocalíptica. Ningún lugar es seguro. Rusia invadió Ucrania en una operación relámpago que ha salido más cara de lo esperado. Se ha encontrado una fuerte e irritante resistencia, en los puntos urbanos ocupados por las fuerzas rusas.

Crisis humanitaria, sanciones financieras

La crisis es humanitaria. Más de millón y medio de ucranianos han huido de la carnicería, refugiándose en otros países. Polonia se ha convertido en un gran asilo para miles de familias arrojadas al frío y forzoso exilio.

Ahora como antes, la razón podría estar repartida a partes iguales entre las partes en conflicto. Por el momento están saltando las chispas del relato oficial de uno y otro lado, con discursos incendiarios y aparentemente racionales, tanto de Rusia como de Ucrania.

La acometida violenta y monstruosa de Putin ha encontrado fuertes sanciones financieras por parte del bloque occidental. En esto está unido Occidente. Pero esas sanciones extremarían al intrépido Putin y radicalizarían aún más las pasiones del Kremlin. Las últimas sanciones son más bien tecnológico-financieras, con suspensión de servicios bancarios. El objetivo sería arruinar la economía rusa y despedazar el rublo.

La escalada bélica sería mucho mayor, alcanzaría un pico super peligroso. Estados Unidos está interviniendo de forma indirecta, tal y como lo hizo en los primeros años de la lejana segunda guerra mundial. El ataque a Pearl Harbor fue el parteaguas que obligó a la entrada abierta en el conflicto. La declaratoria oficial de guerra siguió al 7 de diciembre de 1941, «el día que vivirá en la infamia».

Algo así podría suceder en estos momentos calientes. Si mataran o afectaran soldados estadounidenses, el gigante de América se despertaría e ingresaría activamente en la guerra.

El poderoso Putin impondrá castigos severos contras las personas que lancen o hagan circular rumores falsos sobre las fuerzas militares. El que apoye las sanciones antirrusas, también sería castigado. El castigo sería carcelazos y paredones. Esto evitaría una guerrita sucia en las mismas entrañas del gigante eslavo. Putin se revela más autocrático que nunca.

De hecho, miles de manifestantes han sido arrestados en distintos puntos de Rusia. Se les considera quintas columnas o «caballos de Troya».