EL NUEVO DIARIO, IRAK. -Las fuerzas armadas iraquíes han obtenido sus objetivos militares y políticos en su guerra con Irán y ahora el gobierno de Bagdad busca la negociación y la paz. Chatt El Arab era el punto principal de las reivindicaciones iraquíes. Este paso marítimo es vital para la libre navegación de los buques petroleros y el mundo occidental trata por todos los medios de evitar una catástrofe en sus abastecimientos
La polémica entre Washington y Moscú ha girado alrededor de las posibles mutuas injerencias en la zona pero no ha pasado de ahí. Tanto los americanos como los soviéticos han sido cautos y Moscú ha declarado una y otra vez su intención de no dificultar por ningún motivo el paso del petróleo.
Bagdad, a pesar de no mantener relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, ha mostrado claramente con su alianza con Jordania que no desea unirse al frente antioccidental intentado por Siria y Libia aliadas de la URSS en el Medio Oriente.
Por otra parte, la Unión Soviética se mantiene a la expectativa frente al caótico desarrollo de la política iraní, busca su oportunidad de incrementar su influencia, pero básicamente desea un interlocutor en Teherán que permita mantener congelado el eventual frente geopolítico conformado por la inmensa frontera de la URSS con Irán.
En lo que se refiere a los Estados Unidos sucede un poco lo mismo, sólo que la llegada de Reagan al poder puede significar una política más decidida frente a Jomeini y sus fanáticos integristas.
En Irán hay claramente tres fuerzas que se disputan el poder, aunque la guerra ha producido una tregua táctica.
Jomeini y los integristas musulmanes dictan la ley en estos momentos, pero no cabe duda que las fuerzas armadas iraníes. han ido ganando terreno y se han reorganizado en cierta medida.
La tercera fuerza, aunque muy sutil-mente, se está formando en torno al presidente Bani Sadr. A medida que la guerra desgasta las reservas de abastecimientos y la moral del ciudadano común de Irán, la fuerza de Jomeini se debilita. Es preciso considerar que la fórmula de fiel-infiel es demasiado maniqueísta para cientos de miles de iranís, especialmente para los cuadros que se han educado en Occidente.
La alternativa para la política iraní se centra, en el futuro, ya sea en las fuerzas armadas o en los neodemócratas de Bani Sadr que cuentan con el apoyo de los comerciantes del Bazar y también con una eventual alianza con la izquierda iraní, actualmente atomizada por Jomeini.
WASHINGTON Y EL FUTURO IRANI
Para Estados Unidos lo que sucede es de gran importancia, de mucha mayor que el «asunto» de los rehenes. Un gobierno aliado en Teherán supone al Pentágono recuperar la influencia que tenía en tiempos del Sha y amagar constantemente la frontera Sur de la Unión Soviética.
Aparentemente es imposible para la Casa Blanca llegar a un acuerdo con Jomeini. Para Jomeini también es difícil dar frente a los norteamericanos ya que ha basado toda su política en acusar a Estados Unidos de ser el culpable de los males de su país. El anti-comunismo de Jomeini no compensa las inquietudes norteamericanas frente al fanatismo del imán.
Una solución ideal para Washington sería que se estableciera en Teherán un gobierno formado por militares amigos -no hay que olvidar que miles de oficiales iraníes se han formado en Estados Unidos- que contara con la tolerancia de Bani Sadr y que al mismo tiempo neutralizara completamente la izquierda de tipo marxista.
En el caso de no lograrse este objetivo ideal, un gobierno fuerte de los militares estaría muy de acuerdo con las teorías de mano dura de Reagan.

Pero mientras tanto Jomeini sigue en el timón y esa es la razón de Washington no muestra ningún interés en que termine la guerra entre Irán e Irak.
El Pentágono está a la espera de tener un interlocutor de fiar, la guerra es, por ende, un factor positivo y la diplomacia norteamericana se ha negado sistemáticamente a considerar los llamados de Bagdad para establecer la paz.
Por su parte Moscú, mantiene relaciones correctas con Irak ya que ha renunciado a interferir en sus problemas políticos internos.
Esta actitud soviética permite relaciones pragmáticas y amistosas entre Moscú y Bagdad pero los dirigentes ira-quies saben muy bien que sólo pueden contar con sus propias fuerzas y la de los árabes unitarios para mantener su política de país no alineado y seguir reparando la Conferencia de países no alineados prevista para el año 1982 en Bagdad.




