RESUMEN
A veces un encuentro sencillo alcanza para más de lo esperado. Recientemente participé en uno en donde había comida, risas y música. El tiempo pasó rápido, como suele pasar cuando estamos con personas queridas.
Pero lo más importante no fue lo que se comió o bebió, sino lo que se compartió. Fue una conversación sin agenda, sin presión, sin metas ocultas. Y eso marcó la diferencia.
Entre anécdotas y recuerdos apareció una frase común: “no me rinde el día”. Todos asentimos. Vivimos corriendo, saltando de tarea en tarea. Sin embargo, esa noche hicimos algo distinto: nos detuvimos. Escuchamos. Pensamos. Disfrutamos el momento sin mirar el reloj.
Al final, nadie salió con una lista de pendientes, sino con la sensación de haber agregado valor a su vida. Tal vez necesitamos más espacios así. Hagamos un esfuerzo consciente por crear encuentros donde el tiempo no se mida, sino que se viva.
POR NÉSTOR ESTÉVEZ
