RESUMEN
Hay decisiones que cambian una vida. Emigrar es una de ellas.
Y aunque desde fuera parezca que todo sigue igual, la realidad es otra: emigrar hoy no es lo mismo que emigrar hace dos años.
Lo digo desde la experiencia. Casi veinte años viviendo en España, trabajando día a día con historias migratorias reales. He visto ciclos abrirse y cerrarse. He visto normas flexibilizarse y endurecerse. Y, sobre todo, he visto cómo muchas personas bien intencionadas se equivocan, no por falta de ganas, sino por tomar decisiones con información que ya no aplica.
En nuestra comunidad dominicana hay una frase que se repite mucho:
“Eso le salió bien a fulano”.
Y ahí, casi siempre, empieza el problema.
Cuando el ejemplo ajeno no es tu camino
Lo que le funcionó a un amigo en 2022 puede no funcionar hoy. Lo que a un primo le aprobaron hace unos años, hoy puede ser motivo de denegación. Las leyes cambian, los criterios se afinan y los controles se actualizan.
Sin embargo, muchas personas siguen planificando su proyecto migratorio basándose en experiencias ajenas, sin detenerse a pensar que cada caso es distinto y que el contexto actual ya no es el mismo.
España y Europa no han cerrado sus puertas, pero sí han cambiado las reglas del juego. Hoy se analiza el perfil completo de la persona, la coherencia de su proyecto, la intención real de la estancia y la trazabilidad de cada paso. Ya no basta con “llegar”; hay que saber cómo y para qué se llega.
Emigrar no es un trámite, es una estrategia
Uno de los errores más frecuentes que veo es pensar que emigrar es solo resolver un visado o conseguir un permiso. No lo es.
Emigrar implica decisiones legales, económicas, familiares y emocionales. Implica entender tiempos, riesgos y responsabilidades. Y cuando se subestima el proceso, el precio suele ser alto: tiempo perdido, dinero mal invertido y una frustración que, en muchos casos, se pudo evitar.
Hoy hay más información que nunca, sí. Pero también hay más confusión. Leer en redes no sustituye el criterio profesional. Escuchar experiencias ajenas no reemplaza una evaluación personalizada.
Lo que antes funcionaba, hoy puede no bastar
He acompañado procesos exitosos y también he visto proyectos romperse por no haberse hecho bien desde el inicio. Personas que llegaron con ilusión y terminaron atrapadas en decisiones mal calculadas. No por mala fe, sino por exceso de confianza.
Emigrar en 2026 exige algo más que valentía. Exige planificación, acompañamiento y una mirada realista. Exige asumir que el camino corto casi nunca es el correcto.
Mi mensaje es sencillo: antes de decidir, infórmate bien. Antes de confiar, analiza tu caso. Y antes de seguir el consejo de “a mí me fue bien”, pregúntate si hoy las condiciones siguen siendo las mismas.
Porque emigrar sigue siendo posible.
Pero hacerlo bien, hoy más que nunca, marca la diferencia.
Lo afirmo desde la experiencia de casi dos décadas viviendo y trabajando en España, acompañando a miles de personas en sus procesos migratorios. Emigrar sigue siendo un sueño legítimo, pero hoy requiere cabeza fría y decisiones bien pensadas. No se trata de miedo, sino de responsabilidad; de entender que el contexto ha cambiado y que las decisiones deben tomarse con visión, no con improvisación.
Desde ahí, seguiremos acompañando y guiando estos procesos como lo hemos hecho durante todos estos años y ahora, en este 2026, con más perspectiva, más estrategia y una comprensión aún más clara de lo que significa emigrar con dignidad y con futuro.
Por Neyvi Tolentino
