RESUMEN
En esta isla que tantas veces olvida a quien más la sostiene, ser madre no es una elección: es un acto de resistencia. Aquí, las mujeres no solo dan vida. Cargan con ella.
Hoy es Día de las Madres en República Dominicana. Pero antes de flores y canciones cursis, detente un segundo. Escucha. Mira bien.
Mira a la niña que empuja un coche con una muñeca en los brazos y un hijo en el alma. A la mujer que madruga a las cinco, que se parte en dos para que sus hijos no se rompan. Mira a la que cría sola porque el padre solo sabe firmar papeles pero no dar presencia. Mira a la que se tragó su miedo, su rabia, su hambre. Mira a la que nunca se permitió llorar.
Aquí la maternidad llega temprano y duele largo. Aquí no hay licencias ni ayudas ni tregua. Aquí hay mujeres que lo dan todo sin saber si les quedará algo para ellas.
Y aun así, lo hacen.
Con las uñas, con el pecho, con la fe que nadie les enseñó pero igual aprendieron. Porque ser madre en Dominicana es coser el país cada mañana. Es sostener generaciones enteras mientras el mundo se cae a pedazos.
No me hables de héroes si no vas a mencionar a estas mujeres.
Hoy no escribo para celebrar la maternidad perfecta. Escribo por todas las que maternan sin condiciones, sin aplausos, sin descanso. Por las que no saben lo que es dormirse tranquilas. Por las que se equivocan y siguen. Por las que no se han rendido aunque todo a su alrededor grite que lo hagan.
Este país les debe mucho más que un domingo.
A las que son madre y padre.
A las que lo fueron siendo apenas niñas.
A las que parieron, criaron, amaron y resistieron sin que nadie las nombrara…
Hoy las nombro yo.
Y no como símbolo, sino como columna.
Porque si este país aún no se ha caído, es porque ellas lo sostienen.
Feliz día mamá…
