RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. — La influencer que transformó la noticia en entretenimiento digital, Elizabeth Ureña no imaginaba que un video sobre el caso Senasa donde esta involucrado el exdirector ejecutivo del Seguro Nacional de Salud (Senasa), Santiago Hazim marcaría el inicio de su popularidad. Lo que comenzó como una reacción espontánea terminó convirtiéndose en un fenómeno viral que la catapultó al centro de la conversación digital.
“Nunca pensé que me iba a volver famosa cuando publiqué este video”, confiesa durante una entrevista en el podcast A Metro y Medio, conducido por la periodista Ana Mercy Otáñez en la plataforma El Nuevo Diario.
Antes de los seguidores, las críticas y los mensajes constantes en redes sociales, Ureña trabajaba en el sector salud. Su incursión en el mundo digital no fue calculada como estrategia mediática, sino impulsada por la necesidad de hablar sobre temas que le removía por dentro. Así nació Klk con Elizabeth, un espacio donde mezcla información, opinión y una narrativa directa que conecta con una audiencia joven y participativa.
El crecimiento fue tan rápido como inesperado. Con la viralidad llegaron también las denuncias enviadas por seguidores que la ven como una voz cercana para exponer situaciones irregulares.

“Lo más difícil de mi trabajo es que la gente entienda que yo no soy periodista ni investigadora”, afirma. Explica que recibe numerosos mensajes con casos delicados y que, en ocasiones, le duele no poder responder como quisieran. “Me da pena, porque no me gusta hacer sentir mal a nadie”.
La exposición también la ha colocado en el centro de cuestionamientos. Tras publicar un video relacionado con el exministro del Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) ,Rafael Féliz García, algunos usuarios la criticaron duramente, asegurando que desconocía los detalles del caso y que “todo saldría a la luz”.
Lejos de retroceder, Ureña ha optado por mantener su estilo frontal, aunque con una reflexión más profunda sobre el rol de las plataformas digitales.
“Las redes sociales jamás van a reemplazar al Ministerio Público. Si ellos no hacen su trabajo, lo nuestro queda vacío”, sostiene. A su juicio, las redes pueden servir como canal de presión y visibilización, pero no sustituyen las funciones institucionales.
Con el tiempo, la creadora de contenido asegura que ha desarrollado una conciencia más aguda sobre la realidad del país. Y esa conciencia, dice, pesa.
“Me duele que la corrupción esté normalizada. Me duele que gente joven diga: ‘gran vaina, en este país no van a hacer nada’”.
No habla desde un escritorio ni desde una sala de redacción tradicional. Habla desde una pantalla, desde la inmediatez y la interacción constante con miles de usuarios que esperan su próxima opinión. Entre luces de notificaciones y mensajes que no dejan de llegar, Elizabeth Ureña continúa grabando. No como periodista —aclara— sino como una ciudadana que decidió convertir la indignación en contenido y la conversación en herramienta.




