RESUMEN
Don José Ortega y Gasset nos habló con gran profundidad desde el aula y desde sus planteamientos filosóficos, acerca del “yo” y de los “tus”. Este ilustre pensador, tuvo la fortuna de vivir dos siglos, 17 años del siglo XIX y 55 del XX, convirtiéndose en el principal exponente de la “teoría del perspectivismo y de la razón vital e histórica.” La visión que más me impactó de él al leer algunos de sus escritos, es aquella que plantea, que “los yo no pueden vivir sin los tus.”
Es una postura altamente comunitaria, que hace que un individuo en su génesis lectora, sienta un interés eterno por aprender a comprender la grandeza de aquellos seres humanos dedicados a dejar luces a través de sus escritos, en toda la ruta de la historia humana. Al beber de sus escritos, uno llega a procurar la capacidad de reflexionar y considerar quién es uno en relación con los demás.
Se trata de encontrarse con el yo reflexivo.
Por otra parte, el francés René Descarte (filósofo que vivió entre 1596 y 1650), puso de manifiesto la frase “pienso, luego existo”, expresión que dota de significado, el hecho de que los hombres adquieren conciencia de su propia existencia.
En esa sola frase, este pro hombre dimensionó el hecho de que, sin esta capacidad, el “yo” no tendría sentido.
En ese mismo orden William James (que vivió entre 1842 y 1910), fue uno de los primeros intelectuales que incidieron en la conciencia reflexiva del yo. Afirmó, que el “yo” es una construcción psicológica central. James distinguía dos fundamentos del yo, el “sí mismo”, como sujeto que conoce (a quien define como el yo), y “el sí mismo” como objeto conocido (al que denomina “el mí”).
Al asumir estos términos, la conciencia reflexiva hace referencia a cómo el yo (agente) percibe al mí (objeto).
En 1998, el profesor Roy F. Baumenister, junto a otros pensadores, reconocen los méritos de James, pero, consideran que el “yo” no puede ser percibido directamente, sino que más bien, las personas lo infieren o deducen a partir de la actividad y la experiencia con el mundo. El profesor Baumeister afirma (junto a otros), que “el yo trasciende las situaciones y es siempre una construcción, es decir, el producto de una abstracción, inferencia o deducción”, la que se asume.
Desde esa visión, el yo resulta de los procesos cognitivos de los individuos. Desde ahí, que reflexionar sobre la gente que vive en forma mecánica, obviando las demás aristas de la existencia humana, es una problemática actual.
A partir de ahora, me propongo hablarles (para que reflexionemos), acerca del mundo de las personas que viven negando toda esperanza espiritual, cuyas conductas neomecánicas, convierten a los individuos en instrumentos del mercado, de la comodidad y del placer. ¿Qué les parece razonar al respecto en el ambiente de un “yo” introspectivo?
De igual forma, traer a colación el hecho de las prácticas que vuelven un rito el trabajo del profesor; del abandonado el compromiso del pensamiento, la fraternidad y el dialogo. Reflexionar sobre la falta de horizontalidad en la comunicación padre-hijo; madre-hijo; padre-madre o conversar acerca de aquellos individuos cuya meta esencial es el consumo, viviendo dentro de una sociedad exhibicionista, que modela espejismos falsos de felicidad, a través de la sinrazón, la que ha tomado como estandarte, al mercado de la conveniencia particular.
O tal vez de soslayo (porque tenemos muchos en nuestro contexto), conversar sobre aquellos individuos que opinan, (sin una pisca de humildad), por las múltiples plataformas digitales, abusando alevosamente del poder de la opinión. Es indudable, que son indecentemente mediocres, pero, laceran las intimidades del individuo, las familias y la sociedad.
Esta gente no piensa en los otros “yo” de que hablaba Ortega, ellos tampoco se detienen a pensar en los “tus” que tienen en el contexto social, guardando en los sótanos de sus existencias, aquellos valores de la solidaridad y de la compasión.
Un día tendrá que existir (más allá de la jurisprudencia), una institucionalidad, que no les permita seguir alejándose del espectro social de los derechos, de los deberes ni de la empatía, como ética interior de los seres humanos.
Por: Francisco Cruz Pascual.
