RESUMEN
En el ámbito de la bibliotecología, pocas funciones alcanzan el nivel de complejidad intelectual, responsabilidad cultural y proyección social que distingue al desarrollo de colecciones bibliográficas. Lejos de constituir una tarea secundaria o meramente administrativa, esta función representa el eje estratégico sobre el cual se articula la identidad, pertinencia y calidad de toda biblioteca.
El desarrollo de colecciones implica un proceso continuo y deliberado de selección, adquisición, evaluación y organización del acervo documental, sustentado en criterios académicos, culturales y sociales. No se trata, por tanto, de acumular materiales, sino de construir un conjunto coherente y significativo de recursos que respondan a las necesidades reales y potenciales de una comunidad de usuarios. En este sentido, el bibliotecario actúa como un mediador intelectual que interpreta el mundo del conocimiento y lo traduce en una oferta bibliográfica estructurada.
Esta función posee, además, una dimensión cultural de primer orden. A través del desarrollo de colecciones, la biblioteca contribuye a preservar la memoria histórica, fortalecer la identidad nacional y garantizar la transmisión de valores y saberes fundamentales. La inclusión de autores como Pedro Henríquez Ureña, Eugenio María de Hostos o Juan Bosch no solo enriquece el acervo, sino que afirma una conciencia cultural que trasciende generaciones.

Igualmente, relevante es su dimensión didáctica. Una colección bien desarrollada orienta, sugiere y educa. Facilita la investigación rigurosa, promueve el pensamiento crítico y favorece la formación integral del lector. En este contexto, la biblioteca deja de ser un simple depósito de libros para convertirse en un espacio dinámico de aprendizaje y construcción del conocimiento.
Desestimar el desarrollo de colecciones bajo el argumento de su complejidad organizativa constituye una visión reduccionista del quehacer bibliotecario. La complejidad, lejos de ser un obstáculo, es inherente a la riqueza del conocimiento humano y debe ser gestionada con criterio, no evitada por conveniencia operativa.
En conclusión, el desarrollo de colecciones bibliográficas es la función más propiamente intelectual de la bibliotecología. De su adecuada concepción y ejecución depende no solo la calidad de los servicios bibliotecarios, sino también la capacidad de la biblioteca para cumplir su misión esencial: ser custodio, organizador y difusor del conocimiento en beneficio de la sociedad.
El autor es miembro de Número de la Academia de Ciencias de la Rep. Dom. y Miembro Correspondiente (Consultor Bibliográfico) de la Academia Dominicana de la Lengua. Representó en su país a la MLA (Modern Language Association) y para la región del Caribe al CIRCA (Centro de Información y Referencia sobre Centroamérica y el Caribe de la Universidad de Costa Rica) debido a su reputación como bibliógrafo. Como bibliotecario acumuló una experiencia de más de veinte años en la Biblioteca Nacional «Pedro Henríquez Ureña». Obtuvo el Premio Casa del Escritor Dominicano 1994 por su obra «Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana».
por Miguel Collado
