RESUMEN
(Presentación como orador invitado en el acto de graduación ordinaria 2025 de la UNPHU)
Hace veintisiete años (que hoy se sienten como casi siglos) yo estaba en la misma posición que ustedes. Y tenía dos preguntas clavadas en la cabeza: ¿Cuál es mi valor? y ¿Hacia dónde voy? Y, claro, una tercera pregunta que también me preocupa: ¿Qué tendrán puesto las autoridades debajo de la toga? (Confío en que hoy no lo sabremos).
Quiero comenzar con una mentira, la frase de Picasso: “El arte es una mentira que nos ayuda a ver la verdad.” La medicina, nuestra medicina, funciona igual: ciencia y arte trabajando juntas para comprender al ser humano. Hoy quiero usar el arte para explicar dónde están ustedes, qué significa este momento y hacia dónde los empuja la vida.

En 1888, Vincent van Gogh pintó dos sillas. La primera era humilde, rústica, sencilla: la silla que lo representaba a él mismo. Era su forma simbólica de decirle a Paul Gauguin: “Aquí estoy. Soy este aprendiz dispuesto a absorber lo que tú sabes.” Poco después, Van Gogh pintó otra silla: más elegante, sólida, con una vela encendida y un libro. Esa representaba al maestro, al intelectual, al depositario del conocimiento. Sin lugar a dudas Gauguin aceptó esa increíble invitación y ahí empezó una amistad legendaria.
Pero hay un detalle que casi nadie menciona. Tras la muerte trágica de Van Gogh, Gauguin se retiró a Tahití. Y allá, lejos de Europa, pintó la misma silla azul que Vincent había pintado para representarlo. Pero Gauguin hizo algo profundamente simbólico: colocó sobre la silla unos girasoles, el ícono eterno de Vincent. Sin decirlo, estaba admitiendo que el alumno había dejado de ser alumno; que la luz del aprendiz ya brillaba más allá del maestro.
Hoy, ustedes están exactamente ahí. Han sido durante años la silla humilde. Pero hoy la UNPHU los sienta en la silla elegante: la del conocimiento, la responsabilidad y la influencia. Desde este momento dejan de ser estudiantes para convertirse en parte del mayor capital de esta institución: sus egresados y su legado vivo.
Hablemos del concepto económico de valor. En 1964, la revista Life lanzó una portada escandalosa: “¿Es Roy Lichtenstein el peor artista de su época?” Ese mismo año, Lichtenstein pintó Nurse. Cincuenta años después, esa obra “tan mala” se vendió por 95 millones de dólares.
Lichtenstein no buscó validación. No le hizo caso a los haters. Siguió trabajando, creyendo en él mismo. Porque el mundo te juzga rápido, pero casi siempre se equivoca primero. Vivimos en un mundo de etiquetas instantáneas: likes, apariencias, rankings, percepciones superficiales.
El mundo va a tratar de ponerte precio… pero solo tú puedes darte valor.
No hablo de valor económico. Hablo de tu valor como ser humano, ciudadano y profesional. Este país (como tantos otros) necesita personas que valoren la educación, la coherencia, la integridad, el trabajo duro, la responsabilidad y el servicio. No atajos. No trucos. No dinero fácil. El conocimiento tiene valor. Ser útil tiene valor. Ser íntegro tiene valor.
Pensemos en Barack Hussein Obama. Con su historia, su color y su origen, fue elegido (dos veces) presidente de un país históricamente racista… apenas seis años después del 11 de septiembre. Sus mensajes de Campaña fueron simples: Hope. Change. Yes, we can. Pero esa esperanza no era pasiva *no solo “esperar”. Hablaba de acción, esfuerzo, valentía.
YES, WE CAN (Pero más importante: YES, YOU MUST).
Y una frase de Obama que ustedes deben recordar siempre:
“El cambio no llegará si esperamos a otra persona o a otro momento.
Somos el cambio que buscamos.”
No esperen a otro. No esperen un mejor momento. El momento es hoy.
Y los llamados a cambiar este país son ustedes.
Ese cambio requiere coherencia. Vivimos en un mundo donde la polarización se come el sentido común. Los extremos (de cualquier lado) siempre son malos. La mayoría vivimos en un centro razonable, donde las ideas evolucionan con la vida y la madurez. La clave es simple: alinear lo que piensas, lo que dices y lo que haces.
Yo puedo disfrutar del concierto de Bad Bunny (cómo haré esta noche con mi esposa Edizin) y al mismo tiempo criticar algunos elementos de la cultura urbana como el culto a la violencia o al dinero fácil. Puedo celebrar logros de un gobierno y también señalar oportunidades de mejora. Eso se llama madurez democrática.
Lo público nos pertenece a todos: la salud, el trauma, la equidad, la calidad, el acceso. Nada de eso cambia por decreto. Cambia por ustedes y con ustedes. Y sí, habrá momentos difíciles. Pero la UNPHU ya les empacó su paracaídas y les dio herramientas para aterrizar, levantarse y seguir.
En el momento más oscuro de la pandemia entendí algo: las estrellas brillan más cuando el cielo está más oscuro. Y estoy convencido de que ustedes brillarán.
Hoy están dando la primera pincelada de su nueva obra, ese primer brushstroke del que hablaba Lichtenstein. Cada decisión, cada ética, cada coherencia será un trazo más en la obra que están construyendo.
Define tu obra.
Define tu valor.
Sé coherente, útil e íntegro.
Y no dejes que nadie te diga que no puedes.
Porque el mundo va a intentar ponerte precio…
pero solo tú puedes darte valor.
Y lo que hagas hoy…
será el valor de tu obra mañana.
¡Gracias y muchas felicidades y éxito graduandos!
Por Amado Alejandro Báez
