Sin dudas, que hemos sido más constructores que cuidadores. Nos resistimos a dar mantenimientos a las cosas que hacemos, salvo que no colapsen o que sea tan inminente la necesidad que no podamos sacarle el cuerpo a la responsabilidad.
Nuestros mandatarios han tenido una vocación inquebrantable por construir a lo largo de nuestra historia. Probablemente, sea una historia heredada de la vieja idea faraónica para tratar de perpetuarnos en el tiempo.
Y no es que sea malo construir, pues todo proceso transformador hacia la civilización humana se ha fundamentado en avances que hemos tenido con la inventiva creadora.
Es decir que una cosa no niega la otra. Se trata de la consistencia en valorar lo construido.
