RESUMEN
En el primer viaje de Colón los españoles entraron a la Bahía de Puerto de Plata, pero se quedaron a bordo de las dos naves con las cuales aquel grupo volvía a España: ninguno de ellos pisó tierra en los alrededores de dicha bahía, simplemente se limitaron a presenciar, altamente sorprendidos, los paisajes que a sus ojos se presentaban y que arrancaron a Colón expresiones de niveles poéticos y de ahí siguieron su viaje hacia el Este para retornar a España.
Cuando después de su segundo viaje Colón otra vez retornaba a España, la nave que él capitaneaba se ubicó en la Bahía de Puerto de Plata y desde ella volvió a observar más detenidamente la geografía acuática de la bahía en cuestión y la coyuntada geografía territorial de los alrededores.
Los hispanos y Colón vieron las masas rocosas, la forma del saliente del territorio, la cadena montañosa, las colinas empinadas, en fin, el relieve de la región que se ofrecía a sus ojos y el espeso bosque que circundaba la quieta bahía y las bandadas de aves que en esos momentos volaban.
Dicha vegetación era grandemente tupida, tan tupida como la de la selva amazónica u otras selvas semejantes a esta última, era muy tupida.
Es, reiteramos, en ocasión del retorno a España de ese segundo viaje cuando los españoles hollan por vez primera parte del territorio puertoplateño en los alrededores de la bahía.
Dichas pisadas españolas en esos territorios se produce por doble partida.
Por un lado, de dicha nave, por orden suya, bajaron hombres bajo el mando de su hermano Bartolomé con la encomienda de localizar fuentes de agua para la Villa de Puerto de Plata que Colón quería que en algún momento se fundase.
Y, por otro lado, desde donde había estado el destruido Fuerte de La Navidad, había viajado hacia la Bahía de Puerto de Plata (quedaron de encontrarse con Colón y los demás a orillas de ella) un contingente de trescientos (300) hombres que recibieron esa orden de Colón y que se encontraban bajo la orden de Melchor de Maldonado.
De ambos grupos, miembros del primero fueron los primeros en pisar lo que es territorio puertoplateño aledaño a la bahía. ¿Cuál sería el nombre de aquél de éllos que fue el primero que tras descender de una chalupa pisó a dicho territorio puertoplateño siendo hollado este por vez primera por un europeo, por un hispano? Este es uno de los secretos de la Historia de Puerto Plata que permanecen sin ser develados. Nadie hasta ahora ha podido determinar a quién pertenecían esas plantas de pies holladores. Un velo, inlevantable al parecer, recayó sobre aquel hecho histórico. Parece ser que en aquel momento nadie estuvo atento a registrar el acontecimiento para identificar a su protagonista. Es posible que algunos de los que estuvieron a bordo de la chalupa si conservasen en su memoria el dato y que lo conservasen en sus recuerdos para sí durante algún buen tiempo, pero nadie en particular se ocupó de registrar el detalle histórico en cuestión. Por eso dicho detalle parece haberse esfumado con el transcurrir pulverizador de los siglos.
¿Para qué y para quién podría ser importante esa información? Creo que la pregunta pecaría de necia y que la respuesta pecaría de supérflua: obviamente para la Historia de Puerto Plata, para los puertoplateños, para la puertoplateñidad… Para todos aquéllos que tratan de recabar, de conservar y de realzar datos históricos sobre Puerto Plata. En la Historia de la Humanidad mucha memoria ha sido matada de diversas maneras, una gran parte incluso por pura negligencia. El nombre del autor de aquella primera huella plantada en una playa fue borrado de la memoria histórica del mismo modo que las olas borraron aquella primera huella suya símbolo del primer andar ibero en la virgen tierra puertoplateña. Ese nombre, importante para los puertoplateños, pasó a engrosar el largo catálogo de las diferentes cosas olvidadas de la Historia.
De manera, pues -retomando el hilo-, que mientras un grupo penetraba por la bahía, el otro penetraba por la misma tierra desde el Oeste.
En tanto los del grupo de a bordo primero vio desde ahí y luego una parte de ellos conoció el bosque puertoplateño, los que venían por tierra lo venían conociendo también de primera mano y con la misma crudeza. Venían viendo colinas verdes, valles suaves y árboles erguidos de los cuales muchos pretendían tocar las nubes. Pero, en fin, ambos grupos vieron la alfombra natural de hojas de diferentes colores y tonalidades de colores que crujían al paso de éllos.
En su trayecto hacia la Bahía de Puerto de Plata el grupo del largo tránsito a pie pudo ver ramoneando alguna que otra familia de los pequeños y medianos mamíferos roedores que entonces habitaban en el territorio de la hoy Provincia de Puerto Plata y que hoy prácticamente puede decirse que están o extinguidos o en extinción.
Aquello parecía impenetrable. Abrirse paso a través de ese bosque tropical era abrirse paso entre muros de plantas de diferentes índoles, de troncos, hojas, lianas, bejucales todos tan compactos, que se diría que en cualquier momento se cerrarían sobre ésos hombres tragándoselos.
Junto a la apariencia paradisíaca del conjunto visual que generó de Colón las expresiones aquellas de alabanzas enormes que vertió, en los terrenos alrededores de la bahía (dentro de ellos) se encontraron con una densa maraña, toda una vorágine de zarzales, espesísimos manglares, lianas, sucias ciénagas malolientes e insalubres, insalubres pantanos, árboles pantanosos, aguas cubiertas de nenúfares de la orilla del río hoy San Marcos, en fin todo lo que para entonces era expresión de la vida vegetal en aquellos lugares, etcétera. Aquéllos exploradores extranjeros sortearon sigilosamente los tantos vericuetos del aquel entonces gran río. Así caminaron por primera vez las plantas de los españoles en los alrededores de la Bahía de Puerto de Plata y de esos pies holladores sólo se recuerdan los de Bartolomé Colón y los de Melchor de Maldonado.
Por Lic. Gregory Castellanos Ruano
