RESUMEN
El coronavirus (COVID-19) ha eclipsado todos los problemas que arrastra nuestra sociedad desde hace décadas. Entre los problemas más importantes para la salud pública de muchos países está el suicidio. De trata de un tema tabú. Se cree que hablar del tema puede provocar un efecto llamada. Muchos especialistas consideran que hablar sobre ello es el primer paso para evitar que muchas personas lleguen a consumar el suicidio.
La pandemia que ha causado la COVID-19 ha contribuido al incremento de los suicidios, ya que los confinamientos y los efectos económicos que ha provocado han multiplicado los problemas de salud mental en todo el mundo. Según los expertos, la sensación de aislamiento puede generar conductas suicidas.
A grandes rasgos, las tres principales causas de suicido son: el desempleo, la depresión y la presión social. La depresión en sí misma no debería ser considerada una causa, ya que siempre existe un motivo principal que lleva a la depresión. El mayor número de suicidios se produce entre los 40 y los 59 años. Llaman especialmente la atención, los menores de 15 y los mayores de 80. En las personas de edad avanzada el suicidio suele estar relacionado con los problemas mentales y enfermedades incurables. En el 2020, en España, se produjeron 14 suicidios entre menores de 15 años (7 niños y 7 niñas). El doble de casos del 2019. Durante la pandemia, el suicidio entre los jóvenes se ha incrementado en un 250%, con especial énfasis en la adolescencia, según el Colegio Oficial de Psicología de Madrid. En el 2020 se produjeron 77 muertes de jóvenes por COVID-19 y 314 por suicidio. Es por este motivo que el Colegio Oficial de Psicología de Madrid quiere impulsar el proyecto ¨Hablemos de suicidio¨ para sacar a la luz el tema, debatir sobre ello y buscar posibles soluciones.
Las causas que impulsan a niños y niñas al suicidio son principalmente los conflictos familiares, sobretodo, las separaciones, el acoso (bulling), los malos tratos, la soledad, los desengaños amorosos, la muerte de familiares, el fracaso escolar y la discriminación por orientación sexual. Según Save the Children, los menores victimas de acoso escolar tienen 2,55 veces más riesgo de suicidio. Está estudiado que las niñas tienen más pensamientos suicidas, pero los niños lo materializan en mayor proporción.
Según la OMS, una de cada 100 muertes en el mundo se deben al suicidio. Se calcula que 1 de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida y que la mitad no consultará a un especialista. El fenómeno del suicidio es complejo y multicausal. En él influyen el desempleo, las crisis económicas, las rupturas sentimentales, factores sociales, culturales, biológicos, abusos, pérdidas personales, factores psicológicos, dolores crónicos o ambientales como la despoblación o la falta de futuro para la juventud.
A nivel global, el suicidio es un enorme problema de salud pública que afecta a unos 16 millones de personas en el todo el mundo, de los cuales 1.000.000 acaban materializándolo. Se trata de más muertes que las causadas por las guerras y los homicidios juntos. Esto supone el suicidio de una persona cada 40 segundos. Según la OCDE, Bélgica, Finlandia y Francia son los países en donde más gente se suicida. En Europa se suicidan más de 150.000 personas al año. Y en algunos países, es la principal causa de mortalidad entre jóvenes de 15 a 24 años.
Las tasas de suicidios han aumentado significativamente en colectivos vulnerables o discriminados, pero también en colectivos sometidos a mucho estrés como médicos y policías. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existe una clara correlación entre el suicidio y los trastornos mentales, especialmente con la depresión y el consumo de drogas. Tanto la OMS como la Asociación para la Prevención del Suicidio proponen el 10 de septiembre como Día Mundial para la Prevención del Suicidio. De hecho, la OMS elaboró un decálogo de cómo hablar del suicidio en los medios de comunicación, consistente básicamente, en informar con responsabilidad sin entrar en el sensacionalismo y aportando datos fiables.
La población más afectada por los problemas de salud mental son las mujeres y los jóvenes. Es evidente que la salud mental está relacionada con la capacidad económica. Los que tienen menos recursos no pueden pagar profesionales cualificados para salir de la delicada situación, de modo que recurren más a los medicamentos (psicofármacos). El tema es tan serio que Japón ha nombrado a un Ministro de la Soledad, algo muy vinculado al suicidio. Se dice que la competitividad de la sociedad japonesa y el miedo al fracaso empujan a muchos ciudadanos al suicidio. En Japón, está mal visto demostrar debilidad y pobreza.
Tener un buen trabajo y formar una familia (expectativa social) es cada vez más difícil el país del Sol Naciente. Vivimos en un mundo de intereses y de apariencia. El desempleo masivo, la precariedad laboral, el aislamiento y la ansiedad están haciendo mella en muchas sociedades del mundo. Durante el mes de octubre del 2020 murió más gente por suicidio (2153 personas) que por coronavirus (2087), según el Ministerio de Salud nipón. Numerosos países, entre ellos EE.UU optan por ocultar las cifras de suicidio, argumentando que se trata del mayor fracaso social de un país. Aunque las cifras comienzan a equilibrase, la gran mayoría de los suicidas son hombres.
En la mayoría de los países, la presión social, todavía recae sobre ellos, de ahí su elevado porcentaje. Muchas mujeres tienen trabajos a tiempo parcial, cargas familiares, trabajos con poca presión laboral o trabajos precarios, y eso les impide ser la base de la economía familiar cuando tienen hijos o personas a su cargo, principalmente.
En Japón, después de la crisis de los noventa, unas 34.000 personas se quitaron la vida. Se produjo una coyuntura conocida. Despidos, depresión y suicidios. Ante la magnitud del problema, el gobierno japonés, aprobó la Ley Básica para la Prevención del Suicidio en 2006.
Es evidente que el suicidio está ligado a la COVID-19, pero no en un plan maligno para reducir la población mundial.
Las principales maneras de suicidarse a nivel mundial son: por ahorcamiento, envenenamiento, dispararse con arma de fuego, lanzándose al vacío, cortarse las venas y quemarse a lo bonzo.
En España, el suicidio es una de las principales causas de muerte. En el 2018, la tasa de suicidio fue de 7,54 personas por cada 100.000 habitantes. Algo más baja que la media europea que es de 10,75%, según datos del 2016. El tema es tan importante que se ha creado un Observatorio del Suicidio. Las muertes por suicidio duplican las de accidentes de tráfico, multiplican por 13 a los homicidios y por 67 las muertes por violencia de género. Desde el inicio de la pandemia se ha multiplicado a nivel global la depresión y la ansiedad. Los profesionales de la salud mental están desbordados. En España, el 42% de la población española ha tenido problemas de insomnio y el 39% se ha sentido abatido o superado por la situación actual. Esta situación ha provocado el consuma masivo de antidepresivos y ansiolíticos. Esto es como la punta del iceberg, ya que tan solo un 6,4% de la población acude a un profesional de la salud mental. En la actualidad, un 14,5% de los sanitarios sufre un trastorno mental discapacitante y el 22% estrés postraumático desde el inicio de la pandemia.
En España, existe hasta un ¨teléfono de la Esperanza¨. El 717 003 717 y una fundación, ANAR que hace un seguimiento de los casos. Cada día se suicidan en España una media de 11 personas, es decir, una cada 2 horas y 15 minutos. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publica estos datos desde1906. El 2020 se ha convertido en el año con más suicidios en la historia de España 3941 personas. Se trata de un incremento del 7,4 % respecto al 2019 que registró 3671 (2771 hombres y 900 mujeres). Se calcula que un 15,5% de los españoles ha tenido algún pensamiento suicida durante el último año.
Resulta interesante analizar los suicidios por sexo. En 2020 se suicidaron 2930 hombres y 1011 mujeres. Estas proporciones por género se mantienen desde los años ochenta. En España, aproximadamente, el 75% de los suicidas son hombres y el 25% mujeres. El 2014 fue el segundo año de más muertes por suicidios en España con 3910 personas. Hasta el 2008, los suicidios mantenían una dinámica descendente, pero a partir del 2008 con la ¨crisis de las Subprime¨ y el impacto de las redes sociales, no hace más que aumentar. En el 2017 se produjeron 3679 suicidios .
Las Comunidades Autónomas que encabezaban esta macabra estadística en 2020 son Andalucía (793) y Cataluña (556), pero en relación a su población, las tasas más altas las presentan Asturias (12/100.000) y Galicia (11,30/100.000 habitantes). La ciudad andaluza de Antequera (Málaga) es la que presenta la tasa de suicidios más elevada de España. Se calcula que en el 2020, en España, 2.100.000 personas (5,4% de la población) sufrió algún cuadro depresivo, de los cuales 230.000 fueron casos graves. Entre un 5 y un 10% de la población española tiene instintos suicidas. Es decir, unos 80.000 intentos de suicidios al año. El problema es que los intentos de suicidios no se registran en las estadísticas. Según la OMS se producen 20 intentos por cada suicidio conseguido.
Como en muchos otros países, en España, el suicidio es un tema tabú. Muchos intentos de suicidios no consumados terminan generando graves secuelas para sus autores, como invalidez o locura. Si bien es cierto que cuesta detectar el riesgo de suicidio, existen indicios o señales de que algunas personas tienen pensamientos autolíticos reales. No solo intentan llamar la atención como cree la opinión pública. Algunos comentarios como ¨no sirvo para nada¨ o ¨estarían mejor sin mi¨, pueden ser señales de alerta. Del mismo modo que descuidar la imagen y el aseo personal, consumir drogas en exceso o el gasto excesivo de dinero.
En España, hay 11 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, la mitad que en Alemania o Francia. Mientras que los psicólogos clínicos, son 6 por cada 100.000 habitantes, tres menos que la media europea.
Un 20% de los estudiantes entre 14 y 18 años ha tomado somníferos o ansiolíticos, más conocidos como hipnosedantes. alguna vez, con las chicas en mayor proporción. Cuando se toman estos fármacos es porque hay un sufrimiento. El suicidio representa la forma de terminar con el sufrimiento de raíz. El problema añadido es que el suicida no vive solo en el mundo. Se calcula que por cada muerte por suicidio, hay 6 personas afectadas.
Los hipnosedantes se toman, principalmente para reducir la ansiedad o por problemas emocionales. En algunos casos, causados por acoso (bulling), en las redes sociales o en el colegio. Los expertos alertan de una correlación directa entre el consumo de estas ¨drogas¨y las horas que pasan los jóvenes en Internet que pueden desencadenar autolesiones o ideas suicidas. Las chicas tienen más problemas de acoso y de críticas sociales.
La pandemia y el confinamiento han llevado a un auge en las horas en Internet, en concreto, en el patíbulo de las redes sociales. En la actualidad, el 47,3% de las personas acuden a un especialista por ansiedad y el 35,5% por depresión. Las franjas de edades más afectadas son 30-39 años, 45-49 y 50-54. El suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte no natural de la población adulta, principalmente entre los jóvenes de entre 15 y 19 años con 307 muertes por suicidio el año pasado.
Según la Fundación de Ayuda contra a la Drogadicción (FAD), en 2019, un 49% de los jóvenes entre 15 y 19 años, había tenido algún problema de salud mental. El 45% de la chicas, admite haber tenido alguna idea suicida frente al 35% de los chicos. En los centros de salud mental se trata a más mujeres que a hombres. Desde el inicio de la pandemia, el 6,4% de la población española ha acudido a un profesional de la salud mental. Hace poco se aprobó en España la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 con una dotación de 100 millones de euros en tres años. Pocos recursos para un enorme problema a tratar. Se ha establecido el teléfono 024 para ayudar a las personas en este complicado tema.
Uno de los problemas principales es el tiempo de media en las listas de esperas, que es de tres meses. Entorno al 35% de las personas tienen que esperar unos seis meses para la primera consulta, cuando se trata de un tema de máxima urgencia. Al igual que se habla en los colegios de drogas, violencia de género, bulling o pornografía, sería importante hablar sobre el suicidio. La excelente gimnasta Simón Biles renunció a los Juegos Olímpicos para recuperar su salud mental, algo valiente que pocas personas se atreven a admitir. El reciente suicidio de la actriz Verónica Forqué ha vuelto a sacar a la palestra este complejo asunto. El suicidio es la primera causa de muerte externa como se conoce a las que no son provocadas por una enfermedad física. No deberíamos hablar solo de este tema cuando afecta a una persona famosa.
Resulta curioso que al buscar información sobre por qué se suicidan los hombres, se comenta que muchos se producen en procesos de separaciones y custodias de hijos, sin embargo hay temor a relacionar las leyes sobre ¨violencia de género¨y los suicidios masculinos. Ni el INE, ni el Ministerio de Sanidad, ni la OMS, tienen interés en indagar sobre el tema. El motivo podría ser no entrar en el sensible y polémico tema de las denuncias falsas. Sorprende que en el 2017 se produjeran 166.260 denuncias y solo 2 se consideraran falsas. Poco realista. Los jueces están para impartir justicia, no para dejarse llevar por la presión de los políticamente correcto. En España, durante los últimos nueve años solo se han producido 96 condenas por denuncias falsas. Es decir, el 0,0078% del total. Según las estadísticas oficiales entre el año 1980 y el 2020, los suicidios aumentan en ambos sexos y esto hace que sea difícil atribuir el hecho a una causa concreta.
En República Dominicana el Plan Nacional de Salud 2019-2022 se hace eco de esta problemática, pero sin dotarlo de presupuesto. Aunque la tasa de suicidios sea menor que la media mundial (9,57 por 100.000 habitantes) se trata de una media elevada. La Tasa del suicidio en Quisqueya se sitúa en 7,22. Se trata de la tercera causa de muerte ¨violenta¨ por detrás de los homicidios y los accidentes de tráfico. Según las estadísticas, entre el 2009 y el 2018 se registraron 5782 suicidios en todo el país. Los datos no engañan. Desde el 2017 (575), los suicidios se mantiene estables, pero altos. En 2018 fueron (648), 2019 (607) y 2020 (597).
Los lugares para llevar a cabo el suicidio son muy variados. Puentes, rascacielos, embalses, metros, acantilados, etc. En España, en el Viaducto de Segovia (Madrid) se producía un suicidio de media por semana hasta que se colocó una barrera de cristal en 1998.
En algunos puentes del mundo se han colocado barreras antisuicidio y teléfonos de ayuda directa para evitarlos. El primer puesto entre los lugares preferidos por los suicidas se encuentra el Golden Gate en San Francisco (California). Inaugurado en 1937 cuenta con 1218 suicidios contabilizados. Lugares como el puente Nankin sobre el rio Yangtsé (China), el Golden Gate (EE.UU). EL Viaducto Príncipe Edward en Canadá o el Bosque Aokigahara (Japón) son lugares muy conocidos por este hecho. Este tétrico bosque japonés, desde mediados del siglo XX, promedia unos 30 suicidios anuales. Se trata de un lugar tenebroso situado a los pies del Monte Fuji muy asociado en la mitología japonesa a entidades demoníacas. El puente Humber y Beachy Head (Inglaterra) cuenta con 200 suicidios o intentos desde su construcción en 1981. El acantilado australiano conocido como The Gap, cuenta con un héroe particular, el señor Ritchie de 85 año, que dice haber salvado a más de 160 personas, convenciéndoles para que no lo hicieran.
No soy supersticioso, pero hace poco se ha conocido el suicidio del hijo de la cantante Senead O´Connor. cuya interprete había hecho una versión de la conocida ¨canción de los suicidas¨, la húngara ¨Szomorú Vasarnap¨ (Gloomy sanday) , cuya versión más conocida corresponde a la norteamericana Billie Holiday. La literatura tampoco escapa a este tema. James Hilman escribió un libro titulado ¨El suicidio y el alma¨. Para él, el suicidio es el resultado de un desequilibrio bioquímico, de una predisposición genética o de una crisis emocional catastrófica. Una definición tan amplia y confusa como las causas que llevan a ello. En muchos países, el suicidio es un tema tabú, ya que los políticos y algunos profesionales piensan que puede provocar un ¨efecto llamada¨. Prefieren no hablar de un tema polémico e incómodo. Quizás, hablar de ello puede ayudar a disminuir el número de personas que lo intenten. Muchos especialistas están de acuerdo en que se puede prevenir el suicidio.
En España, no existe una estrategia estatal de prevención contra el suicidio clara. Esto explica que no existan campañas de sensibilización como las de tráfico o las de violencia de género, algo que exigen profesionales como psicólogos y psiquiatras. Estos especialistas reclaman que se hable del suicidio para poder afrontar el problema de la pandemia silenciosa.
Por Alcides Pimentel Paulino
