El sistema educativo nos necesita: la pedagogía del actuemos ahora (2 de 2)

Por Kimberly Taveras

«Actuemos ya para proteger el capital humano de nuestros niños» es el título del informe del Banco Mundial para alertar acerca del impacto de la pandemia en el sector educativo. Rico en información estadística, el documento se destaca por la centralidad que en él ocupa el concepto pobreza de aprendizaje, y que resulta pertinente para las cuestiones que aquí pretendo tratar, por ser un indicador que tiene en cuenta la proporción de niños que han sido privados de educación o no alcanzan un nivel mínimo de compresión lectora.

Si ya antes de la pandemia en la República Dominicana la calidad de la educación se encontraba en estado de emergencia, sobre todo si hablamos de la educación pública hasta el bachillerato, tanto que el último informe de PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, por sus siglas en inglés), que evalúa los conocimientos de matemáticas, ciencias y lectura de los alumnos que están a punto de terminar el nivel medio de la educación, nuestro país obtuvo el lugar 77 de 78 países que participaron; y uno de los mayores porcentajes en pobreza de aprendizaje para escolares de 10 años:  81 %, siendo que Trinidad y Tobago apenas presenta el 21 %; con la COVID-19 parece que esto empeoraría, de no tomar los asunto con la celeridad que amerita, ya que según el BM, hasta junio del 2020, el 40 % de los estudiantes de la zona fronteriza no tenían acceso a la educación a distancia, y el país muestra potencialmente que la proporción de alumnos por debajo del nivel mínimo de rendimiento sería de 70 %, siendo optimistas, bajo la hipótesis de 10 meses fuera de las aulas; estos datos  muestran la catástrofe a la que estamos expuestos.

Todo el mundo está de acuerdo con que la educación es indispensable para el desarrollo de las naciones, en nuestro caso, como ha demostrado la inversión del 4 %, no basta con construir más escuelas, sino que estas tengan lo necesario para ofrecer a  los estudiantes los conocimientos que les permitan enfrentar los nuevos retos de la globalización. No basta con actualizar los programas educativos y adaptar las tecnologías de la información y la comunicación al sistema de enseñanza. Tampoco es suficiente con incorporar formalmente los programas de remediación para mitigar las pérdidas de aprendizaje. Urge aprovechar esta oportunidad de visualización del problema del aumento en la pobreza del aprendizaje, para innovar e incorporar al proceso de remediación otros métodos de aprendizaje y evaluación.

De ninguna manera podemos seguir ignorando teorías como las inteligencias múltiples, del psicólogo estadounidense Howard Gardner. Hace ya casi 40 años que esta teoría fue desarrollada y más de 20 años en que los países nórdicos la han puesto en marcha en sus sistemas educativos (con sus naturales variaciones), lo cual se ha reflejado en el alto nivel que obtienen estos países en las mediciones internacionales, como el informe PISA, entre otros. Es normal que un estudiante cuya fortaleza sea la inteligencia musical – auditiva y que tenga las herramientas, así como los métodos necesarios para aprender y formarse en esa área, tenga más éxito que aquel estudiante con la misma inteligencia pero que asiste a un sistema educativo cuadrado, como las escuelas dominicanas.

También podríamos aprovechar los avances en la neurociencia para desarrollar las distintas competencias de alumnos, tales como las actividades y ejercicios recomendados por esta área del saber para estimular los procesos relacionados con la memoria, la atención y el razonamiento, así como la comprensión del espacio y del lenguaje. Profesores y comunidades activas de ciudadanos incorporadas a los procesos de remediación y recuperación del tiempo de aprendizaje de nuestros niños, deben ser orientados en estas técnicas, por lo que debemos abrir nuestras mentes a propuestas más inclusivas de organización educativas, que innoven nuestras formas de organizar la enseñanza…, en fin, una pedagogía que nos involucre a todos.

Por Kimberly Taveras, M. C.

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