RESUMEN
Hay realidades que no se entienden con la cabeza, sino con el alma. El autismo es una de ellas.
Desde fuera, muchos creen que el autismo es simplemente “dificultad para hablar”, “falta de contacto visual” o “un niño que no quiere jugar con otros”. Pero desde dentro —desde el hogar, desde el corazón de una madre, desde la rutina de una familia— el autismo es mucho más: es una forma distinta de percibir el mundo, de comunicar afecto, de expresar angustia, de pedir ayuda.
Yo no escribo hoy desde el escritorio de abogada, sino desde la trinchera diaria de una madre que ha aprendido a ver en los silencios una forma de amor, en los gestos repetitivos una necesidad de seguridad, y en cada logro —por pequeño que parezca— una victoria que merece ser celebrada.
El autismo no es una enfermedad. Es una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida. No necesita cura, necesita comprensión. No necesita lástima, necesita inclusión.
Lamentablemente, en nuestra sociedad dominicana aún arrastramos prejuicios, mitos y falta de información. Todavía hay escuelas que cierran sus puertas, médicos que minimizan los síntomas, entornos familiares que no saben cómo manejar lo desconocido. Y ahí es donde todos debemos involucrarnos. Porque un niño con autismo no solo necesita terapias, necesita oportunidades. No solo necesita atención especializada, necesita una comunidad que lo mire con dignidad.
Desde España, donde resido y ejerzo, he visto los avances en políticas públicas, en accesos educativos, en visibilización. Pero también sé que en cualquier parte del mundo, lo más importante no es lo que hace el Estado, sino lo que hacemos cada uno de nosotros: en casa, en la calle, en el parque, en las conversaciones cotidianas.
Y en ese contexto migratorio, es importante hablar de un tema que muchas familias desconocen: el valor del diagnóstico cuando se emigra. Contar con un informe clínico claro, actualizado y respaldado por un especialista puede marcar una gran diferencia para el acceso a recursos de apoyo, centros educativos especializados, ayudas sociales o incluso autorizaciones de residencia por razones humanitarias o médicas. El diagnóstico no encasilla, abre puertas. Permite que ese niño o niña pueda ser atendido desde su llegada, con respeto a su ritmo y con recursos adaptados a sus necesidades. Es un paso esencial para garantizar su integración y su desarrollo en el nuevo entorno.
Además, España cuenta con un marco legal y social que favorece a quienes emprenden con un hijo con TEA diagnosticado. Desde la posibilidad de obtener autorizaciones de residencia por razones excepcionales, hasta el acceso a becas, atención temprana gratuita, plazas escolares específicas y bonificaciones como familia con necesidades especiales. Emprender en este país no solo es posible, es compatible con criar desde el amor y la comprensión. Las puertas están ahí, pero muchas veces no sabemos que existen. Por eso, informarse y acompañarse de asesoría legal adecuada puede cambiar por completo la experiencia migratoria.
Si conoces una madre o un padre con un hijo en el espectro, no le preguntes “¿y habla?”, mejor pregunta: “¿cómo lo ayudas a comunicarse?”. No digas “parece normal”, porque lo es. Y, sobre todo, no asumas que no entiende: muchos entienden más de lo que pueden expresar.
Hoy escribo por mi hijo, pero también por miles de niños dominicanos que esperan ser entendidos sin tener que explicar. Y por tantas madres que, en lugar de descansar, pasan sus noches leyendo, investigando, llorando y soñando con un mundo que abrace a sus hijos tal como son.
El autismo no es una carga, es una forma distinta de caminar por la vida. Y cuando aprendemos a mirar con el corazón, descubrimos que esos pasos —aunque silenciosos— nos enseñan a ser mejores humanos.
Desde el alma,
Neyvi Tolentino
Abogada migratoria y madre de un niño maravilloso dentro del espectro.
