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13 de enero 2026
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OpiniónRafael Guillén BeltréRafael Guillén Beltré

El reino de lo oculto (reino de Dios) va cobrando forma ante nuestros ojos

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“Respondió Ieoshua: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. Juan 18, 36.

¿Hacia donde nos conducen las diatribas entre los líderes de las naciones? El debate es inútil, las acciones desesperadas, las manos invisibles del que todo lo puede, aprieta con dureza el absceso del cuerpo adolorido de una humanidad que se revuelca en el terrible dolor y la angustia del sin sentido. Ya al fin comenzamos a ser consciente de nuestra ignorancia, nos aterra pensarnos sin el control pleno de nuestro destino, y solo nos aferramos a las banalidades de este mundo como una reacción instintiva para no encarar la revelación de la verdad que nos toca las puertas.

Mientras, se va delineando la conformación de otra realidad, el mundo transita sin descanso, sendas iniciáticas en donde la vanidad que lo ha configurado, se transmuta en propósitos, los placeres efímeros en alegrías continuas, las cadenas de angustias y dolores en suaves espirales de misericordia; la belleza se constituye en filosofía de vida, siendo sanados por las manos tiernas del Hacedor de todas las cosas, quien llevando sus ovejas al redil de su reinado, atravesando verdes prados, son recibidas en medio de fiestas e himnos de alabanzas.

No entendimos a nuestro maestro cuando proclamó: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”. Juan 13, 34. Mucho menos hemos discernido esto: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Mateo 6, 19-21.

Hemos estado ciegos durante eones, ya basta de estar reciclando en lo mismo, el final se acerca, a los que hicieron daños, arrepiéntanse de sus obras inicuas, enderezad sus caminos y nuestro Padre que es suma bondad, los sanará. El poder que ostentan los hombres es solo un conjuro, no es real, el único y verdadero poder emana de tu verdadero tesoro, tu corazón. Despreciemos el poder de este mundo, apartemos nuestras ambiciones personales y démosle paso a ese reino oculto, que espera por nosotros ¿no se han dado cuenta? ¡Ya está aquí en la tierra! ¡Albricias!

La luz refulgente venida desde el oriente no pretende vuestro mal, nos invita a participar del reino que ahora se nos revela, los hijos de Dios son los que han llegado, los siervos del Rey: “Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados”. Mateo 22, 10.

Serguei Lavrov no vino como acusador ante las autoridades de nuestra nación dominicana, ni Marcos Rubio, mucho menos Leah Francis Campos. ¡Vino a convidarlos! Más los que fueron invitados a la creación de un mundo nuevo y se resisten, a pesar de sus maldades y se aferran al sigilo del falso poder que creen ostentar, entonces: “Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad”. Mateo 22, 7.

El establecimiento satánico ha jugado siempre a que olvidemos las maldades perpetradas por ellos, pero no para repararlas tras un arrepentimiento sincero, sino para continuar ejerciendo su mando perverso. Ahora se les invita, a buenos y a malos, no para ser perdonados sin arrepentimiento, sino a caminar sendas de rectificación y así puedan ganar su redención.

Dominicana se incorpora en su esencia luminosa, que es Poder de Dios, y ha dicho: ¡Basta! Y ha salido por los caminos, a rogar al PADRE CREADOR, el REY de reyes, que proteja a sus niños de los chacales y demonios del príncipe de las tinieblas, igual que a su tierra santa y paradisíaca de las bestias salvajes y depredadoras de esas infernales empresas mineras, que destruyen nuestra media isla sin ruborizarse, ya no más, el rey ha mandado sus ejércitos para destruirlos y quemar su ciudad (BIS y su red perversa, infernal y criminal).

Para entonces responder a la pregunta hecha por los discípulos al maestro antes de su ascensión a la nube: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Hechos 1, 6. “El que tiene oídos para oír, oiga”. Mateo 13, 9.


Por Rafael Guillén Beltré

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