RESUMEN
Los beligerantes de las primarias abiertas o cerradas empataron. Se fueron a jugar al pulso y nadie tuvo fuerzas para vencer al rival. Las alianzas tácticas jugaron su papel, pero sin resultados satisfactorio. Sin los votos de los diputados de Luis Abinader, Leonel Fernández estaría vencido, y sin el apoyo de Hipólito Mejía, el presidente Danilo Medina habría perdido las esperanzas de consulta externa.
Hipólito fue el peso pesado en la balanza. Obligó a que se enviara el proyecto a estudio de una comisión. Ahí no se va a estudiar nada. Los diputados no tienen libre albedrío en una pieza de esta naturaleza. Es ganar tiempo para ver si se consiguen los votos que de aprobación al voto externo o el interno. Volverá a la agenda del día, cuando una de las partes considera que tiene todo bajo control y que puede imponer sus ideas.
La única salida posible para solucionar este entuerto, es que sin meterlo en una ley, se deje a los partidos que se rijan por los reglamentos electorales, y que cada uno de forma individual determine la mejor forma de escoger a todos sus candidatos.
Las primarias abiertas y en el mismo tiempo pondría en jaque mate a una Junta Central Electoral que todavía no comienza a tomar las acciones para lograr desarrollar unas elecciones democráticas. No es trascendente para el país las primarias abiertas y cerradas, y más bien es la forma de exhibir y medir músculos entre Leonel y Danilo.
Una cosa va quedando clara, para la venidera elección presidencial no habrá un partido único con la fuerza para ganarla, y las uniones coyunturales serán necesarias. Se darán alianzas de partidos que en el papel son rivales, pero que llevan el mismo camino y trayectoria.
Si surge un tercer partido mayoritario, se romperá el bi-partidismo actual, y se obligaría a una segunda ronda. De ahí la importancia de la subsistencia política, dejando a cubierto la retaguardia. Una segunda ronda electoral le da a la tercera posición aportar la fuerza del gane.
En el panorama político dominicano si hay unidad en el Partido de la Liberación Dominicana, todo se consumará en la primera vuelta. El fraccionamiento del PLD, con dos candidatos, uno interno y el otro externo, lleva en automático a la segunda ronda. Ya habrá tiempo de poder analizar este fenómeno cuando se dé el fraccionamiento, en caso de que no haya acuerdos de aposento.
Es casi imposible que con las divisiones que están a la vista, los partidos políticos puedan transitar por la tormenta sin naufragar. Sería con timoneles viejos, porque la sangre nueva no surge todavía. La política dominicana necesita esa sabia de nueva casta, no una generación que se llama de relevos, y abreva en la misma cartilla desteñida y fuera de época de décadas pasadas.
Se empató la primera ronda, pero la pelea sigue. Por la vía que sea, los cuatro principales dirigentes nacionales están en una lucha por la sobrevivencia, y saldrá triunfador el que tenga mejores pulmones para exhalar con fuerzas la salvadora bocanada de aire libre y limpio. ¡Ay!, se me acabó la tinta.
Por Manuel Hernández Villeta
