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23 de marzo 2026
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OpiniónSalvador HolguinSalvador Holguin

El presidente Abinader le habló claro al país: con responsabilidad, transparencia y sin engaños; el sacrificio es inevitable

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RESUMEN

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En momentos en que el mundo atraviesa una de las tensiones geopolíticas más delicadas de los últimos años, el presidente de la República, Luis Abinader, se dirigió a la nación con un mensaje que se caracterizó por la firmeza, responsabilidad y, sobre todo, por la honestidad que debe distinguir a un gobernante serio frente a su pueblo.

El mandatario advirtió que el conflicto internacional que involucra a Israel, Estados Unidos e Irán tendrá repercusiones económicas que inevitablemente impactarán a la República Dominicana, generando presiones en sectores sensibles como el combustible, los alimentos, el transporte, el comercio y el costo de la vida en general. Lejos de recurrir a discursos populistas o promesas irreales, Abinader fue claro al señalar que será necesario asumir sacrificios.

Y esa es, precisamente, la diferencia entre un liderazgo responsable y la demagogia barata. El ejecutivo Luis Abinader no habló de sacrificios desproporcionados ni de medidas indiscriminadas, sino de decisiones inevitables en un contexto global que ningún país puede controlar por sí solo. Esa franqueza merece ser reconocida, porque gobernar no es decir lo que la gente quiere escuchar, sino decir la verdad, aunque resulte incómoda.

La economía dominicana, a pesar de que ha mostrado fortaleza en los últimos años, no está aislada del mundo. Cada vez que sube el petróleo, cuando se alteran las cadenas de suministro o los mercados internacionales entran en incertidumbre, ningún país pequeño o mediano puede salir ileso. Pretender lo contrario sería engañar a la población. Por eso resulta saludable que el gobernante Abinader Corona prepare al pueblo dominicano para enfrentar tiempos difíciles con realismo y no con fantasías.

Ahora bien, si los dominicanos van a hacer sacrificios, también el Estado debe dar el ejemplo. La ciudadanía tiene derecho a exigir que cada medida que se adopte sea justa, equilibrada y transparente. No puede haber privilegios para unos y cargas para otros. No puede pedirse austeridad al pueblo mientras el gasto innecesario se mantiene intacto en algunas áreas del aparato público. La credibilidad se sostiene cuando el sacrificio es compartido.

El mensaje presidencial marca una línea correcta: hablar con la verdad, asumir la realidad internacional y preparar al país para resistir con responsabilidad. Pero también abre un compromiso: que cada decisión económica se tome pensando en la gente, en la estabilidad social y en la protección de los más vulnerables.

La historia ha demostrado que los pueblos soportan momentos difíciles cuando sienten que sus autoridades actúan con sinceridad, justicia y sentido de nación. Hoy la República Dominicana entra en una etapa de prudencia, disciplina y madurez colectiva. No es tiempo de alarmismo, pero tampoco de ingenuidad.

Si vienen sacrificios, que sean necesarios y los apoyamos. Si hay que resistir, que sea con equidad. Y si el país debe apretarse el cinturón, que lo hagamos todos, empezando por el Estado junto a sus funcionarios. Porque cuando se administra con transparencia, la población entiende; pero cuando se gobierna con privilegios, el pueblo se rebela.


Por: Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan.

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