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7 de enero 2026
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El precio del desorden urbano

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SANA AL MUNDO

El municipio de Santo Domingo Oeste vive sobre una línea delgada entre la supervivencia y el desastre. Lo que antes fueron zonas verdes, áreas de recreación y espacios públicos hoy están ocupados por construcciones improvisadas, negocios informales y viviendas levantadas sin criterio ni permisos. Esa apropiación irresponsable del territorio no solo es una falta de respeto a la ley, sino una amenaza directa a la vida.

Cada aguacero pone a prueba una ciudad que ya no tiene por dónde respirar. Las cañadas convertidas en vertederos, los drenajes tapados, las calles sin salidas y los terrenos rellenados sin control hacen de Santo Domingo Oeste una bomba de tiempo urbana. No hablamos de posibles riesgos: hablamos de una realidad que cada año deja familias desplazadas, casas destruidas y sueños sepultados bajo el lodo.

El desastre no llegó de repente; fue construido poco a poco, ladrillo a ladrillo, con la complicidad del silencio y la indiferencia de las autoridades municipales. Las áreas que debieron servir para amortiguar las lluvias hoy son solares ocupados o negocios que florecen a la sombra del desorden. Las urbanizaciones planificadas se convirtieron en laberintos de cemento y alambres, donde los árboles son un lujo y los parques, un recuerdo.

La población vive con miedo cuando se anuncian lluvias. Octubre y noviembre, meses que antes marcaban la esperanza de fin de año, hoy se esperan con angustia. Cada tormenta pone en evidencia lo que la falta de planificación y el irrespeto al bien común han provocado: un municipio en estado de vulnerabilidad extrema.

Sin embargo, aún hay tiempo de actuar. No todo está perdido si asumimos la responsabilidad que nos corresponde como ciudadanos y autoridades. Urge, Recuperar las cañadas y declarar de utilidad pública las zonas invadidas que sirven de desahogo pluvial.
Reforestar los parques y áreas verdes, devolviéndoles su función ecológica.
Crear un plan de drenaje integral que respete la topografía natural del municipio.
Fortalecer las juntas de vecinos con verdadera autoridad moral y apoyo institucional.
Y sobre todo, educar a la población sobre el valor de los espacios públicos como patrimonio común.

Santo Domingo Oeste no necesita más promesas, sino acciones urgentes y sostenidas. La naturaleza está enviando advertencias, y cada lluvia es un recordatorio de que el tiempo se agota.

Porque mientras el desorden siga siendo la norma, seguiremos viviendo sobre una bomba de tiempo, esperando el próximo aguacero para lamentar lo que hace años debimos corregir.
Pero si actuamos con responsabilidad y amor por nuestra tierra, podremos sanar el municipio y devolverle el verde que alguna vez lo definió.


Por Amerfi Cáceres

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