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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

El populismo como peligro para la democracia

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RESUMEN

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El presidente Luis Abinader Corona, reelecto para el periodo 2024-2028, ha decidido desmarcar a la Asamblea Nacional de su segunda juramentación como presidente constitucional de la República. El hecho de hacerlo en otro lado y no en el simbólico parlamento, parece una tontería, pero, no lo es, aunque no viole ninguna ley establecida. Lo que sí hace ese hecho histórico, es romper con una costumbre constitucional con la que se ha construido una cultura legislativa de sumisión del Ejecutivo a la Asamblea Nacional.

Dicha asamblea se constituye sumando diputados y senadores en solemnidad, para que el escogido por la voluntad soberana, tome juramento.

La democracia esta cimentada sobre tres principios esenciales, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Estos principios son garantizados en la juramentación, como parte integral de la cultura democrática, otorgando la solemnidad que históricamente ha precedido a dicho acto.

La democracia es una forma de gobierno llena de debilidades y fragilidades, las que se minimizan con las costumbres arraigadas en utopías, entre ellas, la que se denomina soberanía popular.

Es esta utopía la que le otorga al gobernante la majestad del poder que antes era del monarca. En nuestro caso particular, Rafael Leónidas Trujillo Molina, como padre del Estado moderno desconcentró el poder y construyó los símbolos de ese poder, tanto en lo físico como en el carácter nacional.

Desde esa visión, cada provincia lucía su edificio del Ayuntamiento y del Palacio de Justicia. Pero, el sátrapa no construyó un edificio para alojar a los senadores y diputados, por demás colocado en las constituciones como el primer poder del Estado.

Era una forma de comunicar cuyo significado todos sabemos.

En cambio, para destacar su poder, edificó fortalezas, cuarteles, gobernaciones y un local del partido de gobierno, para que estas plantas físicas se destacaran en la urbanidad de cada provincia.

En todas partes del mundo democrático, los presidentes se juramentan en las edificaciones del Congreso. Se trata de un reconocimiento simbólico a la doble utopía de ser calificado, como el primer poder del Estado y como un poder independiente.

Por esas razones simbólicas, altamente abstractas, que afectan las certezas de lo que creemos que somos, sacar de la Asamblea Nacional el solemne acto de juramentación del presidente de la república, es una innecesaria agresión a esos pilares imaginarios.

Adema de ser una acción peligrosa, porque trasciende el populismo en la ruptura de la costumbre, pudiéndose considerar una acción centrada en el ego.

El peligro populista en nuestra América está asomando en todas partes.

La caricatura de los populistas se asocia a la presencia de multitudes en la escena política aplaudiendo algún proyecto, en donde la retórica se convierte en protagonista.

Los populistas gustan de los llamados “baños de pueblos”.

El concepto populismo tiene que ver con la noción de pueblo. De ahí, que presuponemos que el populismo visto desde una versión positiva, es la superación de los intereses parciales del egoísmo, para elevar a los ciudadanos a un nivel de encuentro entre sectores diversos, entre grupos y diversos niveles de clases, con el fin de reconocerse mutuamente, participes de una misma unidad de acción con propósitos comunes.

Visto de esa forma, como el poder político se logra a través de la conquista de la “mayoría”, entonces, la práctica política es y debe ser considerada populista.

Pero, los peligros del populismo se cultivan en el ego.

Posiciones populistas como las de Alberto Fujimori y Hugo Chávez, emergieron desde esos litorales y pueden aparecer en cualquier protagonista de una nación, sobre todo cuando las masas hacen su entrada en la acción política, sobre la ruptura de las solemnidades, y las costumbres que han construido las culturas nacionales de nuestra América.

Tengamos en cuenta que el populismo se fundamenta en sus formas de articulación, las que pueden ser muy diversas, hasta la acción fascista nace desde el populismo, solo hay que observar la historia de Europa.

Desde esa óptica, se puede afirmar, que el peligro del populismo se encuentra no en él como tal, sino en algunas formas de representación en las que se manifiesta. Entre esas diversas formas aparecen el egocentrismo y el narcisismo. Estas dos caras del populismo se alimentan de las fantasías de adulación y la vanidad.

El populismo es un peligro para la democracia, porque las personalizaciones extremas del poder político constituyen un signo particular de la política, y no solo de la práctica populista de nuestra América. Es que el populismo se constituye en un peligro enorme para la consolidación de la democracia en nuestras naciones, debido a que todos los populismos son autoritarios, aunque no todas las representaciones autoritarias sean populistas.

Por: Francisco Cruz Pascual

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