A medida que la República Dominicana se aproxima al ciclo electoral de 2028, el contraste entre los gobiernos del pasado y la gestión actual se vuelve cada vez más evidente. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con una trayectoria de modernización y políticas públicas inclusivas, busca reorganizarse para reconectar con el electorado. En paralelo, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta crecientes cuestionamientos por su falta de resultados concretos.
El legado del PLD: obras, estabilidad y progreso social
Durante más de dos décadas, los gobiernos del PLD transformaron el país con una visión de desarrollo integral. Entre sus principales logros destacan:
– Infraestructura moderna: El Metro de Santo Domingo, el Teleférico, hospitales, escuelas y carreteras que conectaron regiones históricamente aisladas.
– Educación como prioridad: La implementación de la tanda extendida, el 4% del PIB para educación, y el programa “Quisqueya Aprende Contigo” para erradicar el analfabetismo.
– Estabilidad económica: Crecimiento sostenido del PIB, renegociación de contratos mineros en favor del país, y fortalecimiento del Banco Central.
– Programas sociales efectivos: “Solidaridad” y “Quisqueya sin Miseria” ayudaron a reducir la pobreza y fortalecer la clase media.
– Modernización del Estado: República Digital, el Sistema 9-1-1 y avances tecnológicos en la administración pública.
Este legado convirtió al PLD en un referente regional de gobernabilidad y progreso.
El PRM: entre el discurso del cambio y la realidad del estancamiento
En contraste, la actual gestión del PRM ha sido objeto de críticas por su falta de resultados tangibles:
– Endeudamiento sin obras: Más de 50 mil millones de dólares en deuda pública sin proyectos emblemáticos que justifiquen el gasto.
– Servicios públicos en crisis: Escasez de medicamentos, colapso hospitalario, inseguridad creciente y deterioro de SENASA.
– Corrupción sin consecuencias: Múltiples denuncias sin avances judiciales significativos.
– Promesas incumplidas: Viviendas, ciudades sanitarias, extensiones universitarias y reformas estructurales han quedado en el olvido.
– Desconexión con la realidad: El presidente ha minimizado las críticas, sin ofrecer respuestas concretas ante los desafíos sociales y económicos.
La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, ha comenzado a manifestar su descontento ante una gestión que no ha logrado traducir sus promesas en hechos.
¿Regreso del progreso?
El PLD se encuentra ante una oportunidad histórica. Si logra presentar una candidatura legítima, unificada y respaldada por su legado, podría convertirse nuevamente en la opción preferida por los dominicanos. El oficialismo, por su parte, deberá rendir cuentas ante una sociedad que ya no se conforma con discursos, sino que exige resultados.
La República Dominicana no necesita más promesas: necesita volver a los hechos.
Por Iscander Santana
Zürich, Suiza
