Los videos donde se muestran multitudes de personas, aglomeradas siguiendo a un fanático religioso en Puerto Plata, una ciudad turística. Olvidando, que estamos en medio de una pandemia, que exige distanciamiento y ha paralizado al mundo. Es una vergüenza para todos los dominicanos sin importar el lugar de residencia.
Los que residimos en el exterior, no encontramos repuestas cuando nos preguntan: ¿Por qué el gobierno dominicano permite estas manifestaciones, que ponen en peligro la vida humana? Este hecho nos presenta ante los ojos del mundo como una sociedad semisalvaje, donde no existen leyes, o nadie la respecta.
Todos los países han impuestos rigurosos controles, por ejemplo, aquí en Panamá se ha establecido distanciamiento entre las personas, que asisten a los lugares comerciales. Además, los hombres solo podemos salir a las calles, martes y jueves, por dos horas cada día, las mujeres lunes y miércoles por igual tiempo. Sumado a la prohibición de ventas de bebidas alcohólicas.
Lo ocurrido en Puerto Plata, nos recuerdan las palabras del ex presidente de la JCE Roberto Rosario, miembro del Comité Central del PLD, cuando en una ocasión comparó a nuestro país con una selva. ¿Qué hace la diferencia entre la vida en la selva y una sociedad civilizada? Simplemente el imperio de la ley, que es la columna vertebral que mantiene al cuerpo social funcionando en equilibrio y armonía.
Mientras que, en la selva, predomina la ley del más fuerte, en nuestro país, el poder de los líderes del PLD y sus allegados. Por esta razón, personaje como el “peregrino” Mildomio Adames, amparado en sus relaciones políticas viola las leyes y en vez de ser sancionado, es protegido por los responsables de hacerla cumplir.
Antes de llegar a Puerto Plata, el mensajero de la muerte había recorrido 192 kilómetros, violando todas las disposiciones establecidas para contener el avance de la pandemia. Usando la cruz para atraer a los incautos, la multitud lo siguió como una manada de animales, que es conducida hacia el matadero.
Fue un plan macabro y bien calculado, consistente en enviar primeramente ángel de la muerte y después el salvador (el Penco) enviaría a su equipo para fumigar el área contaminada por el virus. Una estrategia maquiavélica, para presentarlo como el mejor candidato presidencial para ocupar la primera magistratura. Un héroe con super poderes, capaz de vencer la crisis, que dejara el coronavirus.
En una campaña electoral, la estrategia es la clave para obtener la victoria. A pesar de que los dos gobernantes del PLD, han roto todos los récords en corrupción administrativa y endeudamiento. El Partido ha logrado mantenerse en el poder por casi veinte años, gracias a su estrategia de cada contienda.
Mientras los candidatos de oposición hacen malabares para competir. El candidato oficialista amparado en una riqueza cuestionada, utiliza los recursos del Estado destinados para enfrentar la pandemia y obtener ventajas sobre los demás.
Un hecho insólito, que solo ocurre en un país como el nuestro, donde el presidente es Ley, Batuta y Constitución, un poder que le permite designar a su candidato, para que cumpla las funciones del ministro de salud. Lo peor de todo, es que la oposición, ni siquiera reacciona exigiendo igualdad en una competencia, en que se juega el futuro del país.
Lic. Elías Samuel Rosario Mata
