ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
20 de enero 2026
logo
OpiniónWilberto Duarte SantanaWilberto Duarte Santana

El peligro de negar la realidad

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

En el liderazgo hay una verdad incómoda: tomar decisiones difíciles es inevitable. Y esas decisiones no solo nos afectan a nosotros, sino también a quienes nos rodean, incluso a comunidades enteras. Para acertar, el primer paso es ver con claridad lo que realmente tenemos delante. Pero eso no siempre es sencillo. Todos llevamos sesgos, expectativas y deseos que distorsionan nuestra percepción. A veces, sin darnos cuenta, la mente fabrica una versión más cómoda, aunque menos verdadera de lo que está ocurriendo.

La primera vez que leí que “la primera responsabilidad que tiene un líder es definir la realidad” fue del escritor y empresario estadounidense Max DePree, en su libro El liderazgo es un arte. Esa frase me atrapó al instante porque marca la diferencia entre un líder maduro y uno que solo inspira desde la superficie.

Años más tarde encontré la misma idea reforzada desde otra perspectiva. En Leadership Gold, John C. Maxwell explica que un líder debe ayudar a su equipo a entender con claridad dónde está parado. No es un acto de dureza, sino de responsabilidad: sin claridad, cualquier visión se queda en un sueño sin fundamento.

Crecí escuchando mensajes inspiradores, entre ellos la conocida frase de Wayne Dyer: “Cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas que ves cambian.” Es una idea potente, pero si se usa sin criterio puede llevarnos a confundir perspectiva con ilusión. No todo cambia con optimismo; hay momentos en los que lo único sensato es mirar la situación de frente, sin maquillaje.

Porque una visión inspira… pero una fantasía engaña.

Muchos líderes emergentes caen en la trampa de enamorarse tanto de su visión que dejan de ver los hechos. Tener un sueño claro es valioso, pero no sirve si ignoramos el terreno que realmente estamos pisando. Como afirma Bill Easum: «Los líderes realistas son lo suficientemente objetivos como para reducir sus ilusiones al mínimo. Comprenden que el engañarse a sí mismos puede costarles su visión».

Y es así. Lo que somos, lo que tenemos y lo que enfrentamos es el punto de partida de todo cambio. Pretender avanzar sin aceptar esa base es construir sobre arena.

Por eso tantos expertos en liderazgo insisten en revisar tres verdades fundamentales:

· La situación: casi siempre más compleja de lo que parecía.

· El camino: más largo de lo esperado.

· El sacrificio: más demandante de lo que imaginábamos.

Aceptar estas realidades no es ser negativo; es crecer.

Cuando un líder se niega a ver la realidad, pierde credibilidad. La gente respeta a quien reconoce la verdad, aunque duela, y aun así continúa avanzando. La realidad no cambia porque la evitemos; cambia cuando la entendemos y la asumimos con valentía.

En los momentos difíciles, la mayor amenaza no siempre viene del entorno ni de fuerzas externas. Muchas veces nace dentro de nosotros, en esa tendencia a refugiarnos en una interpretación cómoda de lo que está pasando. Es un mecanismo humano, sí, pero también un obstáculo serio para liderar con autenticidad.

Liderar bien exige un doble coraje: ver con claridad lo que otros prefieren no mirar y manejar esa realidad con humildad y firmeza. Solo así se construyen decisiones acertadas, cambios genuinos y la confianza de quienes dependen de nosotros.

Bibliografía

DePree, M. (1989). El liderazgo es un arte. Grupo Nelson.

Maxwell, J. C. (2008). Leadership Gold: Lecciones de oro para líderes. Grupo Nelson.

Dyer, W. (1976). Tus zonas erróneas. HarperCollins.

Easum, B. (1999). Sacrificing the Church. Abingdon Press.


Por Wilberto Duarte Santana

Comenta