RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – José Lezama Lima, cubano de nacionalidad y universal de oficio: escritor. Convulsionador de las palabras y los géneros: poeta. Autor de una de las más impresionantes obras de la literatura latinoamericana de los últimos tiempos, Paradiso, obra con la que culmina toda su labor creativa, verdadero climax (orgasmo) de la palabra.
Entre las obras literarias que frustran al lector, que lo aplastan, debería situarse en posición delantera a PARADISO. Y es que al parecer, para contradecir el «todo está dicho» de La Bruyere, Lezama Lima intentó decirlo todo de nuevo. Más, no es solamente este intento de recrear el mundo lo que hace de Paradiso una obra de difícil lectura, como veremos.
Ya desde antes de los planteamientos del Nouveau Roman, la cuestión de las diferencias entre los géneros había tomado gran elasticidad, al punto de constituirse en motivo de constantes debates para los teóricos del arte y la literatura. Como consecuencia de esto, los términos cuento largo, novela corta, prosa poética y demás hibrido evidente comenzaron a sonar en los más diferentes ambientes literarios. Por ejemplo, las opiniones como las de Octavio Paz, para quien no hay diferencias esenciales entre prosa y poesía.
Pues bien, leer a Paradiso es enfrentarse a uno de esos raros ejemplos donde se fusionan todos los géneros, para los que habría que inventar un nombre. El tradicional consumidor de novelas tradicionales, e inclusive el avezado explorador de las rarezas literarias se enfrenta a una prosa peculiar, a un ritmo narrativo que corresponde al vaivén de un sentido continuo, donde lo místico y lo onírico se dan la mano con lo real frente a lo mágico.
El deslumbrador despliegue de la cultura universal que Lezama Lima presenta en su obra, los elementos extraliterarios, párrafos completos en que los que la obra parece convertirse en un manual de historia. o en un folleto explicativo de un museo de antigüedades son quizá las particularidades que hacen de Paradiso un verdadero rompecabezas (¿elitista?); el lector debe armar el argumento de la obra que va imbricándose a lo largo de catorce capítulos a través de un desfile de metáforas acaloradas.
Esto hace que la obra se resista a cualquier tentativa de resumen, pero exagerando una capacidad de sintetizar de la cual carezco, podría decir que es la historia de una familia cubana de finales de siglo pasado y comienzos del presente, con la figura central de José Cemi, en quien pueden encontrarse no pocos elementos biográficos del propio Lezama Lima, (aparte de la similitud del nombre José Cemi-José Lezama Lima).
Pero a pesar de las muchas luces que nos deslumbran en la novela, hay un placer mayor que es la tónica al internarnos en ese Inferno verbal que es Paradiso, el placer de descubrir estructuras y ritmos del más puro barroquismo en directa confluencia con las costumbres y pasiones que caracterizan la vida en Latinoamérica, más específicamente en las Antillas, en el trópico.
¿Por qué siendo Paradiso una de las muestras más representativas de la literatura latinoamericana actual, el nombre de la novela y el de su autor son ignorados por antologías y analectas? Quizá tendríamos que mencionar el fenómeno ocurrido a raíz del triunfo de la revolución cubana, (Paradiso fue publicada en 1066), cuando por culpa de la conciencia imperante en nuestras tierras se intentó sacarle el cuerpo a todo lo cubano, identificado quizá por ignorancia o por hipocresía con lo rojo, lo socialista.
Este fue el precio que tuvieron que pagar todos los intelectuales cubanos que hasta la revolución no habían alcanzado, como Guillén y Carpentier, un renombre internacional. Otra de las causas posibles puede ser la misma dificultad de lectura de Paradiso, aunque resulte paradójico, pues aún ahora que el interés por lo prohibido ha volteado la carta, ahora que quizá la costumbre o la resignación ha atenuado el arte al llegar y la intelectualidad cubana , aunque ahora que quizá la costumbre o la resignación ha atenuado el bloqueo al arte y la intelectualidad cubanas, aun ahora Paradiso continua siendo vista con recelo, o sencillamente ignorada por la mayor parte de los autores de antologías.
No es cuestión de hacer justicia ni de valorizar, aunque sea tardíamente la gran calidad de Paradiso. Se trata de leerla como quien explora tierras desconocidas, dispuesto a la aventura, para descubrir al escritor creando con la palabra mundos y personajes, experiencia inigualable e inolvidable.
Por Manuel R. García C.
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